Nuevo Miembro de la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros, Cardenal Pedro Barreto

Nuevo Miembro de la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros, Cardenal Pedro Barreto

25 de abril – En el marco del aniversario de la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros (UEAM) y en la alegría de la fiesta del Buen Pastor, la sede nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) recibió la visita del Cardenal Mons. Pedro Barreto.
Su presencia marcó profundamente a la comunidad, no solo por su investidura, sino por su cercanía, sencillez y testimonio.

Desde el inicio de la celebración, el cardenal sorprendió con una frase que definió todo el encuentro:
“Yo soy miembro activo de la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros”.

Con estas palabras, no solo expresó pertenencia, sino que se colocó al nivel de todos, reconociendo el valor misionero de quienes ofrecen su vida, especialmente en medio de la enfermedad y la fragilidad.

Una homilía cercana, alegre y profunda

Con un lenguaje sencillo y lleno de humor, inició saludando:
La capilla es pequeña, pero el corazón de Dios es muy grande, muy, muy grande”.

Desde ese momento, creó un ambiente de familia. Incluso, entre sonrisas, señaló a un “culpable” de su presencia, recordando con gratitud a quienes, desde la pastoral juvenil, siembran caminos que dan fruto con el tiempo.

Pero su mensaje fue más allá de lo anecdótico. Tocó el corazón de todos al compartir el testimonio de un amigo enfermo que, a pesar de su condición, vive con alegría constante. Allí dejó una de las claves del encuentro:
la misión no se detiene con la enfermedad; al contrario, puede fortalecerse desde ella.

Del miedo a la misión

Al reflexionar sobre el apóstol Pedro, el cardenal presentó una idea clara:
la mayor “enfermedad” no siempre es física, sino el miedo.

Explicó cómo Pedro pasó:

  • del miedo a la valentía,
  • de la confusión a la claridad,
  • de encerrarse a salir al encuentro.

Este cambio, dijo, no fue por esfuerzo propio, sino por la acción del Espíritu Santo. Y desde allí lanzó una pregunta directa que interpeló a todos:
“¿Qué debemos hacer?”

Su respuesta fue concreta y práctica:

  • Convertirse cada día, como camino constante.
  • Vivir el bautismo, no como recuerdo, sino como misión.

Lo expresó con una frase sencilla:
“El bautismo no es un recuerdo, es una misión”.

La alegría en medio de la cruz

Uno de los momentos más fuertes fue cuando habló del sufrimiento. Invitó a no caer en la desesperanza, sino a vivir la cruz con sentido:

Un santo triste es un triste santo”.

Con esta expresión, recordó que la alegría es signo de fe auténtica. No una alegría superficial, sino una que nace de saberse acompañado por Dios.

Al meditar el salmo, reafirmó:
“El Señor es mi pastor, nada me falta”, incluso cuando faltan cosas materiales o la salud.

Escuchar la voz del Buen Pastor

En el Evangelio, centró su mensaje en la imagen de Jesús como Pastor. Explicó que las ovejas reconocen su voz, y planteó una pregunta clave:

¿Estamos escuchando la voz de Jesús en nuestra vida diaria?

Recordó que Dios habla:

  • en su Palabra,
  • en las circunstancias,
  • en las personas,
  • y especialmente en el sufrimiento ofrecido con amor.

Un gesto que envía a la misión

La celebración culminó con la bendición de las cruces misioneras, signo de envío para animadores, enfermos y ancianos. Este gesto recordó que cada uno es misionero desde su propia realidad, ofreciendo su oración, sacrificio y vida por las misiones. En este nuevo compromiso, el cardenal Pedro Barreto asume también vivir esta espiritualidad: ofrecer su oración, su sacrificio y su propia vida por la misión universal, y animar a todos —también en Roma— a renovar el ardor misionero. Más allá de su investidura, fue reconocido como un hermano entre hermanos, dejando un mensaje claro y esperanzador: la misión no tiene límites cuando el corazón está unido a Dios.

Un hermano entre hermanos

Más allá de su rol como cardenal, la comunidad destacó su cercanía. Así lo expresaron en palabras finales:

“Usted es cardenal, pero hoy se ha mostrado como hermano”.

Su visita no quedó solo como un momento emotivo, sino como un impulso concreto a vivir la fe con compromiso, alegría y sentido misionero. (Director Nacional de las OMp)

En este aniversario de la UEAM, su mensaje quedó grabado con claridad:
la misión no tiene límites cuando el corazón está unido a Dios.

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