
El 26 de febrero de 2001, por nombramiento de la Santa Sede, el padre Gianfranco Iacopi asumió el servicio como Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias del Perú, iniciando una etapa de profundo impulso pastoral y misionero que se extendió durante una década, hasta febrero de 2011. Su gestión se caracterizó por una intensa cercanía con las Iglesias locales y un fuerte compromiso con la animación misionera en todo el país.
Durante estos años recorrió el Perú de manera constante, acompañando a los equipos diocesanos y zonales, alentando su trabajo y fortaleciendo la identidad misionera en cada comunidad. Su presencia directa permitió consolidar procesos, formar agentes y mantener viva la conciencia misionera en parroquias, colegios y espacios pastorales.
Uno de los aportes más significativos de su servicio fue la creación del Boletín Informativo Misionero (BIM), que dio a la institución un medio propio de comunicación, formación y animación. En el año 2006 este esfuerzo se amplió con el nacimiento del BIM dirigido a niños y adolescentes, titulado “Los pequeños Misioneros”, pensado para formar el corazón misionero desde la infancia. Asimismo, bajo su conducción se editó un nuevo Manual de la Infancia Misionera inspirado en el espíritu del Documento de Aparecida, ofreciendo una guía pastoral renovada para el trabajo con los más pequeños.
Entre los grandes desafíos asumidos destaca la organización del Primer Congreso Nacional de Infancia Misionera en el año 2002, que reunió a más de 2,500 niños de diversas partes del país y contó con la presencia del Nuncio Apostólico, Mons. Rino Passigato. Ese mismo año promovió también el II Congreso para religiosos en el Colegio De Jesús, congregando a más de 750 seminaristas y religiosas de distintas casas de formación, fortaleciendo así la dimensión misionera en la vida consagrada.
A lo largo de su servicio, nunca descuidó la animación y el crecimiento de cada una de las Obras que integran las OMP. Durante esos diez años se realizaron tres Congresos Nacionales de Infancia Misionera, dos Congresos Juveniles Misioneros, dos Congresos Nacionales Misioneros y dos Congresos Misioneros Diocesanos en Abancay. Además, participó activamente en la organización de dos Congresos Misioneros Latinoamericanos, aportando desde el Perú a la misión continental.

Otro aspecto importante fue el fortalecimiento de las Asambleas de Directores Diocesanos y Zonales, convocando a ponentes nacionales e internacionales y generando espacios de formación, comunión y planificación pastoral.
En el campo de la cooperación misionera, su liderazgo permitió que las campañas del DOMUND y de la Infancia Misionera alcanzaran cerca de 4,500 colegios en Lima Metropolitana y el Callao. En cada recorrido se valoró la participación generosa incluso de las instituciones más sencillas, promoviendo una cultura de solidaridad misionera. Gracias a esta metodología de trabajo, el Perú llegó a ocupar el tercer lugar de colaboración en América Latina, convirtiéndose en referencia para otros países. De hecho, varios Directores Nacionales visitaron el Perú para conocer de cerca esta experiencia.
Hoy se reconoce con gratitud la entrega y el testimonio de este misionero que, con sencillez y constancia, ayudó a fortalecer la animación, la formación y la cooperación misionera en el país. Su servicio dejó huellas profundas en la vida de las Obras Misionales Pontificias del Perú y sigue dando fruto en la Iglesia. Actualmente continúa su misión desde su Orden religiosa, manteniendo vivo el espíritu que lo animó durante aquellos años de entrega generosa al servicio de la evangelización.
