Cuando la Navidad llega caminando: misión y ternura en Collique

Cuando la Navidad llega caminando: misión y ternura en Collique

La Navidad no siempre llega envuelta en luces ni en grandes celebraciones. A veces llega caminando, con los pies cansados pero el corazón encendido, llevando en las manos pequeños regalos y, en el alma, un deseo profundo: que Jesús vuelva a nacer en medio de su pueblo. Así llegó la Navidad del Voluntariado Misionero de las Obras Misionales Pontificias a la octava etapa de Collique, donde los niños y sus familias abrieron las puertas de sus hogares y de sus corazones.

Desde mucho antes de ese día, la misión ya se estaba gestando. Con dedicación y cariño, el Voluntariado Misionero, junto a jóvenes y enfermeras de las Obras Misionales, representantes de la Unión de Enfermeros y Ancianos Misioneros de la Santa Infancia y Adolescencia Misionera, y hermanos que se sumaron generosamente, prepararon cada detalle. No se trataba solo de organizar una actividad, sino de salir al encuentro, como lo hicieron los pastores aquella noche santa.

La tarde navideña estuvo llena de vida. Los juegos despertaron risas, las dinámicas unieron a grandes y pequeños, y la animación fue tejiendo lazos de confianza y alegría. Una sencilla catequesis ayudó a recordar lo esencial: la Navidad es Jesús, el Dios que no eligió el oro ni los palacios, sino la sencillez de un pesebre, muy parecido a la realidad de tantas familias de Cochique. Allí, entre miradas agradecidas y manos extendidas, se comprendió que Jesús sigue naciendo donde hay humildad y esperanza.

El compartir se hizo concreto en la chocolatada, en los regalos, en las ropitas y en los biberones entregados con amor. Pero más allá de lo material, lo que verdaderamente se regaló fue tiempo, escucha y cercanía. Padres y madres, niños y voluntarios se reconocieron como hermanos, sentados a la misma mesa, celebrando la vida y la fe.

Esta experiencia fue un signo claro de lo que significa ser misioneros hoy. El Voluntariado Misionero, nacido en el corazón de las Obras Misionales Pontificias, camina guiado por la estrella de Belén, llevando justicia, ternura y Evangelio a las comunidades. En Cochique, la misión se hizo vida, se hizo abrazo, se hizo presencia. Allí se confirmó que no solo anunciamos la misión: la vivimos, porque la misión es Jesús y Jesús es quien nos envía.

Con gratitud profunda, reconocemos el esfuerzo y la entrega del Voluntariado Misionero, del Coordinador Nacional, del hermano Mario Acuña, de la hermana Wendy, de nuestro hermano Antonio y de nuestro hermano Gabriel, quienes hicieron posible este encuentro navideño, cuidando cada detalle con amor y espíritu de servicio.

Que esta Navidad nos siga recordando que Jesús continúa naciendo en los márgenes, en las periferias, en comunidades como Cochique. Y que, como familia de las Obras Misionales Pontificias, sigamos respondiendo con generosidad al llamado del Señor. Porque en las OMP, o envías… o ayudas a enviar. Y esta vez, la estrella nos llevó hasta allí.

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