JORNADA NACIONAL DE LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA MISIONERA

JORNADA NACIONAL DE LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA MISIONERA

Queridos amigos de la Infancia y Adolescencia Misionera, este año hemos elegido el lema: “Somos el inicio de la esperanza misionera”, para la Jornada Nacional del 17 mayo.

Este lema es una invitación para que los niños y adolescentes comprendan su papel en la evangelización y la misión. La misión no comienza en grandes proyectos ni en gestos espectaculares.

La misión empieza en lo pequeño, en lo cotidiano, en la vida de los niños y adolescentes que descubren que su fe puede transformar el mundo. Ellos son el inicio de la esperanza misionera, porque en sus manos, en sus palabras y en sus gestos sencillos, Dios siembra semillas de futuro.

Los niños y adolescentes tienen una capacidad única de abrirse a Dios con sencillez y confianza. Su mirada limpia y su corazón generoso nos recuerdan que la esperanza no es una idea abstracta, sino una fuerza viva que se maniesta en la alegría de compartir, en la solidaridad espontánea y en la oración confiada.

Cuando ellos se reconocen como discípulos misioneros, se convierten en testigos de que la fe es capaz de
renovar la vida y dar sentido a cada día. Ser misioneros no significa viajar lejos o realizar grandes obras, sino vivir cada momento con amor y entrega. Los niños y adolescentes pueden ser misioneros en su familia, en la escuela, en el barrio, allí donde una sonrisa, una palabra de aliento o un gesto de ayuda se convierten en signos de esperanza. La misión es, ante todo, un estilo de vida que refleja el amor de Jesús y lo comunica a los demás.

La Palabra de Dios nos recuerda que la esperanza es inseparable de la misión. Jesús dice: “Ustedes son la luz del mundo” (Mt 5,14). Esa luz no se guarda, se comparte. San Pablo anima: “Estén siempre alegres en la esperanza” (Rom 12,12). La alegría es el sello de la misión, y los niños y adolescentes la viven con naturalidad.

Decir que “somos el inicio de la esperanza misionera” es reconocer que la misión comienza en lo pequeño, en lo sencillo, en lo que parece insignificante pero que, en realidad, es lo más grande: la fe viva de los niños y adolescentes. Ellos son la semilla que germina, la luz que se enciende, la esperanza que se expande.

Acompañarlos en este camino es tarea de toda la comunidad cristiana, porque en ellos Dios está escribiendo
el futuro de la misión.

Esta Jornada nacional es una gran fiesta en la que el Papa León XIV nos invita y compromete a ayudar a otros niños y adolescentes en más de 120 países.

¡De los niños y adolescentes del mundo!… ¡Siempre amigos!

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