Miles de jóvenes participaron en la XIV Fiesta Juvenil de la Fe en el Santuario de la Virgen de Chapi
Arequipa vivió una jornada de oración, alegría y encuentro fraterno, reafirmando el compromiso de los jóvenes con una Iglesia viva, misionera y llena de esperanza.
Desde la noche del sábado 31 de octubre hasta el mediodía del domingo 1 de noviembre, miles de jóvenes se congregaron en el Santuario de la Virgen de Chapi para participar en la XIV Fiesta Juvenil de la Fe, una celebración que, año tras año, reúne a las nuevas generaciones en torno a Jesús y a la Madre de Dios.

La jornada se inició con el ingreso procesional de la venerada imagen de la Virgen de Chapi, que fue recibida entre aplausos, cantos y muestras de cariño por parte de los jóvenes peregrinos. Este momento marcó el inicio de una noche especial de encuentro con Dios, en un ambiente de profunda espiritualidad y fraternidad.
Posteriormente, los participantes vivieron momentos de oración ante Jesús Eucaristía, con la Exposición del Santísimo Sacramento y el rezo de las Vísperas. La celebración continuó con la predicación de Mons. Del Río, quien dirigió un mensaje de fe y reflexión a los jóvenes, animándolos a fortalecer su relación con Cristo y asumir con entusiasmo su compromiso en la Iglesia.
El encuentro culminó con la celebración de la Santa Misa, presidida por el arzobispo de Arequipa y concelebrada por los sacerdotes presentes, en la que los jóvenes elevaron sus oraciones y agradecieron a Dios por la experiencia vivida.

Al finalizar la Eucaristía y recibir la bendición de su pastor, los peregrinos emprendieron el retorno a sus hogares y comunidades, llevando consigo la alegría de haber compartido días de oración, celebración y comunión fraterna.
De esta manera, la XIV Fiesta Juvenil de la Fe en Chapi volvió a ser un signo de esperanza y renovación para la Iglesia arequipeña, mostrando que los jóvenes son protagonistas de una Iglesia viva, alegre y misionera, llamados a anunciar el Evangelio y contribuir a la construcción de una sociedad más justa, solidaria y fraterna.
Como auténticos peregrinos de esperanza, los jóvenes regresaron a sus comunidades con el desafío de mantener encendida la llama de la fe y llevar el amor de Cristo a todos los ambientes donde se desarrolla su vida.





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