SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO: MISIONERO DE CRISTO EN EL PERÚ

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO: MISIONERO DE CRISTO EN EL PERÚ

Por: Christian Pedro Ayala Mendoza

En el marco de la celebración del Año Jubilar Toribiano, convocado con ocasión del III Centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo, y a las puertas de la visita apostólica del P. León XIV al Perú, la Iglesia tiene una oportunidad privilegiada para volver la mirada hacia Jesucristo, el Buen Pastor.

Toribio Alfonso de Mogrovejo nació el 16 de noviembre de 1538 en Mayorga, España. En su hogar recibió una primera formación en las virtudes humanas y cristianas que marcarían posteriormente su vida. Hombre de sólida preparación y profunda fe, llegó al Perú en 1581 como arzobispo de Lima, en un momento en que la evangelización del continente exigía pastores cercanos, valientes y comprometidos.

Santo Toribio entendió su responsabilidad pastoral como un verdadero servicio. No concibió el episcopado como una función administrativa ni como una posición de prestigio, sino como una vocación que exigía cercanía permanente con las comunidades. Por eso, recorrió personalmente buena parte del extenso e inhóspito territorio de su arquidiócesis. Sus visitas pastorales no fueron simples inspecciones, sino encuentros para escuchar, acompañar y conocer la realidad concreta de los pueblos.

Esta dimensión misionera resulta especialmente significativa en el siglo XXI: evangelizar exige salir al encuentro. No basta con organizar estructuras o establecer normas; es necesario comprender las circunstancias en las que vive la gente. En Santo Toribio, la acción pastoral nació precisamente de ese contacto directo. Sus largos recorridos, realizados a pesar de las dificultades físicas, climáticas y de salud, manifiestan la perseverancia de un pastor que no permitió que los obstáculos interrumpieran su misión.

Asimismo, su preocupación estuvo profundamente vinculada con la justicia social. En una sociedad virreinal marcada por la explotación, la pobreza y la marginación, el arzobispo desarrolló una decidida defensa de la dignidad humana. Su evangelización buscó responder a las necesidades concretas de las comunidades indígenas, protegiéndolas de los abusos y favoreciendo su plena incorporación a la vida cristiana.

Junto a esta sensibilidad social y cultural, mostró una particular preocupación por la calidad de sus ministros. Comprendió que la renovación de la Iglesia dependía directamente de la preparación humana, espiritual e intelectual de los sacerdotes. Por ello, impulsó reformas e iniciativas orientadas a fortalecer los seminarios y la vida pastoral de la Iglesia peruana.

Celebrar a santo Toribio, por tanto, no significa simplemente recordar a un gran arzobispo del pasado; significa preguntarnos qué clase de Iglesia estamos llamados a construir hoy. Su testimonio nos recuerda que la autoridad cristiana encuentra su verdadera fuerza en el servicio, la cercanía y la capacidad de entrega. Por ello, este Año Jubilar Toribiano se presenta como una invitación providencial a recuperar el fuego misionero: salir al encuentro, escuchar, acompañar, formar, defender la dignidad de cada persona y anunciar el Evangelio en un diálogo vivo con las culturas de nuestro tiempo.

Por: Christian Pedro Ayala Mendoza

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