Ximena Valdivia: “Queremos recibir al papa León XIV con todo nuestro amor, nuestra fe y nuestra oración”
La directora de la Comisión Diocesana de Juventud de Chiclayo recuerda la cercanía de León XIV cuando era obispo de la diócesis y comparte la ilusión de los jóvenes que se preparan para recibirlo.
La emoción de volver a encontrarse con alguien que fue su pastor, que escuchó sus inquietudes y que confió en los jóvenes permanece viva en el corazón de Ximena Alejandra Valdivia Muro, directora de la Comisión Diocesana de Juventud de la diócesis de Chiclayo. Hoy, ante la posibilidad de recibir nuevamente al papa León XIV en esta tierra norteña, su testimonio refleja una mezcla de alegría, gratitud, fe y compromiso misionero.

Para Ximena, no se trata únicamente del reencuentro con quien conocieron como monseñor Robert Francis Prevost, obispo de Chiclayo. Es también una oportunidad para renovar la fe, fortalecer la comunión eclesial y anunciar el Evangelio, especialmente a quienes se han alejado de la Iglesia.
Una fe que nació en familia
El camino de Ximena en la Iglesia comenzó mucho antes de asumir una responsabilidad pastoral. Sus primeros pasos estuvieron marcados por el testimonio de sus padres, quienes sembraron en ella la fe desde pequeña.
“Ellos sembraron en mí la fe desde que tengo uso de razón”, recuerda. La participación en la Eucaristía dominical y la oración del rosario en familia fueron alimentando una relación con Dios que, con el paso de los años, se fortalecería a través de nuevas experiencias y comunidades.
Más adelante, al trasladarse a vivir a Reque, descubrió el mundo parroquial gracias a la invitación de otros jóvenes. Aquella experiencia le abrió las puertas a una Iglesia en la que pudo conocer distintos carismas y descubrir las diversas maneras en que Dios actúa en el corazón de las personas.

En ese camino comprendió que cada persona tiene dones que poner al servicio de los demás y que la comunidad cristiana es un espacio para crecer en la fe, compartirla y hacerla vida.
Un obispo que escuchaba y confiaba en los jóvenes
Entre los recuerdos más significativos de Ximena se encuentra el tiempo en que tuvo la oportunidad de trabajar con monseñor Robert Francis Prevost, hoy papa León XIV, cuando era obispo de Chiclayo.
Lo que más destaca de aquella etapa es su sencillez, su cercanía y, sobre todo, su capacidad para escuchar.
“Algo que siempre he valorado mucho de él es su capacidad para escucharnos de verdad. Cuando le explicaba algo, mis palabras no quedaban en el aire”, cuenta.
Ximena recuerda especialmente la preparación de un encuentro que reuniría en Chiclayo a los coordinadores de la Pastoral Juvenil de la región norte del Perú. A pesar de que monseñor Prevost estaba próximo a viajar a Roma para asumir nuevas responsabilidades, continuó acompañando el proyecto y brindando su apoyo.
En las reuniones, escuchaba las propuestas, revisaba los avances y retomaba los asuntos pendientes. Su acompañamiento permitía que los jóvenes sintieran que sus iniciativas eran importantes y que podían contar con el respaldo de su pastor.

“Sentíamos que realmente quería ayudarnos, acompañarnos y darnos los medios necesarios para seguir adelante”, recuerda.
Aquella experiencia dejó una huella profunda en Ximena: la certeza de que los jóvenes necesitan espacios de participación, acompañamiento y confianza para desarrollar sus talentos y asumir responsabilidades dentro de la Iglesia.
Cerca del voluntarios al servicio de la misión
La preparación para la visita del papa León XIV representa hoy un nuevo desafío para la diócesis de Chiclayo. Desde la Comisión Diocesana de Juventud, en coordinación con el IPOS de la diócesis y la Comisión Diocesana de Laicos, se trabaja en la organización del voluntariado.
Según explica Ximena, que muchas personas se han inscrito para colaborar en las distintas tareas. Actualmente, el equipo se encuentra en la etapa de confirmación de las inscripciones para verificar la disponibilidad de los participantes.
La respuesta de los jóvenes constituye uno de los motivos de mayor alegría. Desde las parroquias de la diócesis, numerosos voluntarios se preparan para contribuir en la acogida, la organización y el acompañamiento de las personas que participarán en las actividades.

Para Ximena, esta movilización demuestra que los jóvenes están dispuestos a poner sus capacidades al servicio de la Iglesia y a asumir con responsabilidad la misión que se les confía.
Sin embargo, insiste en que el voluntariado no debe entenderse únicamente como una tarea organizativa. Su sentido más profundo está en aprender a servir siguiendo el ejemplo de Jesús.
“Así como Cristo vino a servirnos y a ofrecernos la salvación, ellos también están llamados a servir a los demás con amor”, señala.
Cada encuentro con una persona será, por tanto, una oportunidad para acoger, acompañar y transmitir la alegría del Evangelio.
La alegría del reencuentro y la oración por el Papa
La elección de León XIV como sucesor de Pedro fue un momento especialmente emotivo para Ximena. Al verlo aparecer en el balcón de la basílica de San Pedro, la emoción la desbordó.
“Cuando nos enteramos de que había sido elegido Santo Padre y lo vimos aparecer en el balcón, personalmente, lloré. Estaba muy emocionada”, comparte.
La razón es sencilla: Chiclayo no lo conoce únicamente como el Papa que hoy guía a la Iglesia universal, sino también como el pastor que caminó junto a su comunidad, acompañó sus iniciativas y mostró cercanía con los jóvenes.

Por eso, la posibilidad de volver a encontrarse con él despierta sentimientos difíciles de expresar. Es reencontrarse con alguien conocido desde una experiencia cercana, pero ahora desde su misión como sucesor de Pedro.
Esta alegría, sin embargo, está acompañada de una preocupación sincera por su salud. Ximena recuerda que, cuando conocieron las noticias sobre su enfermedad, muchos jóvenes manifestaron su inquietud y solicitaron organizar momentos de oración.
Las peticiones llegaron no solo desde la Pastoral Juvenil, sino también de otras personas que deseaban unirse para rezar por él.
“Lo queremos mucho y deseamos verlo con buena salud”, expresa, resaltando que, por encima de la expectativa de su llegada, está el deseo de que pueda continuar su misión con fortaleza y alegría.
Una visita que puede acercar a muchos a Dios
Para Ximena, el significado de este acontecimiento va más allá de la emoción de ver nuevamente al Papa. Su deseo es que la visita se convierta en una oportunidad para acercar a más personas a la Iglesia, especialmente a quienes se han distanciado de la vida de fe.
“Queremos aprovechar esta oportunidad para acogerlas, acercarnos a ellas y anunciarles el Evangelio”, explica.
Desde esta perspectiva, cada voluntario tiene una misión que cumplir: no solo colaborar en la organización, sino también ser testimonio de una Iglesia que recibe, escucha y acompaña.

El servicio adquiere así una dimensión evangelizadora. Un gesto de amabilidad, una palabra de aliento o una actitud de disponibilidad pueden convertirse en caminos para que otras personas vuelvan a descubrir el amor de Dios.
Por ello, Ximena invita a los jóvenes a comprender que servir durante la visita significa estar atentos a los demás y ayudarlos a vivir un verdadero encuentro con el Señor.
“Que su mensaje no se quede solamente en ese día”
Ante la llegada de personas de distintas ciudades del norte del país, Ximena dirige una invitación a todos los que esperan participar en este encuentro: preparar el corazón y disponerse a escuchar el mensaje del Santo Padre.
Pero también les recuerda que la experiencia no debe terminar cuando concluya la visita.
“Que podamos compartirlo y que no se quede solamente en ese día en el que lo escuchemos, sino que lo transmitamos a los demás y lo llevemos a la práctica”, afirma.
Sus palabras resumen el horizonte que inspira el trabajo de los voluntarios: recibir al Papa con alegría, vivir el encuentro desde la fe y convertir sus enseñanzas en acciones concretas en la familia, las parroquias y la sociedad.

La experiencia de Ximena también deja una enseñanza para toda la Iglesia: cuando los jóvenes son escuchados, acompañados y reconocidos, descubren que tienen mucho que aportar a la misión evangelizadora.
Chiclayo se prepara así para un posible reencuentro cargado de historia y afecto. Y, mientras crece la ilusión de volver a ver a quien fue su obispo, los jóvenes renuevan su compromiso de servir, acoger y anunciar a Cristo.
Porque, para ellos, la alegría de recibir al papa León XIV no se mide solamente por la emoción de verlo nuevamente, sino por la capacidad de transformar ese encuentro en una oportunidad para vivir y compartir la fe con esperanza.
Artículo por: Giancarlo Chirinos B.

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