Mons. Ricardo Durand Flórez, S.J.

Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias (1955–1973)

Mons. Ricardo Durand Flórez, S.J., fue una de las figuras más importantes de la animación misionera en el Perú durante el siglo XX. Sacerdote jesuita, formador, educador y pastor, dedicó casi 25 años de su vida al servicio directo de las Obras Misionales Pontificias (OMP), dejando una huella profunda en la conciencia misionera del país.

Nacido el 16 de abril de 1917 en Ambo, Huánuco, realizó una sólida formación académica y espiritual en el Perú, Chile, Argentina y Uruguay. Fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1948 en Buenos Aires. A su regreso al Perú, ejerció como padre espiritual, profesor y catedrático, mostrando desde temprano una clara vocación por la educación y la misión.

Su vinculación con las OMP comenzó en 1952 como Director Ejecutivo interino. En 1954 fue nombrado Director Ejecutivo por la Santa Sede y, el 21 de mayo de 1955, asumió oficialmente como Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, cargo que desempeñó hasta el 31 de diciembre de 1973. Durante estos años impulsó una organización sólida, cercana a las diócesis, parroquias y colegios, integrando a niños, jóvenes y adultos en la misión universal de la Iglesia.

Bajo su dirección, la tradicional Semana Misional —vigente entre 1946 y 1975— alcanzó gran fuerza pastoral y pública. Estas jornadas incluían celebraciones litúrgicas masivas, desfiles misioneros, colectas públicas, campañas escolares y la gran colecta parroquial del DOMUND. Todo ello ayudó a que la misión no fuera solo un concepto, sino una experiencia viva para el pueblo peruano.

Mons. Durand promovió con especial empeño la formación misionera en colegios y movimientos juveniles. Apoyó iniciativas como la Cruzada Estudiantil Misional, la difusión del Rosario Misionero, la Campaña de la Estampilla Misional y la edición de revistas como Avanzada, Luz y Presente, que formaron generaciones con sensibilidad misionera. También impulsó grandes encuentros, festivales juveniles y asambleas nacionales de directores diocesanos de OMP, fortaleciendo la unidad y la identidad misionera.

Además de su labor en las OMP, desempeñó importantes responsabilidades eclesiales y sociales: fue Director Ejecutivo de Cáritas del Perú, Visitador Apostólico de Seminarios, Director Nacional de la Oficina Nacional de Educación Católica (ONEC) y colaborador en el movimiento Fe y Alegría. En 1966 fue nombrado Arzobispo del Cusco y, posteriormente, Obispo del Callao, donde sirvió hasta su renuncia en 1995. También fue Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana entre 1988 y 1991.

Al despedirse de la Dirección Nacional de las OMP en 1973, Mons. Ricardo Durand dejó un testimonio claro: su trabajo no fue solo una función administrativa, sino una entrega profunda a la misión de la Iglesia. Su legado permanece vivo en la estructura misionera del Perú y en el espíritu de tantos laicos, religiosos y sacerdotes que aprendieron, gracias a él, que la misión es tarea de todos.

Mons. Ricardo Durand Flórez, S.J.

Impulsor de las grandes campañas y de la organización misionera en el Perú

Durante su servicio como Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias (1955–1973), Mons. Ricardo Durand Flórez, S.J., consolidó en el Perú una estructura misionera fuerte, visible y participativa, cuyo eje fueron las campañas nacionales, la coordinación diocesana y la formación sistemática de la conciencia misionera.


1. Las grandes campañas misioneras nacionales

Uno de sus mayores aportes fue el fortalecimiento de la Semana Misional, que más adelante daría paso a la Campaña del DOMUND. Estas campañas no se limitaban a una colecta, sino que eran un verdadero proceso pastoral con tres momentos claros:

  • Apertura solemne de la Semana Misional, celebrada durante décadas en el atrio de la Catedral de Lima, con Misa campal presidida por el Arzobispo y la participación de autoridades civiles, militares, colegios y organizaciones católicas.
  • Manifestación pública de fe, con desfiles misioneros en la Plaza de Armas, presencia de la Cruzada Eucarística Misional, colegios, juventudes, institutos armados y la imagen de la Virgen Reina de las Misiones.
  • Bendición final, impartida desde el Palacio Arzobispal con la reliquia de San Francisco Javier, patrono de las misiones.

Estas campañas lograron que la misión fuera visible en el espacio público y asumida como una causa nacional.


2. La colecta misionera: organizada y solidaria

La Colecta Pro-Misiones fue cuidadosamente organizada. En Lima, se realizaba con apoyo del Estado y de instituciones civiles, movilizando a jóvenes voluntarias y delegaciones parroquiales durante toda una jornada.
El cierre se daba con la Colecta Parroquial del DOMUND, realizada en todas las misas del país, uniendo a las diócesis del Perú con la misión universal de la Iglesia.


3. Campaña misionera en colegios y juventud

Mons. Durand entendió que la misión debía sembrarse desde la infancia y la juventud. Por ello impulsó:

  • Actividades misioneras en colegios religiosos y públicos.
  • Festivales, kermeses, jornadas culturales, deportivas y artísticas con sentido misionero.
  • Visitas solidarias, retiros, misiones en provincias y proyección social.

Este trabajo permitió formar generaciones comprometidas con la misión y con sensibilidad social y eclesial.


4. Asambleas de Directores Diocesanos de OMP

Un hito clave fue la Primera Asamblea Nacional de Directores de OMP (12–14 de mayo de 1953). En ella se tomaron decisiones fundamentales:

  • Unificación de las Obras Misionales bajo el nombre de OMP, superando la dispersión de iniciativas.
  • Definición de criterios comunes para la animación misionera en todo el país.
  • Impulso de la Cruzada Estudiantil Nacional, como espacio de formación misionera juvenil.
  • Propuesta de materiales formativos y revistas misioneras, especialmente para niños.

Estas asambleas fortalecieron la comunión entre las diócesis y dieron claridad al trabajo misionero nacional.


5. Iniciativas innovadoras de animación misionera

Entre las acciones más destacadas promovidas bajo su dirección se encuentran:

  • La Campaña de la Estampilla Misional, sostenida por más de 20 años, con fuerte participación juvenil y gran impacto económico y formativo.
  • La difusión del Rosario Misionero, promoviendo la oración por los cinco continentes como eje espiritual de la misión.
  • Festivales juveniles misioneros, que integraban fe, cultura, deporte y alegría, con amplia participación popular.

6. Un legado organizativo y pastoral

El gran mérito de Mons. Ricardo Durand Flórez fue haber logrado que la misión:

  • Estuviera organizada, con directores, comités y planes claros.
  • Fuera participativa, involucrando parroquias, colegios, jóvenes y familias.
  • Fuera visible y viva, presente en la Iglesia y en la sociedad.

Su trabajo sentó las bases de la animación misionera en el Perú y consolidó a las Obras Misionales Pontificias como una obra del Papa, sostenida por todo el pueblo de Dios.