La música que acompañó al papa León XIV en Chiclayo: el testimonio de Rubén Medina, organista de la Catedral

La música que acompañó al papa León XIV en Chiclayo: el testimonio de Rubén Medina, organista de la Catedral

Rubén Medina, cantor, organista de la Catedral de Chiclayo y responsable del coro diocesano, recuerda con emoción los años en que acompañó musicalmente las celebraciones litúrgicas de monseñor Robert Prevost, hoy papa León XIV. Su testimonio revela la sensibilidad del entonces obispo por la música sacra y su deseo de que los fieles participaran activamente en la liturgia.

La música litúrgica ocupa un lugar especial en la vida de la Iglesia. A través del canto, la comunidad expresa su fe, eleva sus oraciones y participa en la celebración de los misterios de Cristo. Esta dimensión de la vida eclesial fue especialmente valorada por monseñor Robert Prevost durante su ministerio episcopal en Chiclayo, tal como recuerda Rubén Medina, cantor, organista de la Catedral y responsable del coro diocesano.

Desde su llegada a la Catedral, el 2 de octubre de 2017, Medina tuvo la oportunidad de acompañar musicalmente las celebraciones presididas por monseñor Prevost, interpretando el órgano y preparando los cantos para las misas y solemnidades.

«Siempre fue muy atento, especialmente en lo relacionado con el canto litúrgico. Se preocupaba mucho de que los cantos fueran apropiados y conocidos, para que también los fieles pudieran participar», recuerda.

Esta preocupación no era un detalle menor. El entonces obispo procuraba que la música no fuera únicamente un elemento ornamental de las celebraciones, sino un medio para favorecer la participación activa de toda la asamblea. Incluso, en algunas ocasiones, solicitaba personalmente determinados cantos. Entre ellos, Rubén recuerda con especial cariño Tarde te amé, una composición musical de Baldoni inspirada en las palabras de san Agustín.

Una música que une a toda la comunidad

La preparación musical de las celebraciones requería una selección cuidadosa de las piezas litúrgicas. Entre los cantos elegidos se encontraba Pueblo de reyes, de Lucien Deiss, junto con otras composiciones aprobadas por la Conferencia Episcopal y el Vaticano.

El repertorio combinaba cantos solemnes con melodías populares y conocidas, buscando que los fieles pudieran unirse con facilidad a la celebración.

«Eso era precisamente lo que monseñor Prevost quería aquí, en Chiclayo: que los fieles participaran activamente en la liturgia», señala Medina.

Una gran celebración de fe y música para recibir al Papa

La alegría de la comunidad chiclayana alcanzó una dimensión especial con la preparación de la celebración eucarística del papa León XIV en Pimentel. Para esta ocasión se organizó un coro de 620 integrantes, procedentes de distintas regiones del Perú y también de Ecuador.

De este total, 220 coralistas eran de Chiclayo, mientras que los demás llegaron desde Piura, Trujillo, Lima, Arequipa y Ecuador. A ellos se sumaron 80 músicos en escena, con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Se trataba de una preparación musical de gran envergadura, pensada para acompañar uno de los momentos más significativos para la Iglesia local: recibir como Sucesor de Pedro a quien años atrás había sido su pastor.

Del obispo cercano al Papa de la Iglesia universal

Para Rubén Medina, el regreso de León XIV a Chiclayo como Papa despierta sentimientos difíciles de expresar con palabras.

«Existe una expectativa inmensa entre los fieles. Es muy emocionante recibir a quien fue nuestro obispo. Lo vimos caminar por nuestras calles; era una persona cercana a todos, humilde y sencilla, sin pretensiones. Caminaba por aquí, iba por allá, como uno más de nosotros», recuerda con emoción.

Y añade: «Hoy verlo regresar como Papa es una alegría inmensa, indescriptible. Es un amigo al que conocimos, con quien compartimos momentos, y ahora abrimos los ojos y descubrimos que es el Papa. Lo esperamos con muchísima alegría y emoción».

Entre las composiciones elegidas para expresar este sentimiento destaca Jesus Christ, You Are My Life, del reconocido compositor italiano Marco Frisina. Este canto, interpretado en diversas ocasiones durante encuentros y visitas papales, también formó parte del repertorio preparado para la celebración en Chiclayo.

Para Medina, esta composición expresa de manera especial la alegría de la comunidad ante la visita del Santo Padre.

Una anécdota que permanece en el recuerdo

Entre las experiencias compartidas con monseñor Prevost, Rubén conserva una anécdota relacionada precisamente con la música. En una ocasión, quedó sorprendido al descubrir que el entonces obispo sabía leer partituras.

«Me sorprendí mucho y le pregunté: “Monseñor, ¿usted sabe leer música?”. Él me respondió: “Sí, sí, sé”», cuenta entre sonrisas.

Un recuerdo sencillo, pero significativo, que refleja la cercanía de quien hoy, como papa León XIV, continúa su misión al servicio de la Iglesia universal.

La música, un servicio a la fe

Detrás de una celebración litúrgica de esta magnitud existe un importante trabajo de coordinación. Mientras la comisión organizadora se encargaba de los escenarios, instalaciones y aspectos técnicos, Rubén Medina coordinaba junto a su equipo todo lo relacionado con el coro y la vestimenta de sus integrantes.

Su testimonio permite descubrir que la preparación musical no fue solamente un esfuerzo artístico, sino también una expresión de comunión eclesial. Cada ensayo, cada instrumento y cada voz se pusieron al servicio de una misma misión: acompañar la oración del pueblo de Dios.

Hoy, al recordar aquellos años junto a monseñor Prevost, Rubén Medina conserva la gratitud de haber compartido momentos de fe y servicio con quien llegó a ser el papa León XIV. Una historia en la que la música, la cercanía pastoral y el amor por la liturgia se entrelazan para dejar una huella imborrable en la Iglesia de Chiclayo.


Por: Giancarlo Chirinos Barrera

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