OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS CELEBRÓ LA JORNADA DEL ABUELO MISIONERO

OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS CELEBRÓ LA JORNADA DEL ABUELO MISIONERO

Abuelitos, adultos mayores, animadores misioneros y jóvenes compartieron una jornada de fe, fraternidad y gratitud en la sede nacional de las Obras Misionales Pontificias del Perú.

Este domingo 26 de julio, la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros (UEAM) celebró en la sede nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) del Perú la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, un encuentro marcado por la oración, la fraternidad y el reconocimiento a quienes, desde su experiencia de vida, su oración y también desde la enfermedad, continúan sosteniendo la misión evangelizadora de la Iglesia.

Animadores de la UEAM, abuelitos misioneros y representantes de distintas delegaciones se dieron cita para participar de esta jornada preparada con especial cariño por el equipo nacional de la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros.

Una Eucaristía para agradecer el don de nuestros adultos mayores

La jornada comenzó con la celebración eucarística presidida por el P. José Hipólito Purizaca, director nacional de las Obras Misionales Pontificias del Perú, quien durante la homilía ofreció una profunda reflexión sobre el inmenso valor que representan los adultos mayores y los abuelitos misioneros para la Iglesia.

En su mensaje destacó que nuestros mayores constituyen un verdadero tesoro por su experiencia, su testimonio de fe y su capacidad de sostener la misión mediante la oración y la entrega cotidiana.

Asimismo, dejó un llamado especial a los animadores de la UEAM, recordándoles que evangelizar también significa acompañar, escuchar, estar cerca y rezar junto a quienes más lo necesitan. La misión no se limita únicamente al anuncio de la Palabra, sino que se hace concreta en la cercanía, la ternura y el servicio.

“Yo no te olvidaré”: Dios permanece siempre junto a nosotros

Luego de la Eucaristía, los asistentes participaron de un fraterno compartir. Durante este momento, la Coordinadora Nacional de la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros, la hna. Cristina Lazaro, agradeció la presencia de las distintas delegaciones y destacó la importancia de continuar fortaleciendo esta obra.

También recordó el mensaje propuesto para la jornada de este año: «Yo no te olvidaré» (Isaías 49,15), una expresión que recuerda la fidelidad de Dios y su amor permanente por cada persona, especialmente en aquellas etapas de la vida en las que pueden aparecer la enfermedad, la fragilidad o la soledad.

Este mensaje se convirtió en una invitación a recordar que ningún adulto mayor está olvidado por Dios y que cada uno continúa teniendo una misión dentro de la Iglesia.


Jóvenes y adultos mayores, unidos por la misión

La animación de la jornada estuvo a cargo de los Jóvenes Sin Fronteras, quienes participaron con entusiasmo mediante las alabanzas, los cantos y el acompañamiento a los adultos mayores.

Su presencia permitió destacar también el importante encuentro entre generaciones. Los jóvenes renovaron el compromiso de acercarse a nuestros mayores, escucharlos, acompañarlos y reconocer en ellos el rostro de Cristo.

La misión se fortalece cuando jóvenes y adultos mayores caminan juntos: unos aportando su energía y disponibilidad; otros, su experiencia, sabiduría, testimonio y oración.

“Los enfermos y ancianos son un tesoro escondido de la Iglesia”

Durante la ceremonia también dirigió unas palabras el Secretario Nacional de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, el Hno. Giancarlo Chiirnos, quien expresó su agradecimiento a los participantes, organizadores, animadores y bienhechores que vienen sumándose generosamente al trabajo de la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros.

En su intervención recordó que los enfermos y ancianos son un tesoro escondido de la Iglesia, pues en ellos existe una extraordinaria fuerza misionera que muchas veces no es visible: la oración y el ofrecimiento de su vida por los misioneros y por la evangelización del mundo.

Siguiendo el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, nuestros enfermos y adultos mayores pueden convertirse en verdaderos misioneros desde la oración, ofreciendo sus alegrías, dificultades, enfermedades y sacrificios por quienes anuncian el Evangelio.

Asimismo, dirigió un mensaje especial a los animadores de la UEAM:

“Nuestros enfermos y ancianos son un gran tesoro de la Iglesia, pero ustedes, los animadores misioneros, son los guardianes de ese tesoro. Dios nos confía este hermoso regalo y también nos confía la gran misión de acompañarlos, escucharlos, animarlos y hacerles sentir que siguen siendo parte fundamental de la misión de la Iglesia”.


Una jornada de gratitud y fraternidad

Al finalizar el encuentro, los abuelitos misioneros recibieron presentes preparados gracias a la generosidad de los bienhechores y del Equipo Nacional de la UEAM, como expresión de cariño y reconocimiento.

Las Obras Misionales Pontificias expresaron también un agradecimiento especial al Hno. Mario Acuña, coordinador del Voluntariado, por su constante disponibilidad, compromiso y apoyo a las diferentes iniciativas misioneras.

La jornada contó con la participación de representantes de distintas delegaciones, entre ellas Chosica, Lurín, Carabayllo, Callao y Huaral, así como con la presencia del Secretario Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera, Hno. Sergio Cano, quien acompañó este significativo encuentro.


Una Iglesia que acompaña, escucha y no olvida

Las Obras Misionales Pontificias del Perú agradecen profundamente a todos los que hicieron posible esta jornada: sacerdotes, coordinadores, animadores, jóvenes, voluntarios, bienhechores, delegaciones y, de manera muy especial, a nuestros enfermos, adultos mayores y abuelitos misioneros.

Esta celebración nos recuerda que la misión no conoce edad ni condición. Todos los bautizados estamos llamados a participar en ella: algunos anunciando el Evangelio en lugares lejanos; otros sirviendo, acompañando y sosteniendo la misión desde la oración.

Que esta jornada nos anime a continuar despertando y fortaleciendo la conciencia misionera de todos los bautizados, y a construir una Iglesia que sepa acercarse a sus mayores con gratitud, cariño y esperanza.

Porque para Dios nadie queda olvidado, y nuestros abuelitos y adultos mayores siguen teniendo una hermosa misión que ofrecer a la Iglesia y al mundo.

Obras Misionales Pontificias del Perú
La misión es tarea de todos.

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