Ciudad Eten: tierra de fe, donde el milagro eucarístico sigue hablando al corazón del Perú
La historia del milagro eucarístico de Eten, la devoción al Divino Niño del Milagro y el legado pastoral del papa León XIV se entrelazan en una comunidad que conserva viva su fe y espera con esperanza el reconocimiento oficial de este acontecimiento por parte de la Iglesia.
En el corazón de la región Lambayeque, Ciudad Eten guarda una historia de profunda espiritualidad que ha atravesado generaciones. Su identidad religiosa está estrechamente vinculada al acontecimiento eucarístico que marcó la memoria de su pueblo y que hoy continúa despertando interés, devoción y esperanza entre los fieles del Perú y de otros lugares del mundo.

Esta historia tiene también un vínculo especial con el papa León XIV, quien, durante su servicio episcopal en la diócesis de Chiclayo, comprendió la importancia espiritual de este acontecimiento y tomó la iniciativa de impulsar el proceso para su reconocimiento eclesial.
El padre Jasson Sempertegui Livaque, vicario de la parroquia Santa María Magdalena de Ciudad Eten, cuya jurisdicción comprende también Puerto Eten, recuerda que fue precisamente monseñor Robert Prevost quien promovió este camino. «Él comprendió que el milagro de Eten era un regalo para el Perú y para todo el mundo», señala.
Según explica, antes de su iniciativa no se había impulsado este procedimiento. Hoy, la comunidad continúa trabajando con esperanza para que este proceso llegue a buen término y la Iglesia pueda otorgar el reconocimiento oficial correspondiente. Se trata de una historia que no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue interpelando la fe de quienes descubren en la Eucaristía la presencia viva de Jesucristo.
El Divino Niño del Milagro: una devoción que atraviesa generaciones
Pero la riqueza espiritual de Eten no se limita a su historia eucarística. En este pueblo también se conserva una imagen muy querida por los fieles: el Divino Niño del Milagro, considerada la primera y original, llegada en 1929 y que se aproxima a la celebración de su primer centenario.
Esta imagen posee un significado especial para la comunidad, pues fue coronada por monseñor Robert Prevost, hoy papa León XIV. Aquel gesto pastoral fortaleció todavía más el vínculo entre esta devoción popular y quien, años después, sería elegido sucesor de Pedro.

La comunidad conserva con cariño este acontecimiento y mantiene la esperanza de que, si Dios lo permite, durante una próxima visita del Santo Padre a Chiclayo pueda realizarse nuevamente un gesto de cercanía hacia esta venerada imagen.
El padre Jasson recuerda también que esta imagen fue la primera que se propuso presentar durante una celebración eucarística presidida por el papa Francisco. La iniciativa de monseñor Prevost permitió dar a conocer la devoción al Divino Niño del Milagro y contribuyó a abrir espacio para que posteriormente se incorporaran otras imágenes representativas de distintas localidades.
Detrás de esta devoción existen historias familiares que expresan la profundidad de la fe popular. «Mi abuela recibió un milagro del Divino Niño», cuentan algunos fieles. Y así, una gracia recibida se convierte en memoria familiar, en oración cotidiana y en una herencia espiritual que pasa de abuelos a padres y de padres a hijos.
Son testimonios que difícilmente aparecen en los libros, pero que permanecen vivos en la memoria de las familias. Cada persona conserva una historia, una súplica escuchada, una experiencia de fe o un acontecimiento que fortaleció su confianza en Dios.
La sed de Dios que permanece en los pueblos
Al contemplar estas manifestaciones de religiosidad popular, surge una reflexión importante: las personas siguen teniendo sed de Dios. El padre Jasson observa que, mientras en las grandes ciudades se perciben con mayor claridad ciertos procesos de secularización, en los pueblos todavía se descubre una profunda necesidad de encuentro con lo sagrado.

La fe popular, expresada mediante imágenes, promesas, peregrinaciones y testimonios, revela que el ser humano continúa buscando respuestas para su vida. En ocasiones, cuando no encuentra un espacio donde alimentar esa búsqueda dentro de su propia comunidad de fe, se dirige hacia otros caminos. Sin embargo, permanece en su corazón el deseo de encontrarse con Dios.
Por eso, estas expresiones de devoción constituyen también una oportunidad pastoral para acompañar, evangelizar y ayudar a que la fe de los fieles crezca, se profundice y encuentre su centro en Jesucristo.
El cariño del papa León XIV por Eten
El vínculo del Santo Padre con esta tierra no ha quedado únicamente en los recuerdos de su ministerio episcopal. Durante el presente año, el papa León XIV envió al cardenal Michael Czerny a Ciudad Eten para transmitir sus saludos y hacer llegar un mensaje muy significativo: Eten es un don para la Iglesia.
La llegada del cardenal fue recibida con enorme entusiasmo por la población, que vivió aquel momento con especial emoción, casi como si el propio Santo Padre estuviera presente entre ellos.
Aunque una eventual visita papal a Ciudad Eten dependerá de las posibilidades de su agenda, los fieles mantienen la esperanza de recibir algún gesto o mensaje especial durante su próxima visita a Chiclayo. Particularmente, desean que el Santo Padre pueda recordar el milagro eucarístico y la historia de fe que caracteriza a esta comunidad.
Más allá de la presencia física, estos gestos expresan la cercanía de la Iglesia universal con una comunidad que desea compartir con el mundo el tesoro espiritual que conserva.

El legado de monseñor Prevost: una Iglesia universal y misionera
Al recordar los años de trabajo junto a monseñor Robert Prevost, el padre Jasson reconoce que aquella experiencia transformó profundamente su manera de comprender la Iglesia.
«Durante todos los años que trabajé con él, aprendí muchísimo. Dejé de ver a la Iglesia únicamente desde lo que conocía en Chiclayo. Comencé a comprender que la Iglesia es universal, que es diversa y que posee una riqueza inmensa», comparte.
Estas palabras permiten descubrir una dimensión importante del legado pastoral del actual pontífice: la capacidad de mirar más allá de las propias fronteras, reconocer la riqueza de las distintas comunidades y comprender que cada Iglesia particular forma parte de una gran familia extendida por todo el mundo.
Ciudad Eten es una expresión de esa riqueza. Su historia eucarística, la devoción al Divino Niño del Milagro, los testimonios de sus familias y la esperanza de sus habitantes constituyen un patrimonio espiritual que merece ser conocido, acompañado y transmitido.
Hoy, este pueblo continúa mirando al futuro con fe. Mientras avanza el proceso de reconocimiento del milagro eucarístico, sus habitantes siguen encontrando en la oración y en la Eucaristía la fuerza para mantener viva su identidad cristiana.
Porque Eten no es solamente un lugar que recuerda un acontecimiento extraordinario: es una comunidad que, generación tras generación, sigue anunciando que Dios permanece cerca de su pueblo y que la fe, cuando se vive y se comparte, se convierte en un regalo para toda la Iglesia.
Fuente: Giancarlo Chirinos B.

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