Mochila y misión: Jóvenes Sin Fronteras en Lampa, Huancayo

Mochila y misión: Jóvenes Sin Fronteras en Lampa, Huancayo

Iglesia en salida: misión pastoral en Pariahuanca

Del 3 al 11 de enero de 2026, la Iglesia se hizo camino en la provincia de Huancayo, distrito de Pariahuanca, caserío de Lampa. Allí, donde la geografía y la distancia limitan el acceso a la vida sacramental, un grupo de jóvenes misioneros llevó en sus mochilas no solo provisiones, sino también esperanza, fe y compromiso.

La misión fue convocada y acompañada por la hermana Elsa, Directora de las Obras Misionales Pontificias (OMP) Huancayo, con el respaldo de Monseñor Luis Alberto Huamán Camayo, OMI, Arzobispo Metropolitano de Huancayo, y el apoyo del padre Francisco Montero, responsable de la jurisdicción pastoral. Gracias a esta articulación eclesial, la comunidad de Lampa abrió sus puertas a la presencia misionera.


Jóvenes que cruzan fronteras

La acción pastoral estuvo a cargo de los Jóvenes Sin Fronteras de San Juan de Lurigancho, dirigidos por su coordinador nacional, Juan Luis Jiménez Guevara. Durante una semana, los misioneros compartieron la vida del pueblo, desarrollando catequesis, encuentros formativos, visitas a las familias, espacios de oración y dinámicas con niños y jóvenes. También acompañaron espiritualmente a adultos y ancianos, haciendo visible la cercanía de la Iglesia en un lugar donde la Eucaristía no puede celebrarse con frecuencia.

Una misión que se convierte en encuentro

Más que un itinerario de actividades, la misión se vivió como un encuentro pastoral integral. Los jóvenes asumieron los desafíos de la comunidad, caminaron junto a sus familias y descubrieron la sencillez de una fe que se sostiene en medio de las limitaciones. La respuesta del pueblo, marcada por la acogida y la participación, reveló la profunda necesidad de acompañamiento espiritual en las zonas rurales.


Formación en camino

La experiencia fue también un proceso formativo para los misioneros. El contacto con la realidad rural fortaleció en ellos una conciencia misionera más madura, recordándoles que la evangelización no se construye solo desde programas o eventos, sino desde la cercanía, el servicio y la coherencia de vida. La mochila que cargaron no fue solo física: se convirtió en símbolo de una fe que se lleva a cuestas, que se comparte y que se entrega.

Iglesia que camina con su pueblo

La misión en Lampa fue posible gracias a la comunión y corresponsabilidad pastoral entre la Iglesia local y los misioneros. La hermana Elsa, Monseñor Huamán y el padre Montero hicieron posible que la comunidad experimentara una Iglesia que no observa desde lejos, sino que se hace presente, escucha y acompaña.

Huellas de esperanza

La misión no fue solo un destino ni una agenda de actividades: fue una presencia que sembró esperanza, fortaleció la fe y dejó huellas en la comunidad y en los corazones de los jóvenes. Allí donde la distancia dificulta la vida sacramental, la Iglesia sigue llegando a través de la misión, recordando que nadie está lejos cuando la fe camina con el pueblo.

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