La misión en la Amazonía: un llamado a vivir el Evangelio desde la cercanía y la esperanza

En una entrevista concedida a Agencia Fides, el obispo David Martínez de Aguirre Guinea, vicario apostólico de Puerto Maldonado, compartió una profunda reflexión sobre la realidad misionera en la Amazonía tras su visita Ad Limina y sus encuentros con León XIV. Sus palabras muestran una Iglesia que camina junto a los pueblos amazónicos, escucha su dolor y anuncia el Evangelio con sencillez y entrega.
El obispo destacó que el llamado del Papa a vivir “al estilo de los apóstoles” es una invitación a volver a lo esencial: el encuentro personal con Cristo que transforma la vida y lleva a mirar el mundo con compasión. Así como los primeros discípulos fueron enviados y regresaban llenos de alegría, hoy los misioneros en la selva viven ese mismo entusiasmo, compartiendo la vida con las comunidades, acompañando su sufrimiento y anunciando la esperanza que nace del Evangelio.
Sin embargo, explicó que la misión no se sostiene solo con entusiasmo. Implica un proceso continuo de conversión personal. Los misioneros llegan con ideas propias, pero el contacto con los pueblos y la acción de Dios van purificando la mirada y el corazón. Esta experiencia lleva a un testimonio radical de vida, marcado por la entrega total y la cercanía con quienes más sufren.
Durante su estancia en Roma, los obispos peruanos compartieron momentos de diálogo y comunión con el Santo Padre. El Papa los animó a vivir en unidad, a anunciar con fidelidad a Cristo y a estar cerca del pueblo, de los sacerdotes y de los agentes pastorales. También les pidió valentía para sostener la misión en contextos difíciles, recordando el ejemplo de Toribio de Mogrovejo como modelo del episcopado peruano.
El obispo recordó con gratitud la huella dejada por la visita de Francisco a la Amazonía, que puso esta región en el centro de la mirada de la Iglesia. Desde entonces, se ha fortalecido el trabajo conjunto entre las Iglesias amazónicas y se ha dado mayor visibilidad al servicio silencioso de tantos misioneros y misioneras que entregan su vida en estas tierras. Este impulso ha ayudado a mantener la presencia pastoral en zonas donde la falta de vocaciones y recursos representa un gran desafío.

Uno de los temas centrales de la entrevista fue la inculturación del Evangelio. El vicario apostólico subrayó que la fe debe expresarse desde la vida real de los pueblos y no desde elementos externos que no reflejan su cultura. Por ello, el proceso hacia un posible rito amazónico nace de la escucha profunda de las comunidades, de sus formas de celebrar, de comprender la vida y de relacionarse con Dios. En esta línea, también se propone la creación de una escuela de misionología que ayude a los agentes pastorales a comprender mejor los códigos culturales y a anunciar el mensaje de Cristo de forma clara y respetuosa.
El obispo expresó una fuerte preocupación por la situación de los jóvenes amazónicos. Muchos viven en contextos marcados por la violencia, el abandono familiar y la presión de economías ilegales vinculadas a la minería y otras actividades ilícitas. Señaló que algunos son captados para la delincuencia o la extorsión, convirtiéndose en víctimas de un sistema que destruye el tejido social. Frente a ello, la Iglesia busca acompañarlos, ofrecerles espacios de encuentro y ayudarles a redescubrir su dignidad y su vocación a la vida plena.

Finalmente, desde su identidad dominicana, recordó cómo los primeros frailes que llegaron a América vivieron un proceso de conversión al encontrarse con el sufrimiento de los pueblos originarios. Aquella experiencia los llevó a defender su dignidad y a renovar la forma de anunciar el Evangelio. Hoy, afirmó, esa herencia sigue viva en una misión que escucha el dolor de la gente, se deja tocar por él y anuncia a Cristo como fuente de vida y esperanza.
Para el obispo, la Amazonía no es solo un territorio de misión, sino un lugar que interpela a toda la Iglesia. Desde allí, en medio de dificultades y desafíos, se sigue anunciando el Evangelio con sencillez, cercanía y pasión apostólica, recordando que la misión es un camino que transforma tanto a quienes la reciben como a quienes la viven.
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