EL SEÑOR DE LOS MILAGROS, EL PRIMER MISIONERO

En el mes de octubre, mes misionero por excelencia, nuestra mirada también se dirige con profunda fe y devoción al Señor de los Milagros, Cristo Moreno que sale de su templo para encontrarse con su pueblo. Él es el primer misionero, porque no espera que vayamos hacia Él, sino que viene a nuestras calles, nuestras plazas y nuestras vidas, recordándonos que su amor es universal y sin fronteras.
La procesión del Señor de los Milagros no es solo una tradición, es un acto misionero: Cristo que se pone en camino, que sale al encuentro del corazón de los hombres y mujeres de todas las edades, culturas y realidades. Como nos recuerda el Papa Francisco: “Una Iglesia en salida es la Iglesia que se deja mover por el Espíritu para ir a las periferias, a las calles donde la gente vive”. El Cristo Moreno nos muestra ese rostro de una Iglesia que camina con su pueblo.
Cada paso de su anda, cada oración que lo acompaña, cada canto de fe y cada lágrima de esperanza son un signo de que la misión comienza definitivamente en el encuentro con Jesús que pasa a nuestro lado. Él mismo nos dice: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11,28).
El Señor de los Milagros nos enseña que ser misioneros no es una tarea de unos pocos, sino la vocación de todos los bautizados. Al contemplarlo en la Cruz, comprendemos que la misión nace del amor que se entrega hasta el extremo.
Él es nuestro obispo, y al acompañar al Cristo de Pachacamilla, aprendemos de Él a ser misioneros que no se quedan encerrados, sino que salen por el mundo con el corazón encendido de amor. Porque donde pasa el Señor de los Milagros, allí hay consuelo, esperanza y vida nueva.

Deja una respuesta