Lectio Divina Dom. 32 T.O, Ciclo «C»

Lectio Divina Dom. 32 T.O, Ciclo «C»

NO TENEMOS IMAGINACIÓN 

Por José Maria Maruri SJ 

1.- Dios no es Dios de Muertos sino de vivos, porque para Él todos están vivos… La muerte como punto final, como término de la vida nos la hemos inventado nosotros convirtiendo a un Dios de Vida en un Dios de muertos, un Dios que un día, cuando todo haya acabado reinará sobre el silencio de un inmenso cementerio galáctico. Este es el Dios que nos hemos hecho nosotros, de crespones negros, de ornamentos negros, de infinitos cementerios… 

— ¿Qué sentido tendría el perdón y la misericordia de Dios si todo acaba en nada? 

–¿Qué sentido tiene que Dios nos envíe a su Hijo a caminar ante nosotros un camino que al fin acaba en el cementerio? 

–¿Qué sentido tiene que Jesús nos diga que Él es la Resurrección y la vida? –¿Resurrección de quién y vida de qué si Dios no es Dios de vivos? 

2.- Hemos hecho de la muerte término definitivo cuando no es más que el dintel de una puerta que une dos habitaciones llenas de luz. 

–Es el lugar de confluencia del río de la vida terrena que en ese punto confunde sus aguas con el inmenso río de la vida de Dios. 

–Es el caer de la gota de lluvia sobre el mar sin límites de un eterno vivir 

— Es el palidecer de la luz de las estrellas mezclada con la radiante luz del sol que no mata la luz estelar. 

–Es la pálida luz de la aurora que se va a desplegar en pleno día 

3.- Aquellos saduceos, para ridiculizar la resurrección de los muertos, en que no creían, inventan el ejemplo de la mujer casa con siete maridos y preguntan: ¿al resucitar de quien será mujer? 

Y vosotros y yo, que creemos en la resurrección de los muertos, hemos hecho no pocas bromas imaginando a los muertos buscando sus propios huesos mezclados con los de otros, o reclamando una víscera transplantada a otro hombre. 

Y es que tratamos de imaginar lo inimaginable o, si queréis, tenemos tan poca imaginación que no podemos imaginar otra vida que una que no sea calcada en la vida que llevamos ahora, sin conceder a Dios sapientísimo imaginación e inventiva suficientes como para poder programar otras vidas y otros planes distintos y muchos más hermosos. 

Creemos en un Dios que es espíritu y que no es palpable con nuestras manos y sin embargo se nos hace imposible pensar en este tu yo en cuerpos espirituales, como dice San Pablo. En realidad, a ese Dios espiritual le ponemos barbas blancas y le hacemos el Padre, o le pintamos en forma de paloma y le llamamos Espíritu Santo. 

Es nuestra innata tendencia a pensar que nosotros somos el patrón de sastre por el que todo ser viviente tiene que estar recortado según somos nosotros. Por eso si habla de un extraterrestre que ha venido en un platillo volante le ponemos inmediatamente dos piernas y dos brazos y una cabeza porque si no es como nosotros no es un ser vivo. ¡Que poca imaginación la nuestra! 

Y es lo que Jesús viene a decirnos en el evangelio de hoy: Dejad a parte vuestra infinitesimal imaginación y creed en el Reino de los Cielos sobre el que Dios quiere reinar no será un cementerio de muertos, sino un Reino formado por nosotros nuevos seres vivientes, que viviremos en un mundo nuevo bajo un solo Señor que es ciertamente un Dios de vivos. 


2.- LA FE EN LA RESURRECCIÓN 

Por Antonio Díaz Tortajada 

1. El evangelio de Lucas –del que la liturgia ha venido tomando una serie continuada de pasajes para todos estos últimos domingos– está a punto de iniciar el relato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Ha concluido ya el largo discurso sobre la salvación y sobre las condiciones requeridas –como actitud interior y como comportamiento social– para ser salvado por Dios. Entre el tema que culmina y el capítulo nuevo que está a punto de inaugurarse, Lucas introduce una reflexión sobre la resurrección de los muertos. La pasión de Cristo acabará con la victoria de Pascua; la salvación eterna será entregada por Dios al hombre resucitado. Este es el marco en que debemos leer los textos de este domingo. 

2. La liturgia nos aporta, en primer lugar una página singular del libro de los Macabeos. El martirio de los siete hermanos contiene el primer testimonio seguro de la fe en la resurrección. La afirmación de la resurrección futura, balbuciente y vaga en otras literaturas veterotestamentarias, restalla aquí con toda certidumbre. Dios les ha dado una «esperanza» que nadie puede quitarles. Se nos presenta aquí un ideal ciertamente heroico que nos muestra concretamente lo que san Pablo quiere decir con estas palabras: «Una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria», algo que en modo alguno vale no sólo para el martirio cruento, sino para todo tipo de tribulación terrenal que, por muy pesada que sea, es ligera como una pluma en comparación con lo prometido. «El Rey del universo nos resucitará para una vida eterna». «Vale la pena morir a mano de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará». 

Por eso puede Jesús en el evangelio liquidar de un plumazo la estúpida casuística de los saduceos a propósito de la mujer casada siete veces. La resurrección de los muertos será sin duda resurrección corporal, pero como los que sean juzgados digno de la vida futura ya no morirán, el matrimonio y la familia ya no tendrán ningún sentido en ella; los transfigurados en Dios poseerán una forma totalmente distinta de fecundidad: Pues la fecundidad pertenece a la imagen de Dios en el hombre, pero ésta no tendrá nada que ver con la mortalidad, sino con la vitalidad que participa de la fecundidad viviente de Dios. 

3. Esta proclamación en el destino de salvación del hombre tras la resurrección no encuentra fácil audiencia. El desafío de la fe consiste, precisamente, en prestar adhesión a este capítulo definitivo del Mensaje. En el tiempo de Jesús, los saduceos hacían de la resurrección objeto de sus grandes bromas y se burlaban de la misma a base de cuestiones marginales y capciosas. También hoy más de uno recurre a la casuística en torno a la resurrección para desviar su atención del meollo nuclear del tema. Contra la esperanza de la futura resurrección cabe apelar igualmente a la violencia. Es lo que acontece con los siete hermanos Macabeos, mártires por su fe en la resurrección. Para el creyente, una u otra hipótesis puede convertirse en su piedra de escándalo. Por la violencia o por la chanza, la «sabiduría» escéptica o el poder satisfecho de sí mismo, tratarán de colocar al creyente fuera de juego. Todo el que no ha optado por la fe en la resurrección tratará de uno u otro modo de erosionar la fe del que cree en ella. 

4. El texto de la carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica entraña un grito de aliento y de esperanza para los creyentes. Dios consuela internamente al hombre de fe. Dios fortalece al que espera en la resurrección. El Espíritu de Dios despierta la confianza y estimula a actuar en coherencia con la certeza en la futura resurrección: «La fe no es de todos», ciertamente; pero el creyente está llamado a dar razón de su fe incluso ante los que no comparten la certidumbre del que se fía de Dios, Señor de la vida. La fidelidad de Dios a su palabra salvadora es más fuerte que la tentación del propio creyente y más poderosa que la chanza y la violencia de los que militan contra la condición esperanzadora del cristiano. 

Los hombres que «esperan» firmemente la vuelta de Cristo y la resurrección, los hombres cuyo corazón ama a Dios y reciben de Dios «la fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas», pueden desde ya desde ahora participar en la fecundidad de Dios. 


3.- VIDA EN PLENITUD 

Por José María Martín OSA 

1.- En las pirámides y en las tumbas egipcias hay multitud de detalles que reflejan su concepción sobre el más allá: es una prolongación de este mundo. Por eso, se momifica el cuerpo del difunto, aparecen pintados en las paredes objetos de la vida cotidiana, sobre todo aquellos relacionados con la vida placentera. En muchas ocasiones junto al difunto se encuentra todo su ajuar y comida en abundancia. Incluso se encerraba a los sirvientes vivos juntamente con el difunto para que le sirvieran en la otra vida. El descubrimiento de la tumba de Tuntakamón, un faraón que murió joven y no tuvo ninguna importancia en la historia, permitió el conocimiento de la vida cotidiana en Egipto, pues allí se describía todo lo que tenía que ver con la vida terrenal, que continuaba en la otra vida. Esta idea es la que subyace en el planteamiento de los saduceos, aunque ellos en el fondo no creían en la resurrección. Sin embargo, hacen una pregunta trampa a Jesús para ponerlo en evidencia. A pesar de que en el Antiguo Testamento poco a poco, de forma progresiva, Dios fue revelando el misterio de la resurrección, los saduceos estaban anclados en el pasado y se negaban a aceptar la existencia de otra vida. No tenían en cuenta el libro del profeta Ezequiel, cuando Dios reanima los huesos secos, ni tampoco el segundo Libro de los Macabeos, donde se expone claramente la fe en la resurrección. El cuarto hijo responde al rey torturador: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará». El Libro de la Sabiduría, el último del Antiguo Testamento, corrobora esta creencia en la vida después de la vida. 

2. – Jesús aclara el concepto de resurrección y lo que significa para el cristiano. Es otra dimensión. No se trata de una simple reanimación del cuerpo, ni de una prolongación de esta vida. Por eso es absurdo el planteamiento de los saduceos. Estos se apoyan en la ley del levirato que obligaba al hermano del difunto a casarse con la viuda cuando ésta no tiene a nadie que la mantenga. Si una mujer se casa siete veces, ¿quién será su marido en la otra vida? Jesús responde diciendo que cuando morimos aquí participamos en la resurrección, mediante la cual no volvemos a morir. Porque Dios es un Dios de vivos, no de muertos, es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En la vida en plenitud no importará si uno está casado o soltero, es una vida nueva, donde se manifestará de verdad que somos hijos de Dios y le «veremos tal cual es». El error está en confundir el cuerpo con la materia. No es el cadáver lo que se reanima con la resurrección, es todo nuestro ser el que participa de una vida eterna, que no se acaba, que plenifica, que nos hace felices para siempre. 

3. – En épocas de crisis triunfa la literatura apocalíptica. La segunda carta de San Pablo a los Tesalonicenses muestra que el Apóstol está siendo objeto de una persecución. En tiempos difíciles se hace necesario ser fuertes en la fe, mantener viva la esperanza, ser constantes en la oración. No es nueva esta situación para los cristianos. Ahora mismo vivimos una época de crisis, algunos hablan de persecución contra la Iglesia… Sin embargo es en esos momentos cuando la fe y la vivencia de la misma se purifican y se fortalecen. El consejo final de San Pablo resume cuál debe ser nuestra actitud: amar a Dios y tener la constancia de Cristo. Estamos llamados a vivir una vida en plenitud. Es lo que celebramos cada domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal. 


4.- EL DIOS QUE DA AL HOMBRE LA VIDA 

Por Javier Leoz 

1.- Estamos inmersos en una semana donde, todavía aún hoy, en muchas parroquias tenemos diversas celebraciones con un fondo confiado y esperanzado por aquellos seres queridos nuestros que se durmieron con la certeza de que un día habrían de resucitar. 

Llama la atención como en ciertas encuestas tal vez, maquilladas e interesadas, un porcentaje de católicos manifiestan no creer en la resurrección. Es grave la conclusión de esta encuesta: 

-Grave porque no dejamos a Dios ni esa opción de resucitarnos y que es consecuencia de su fidelidad para con nosotros: ¿Creéis?yo os resucitaré. 

-Grave porque esa encuesta no está sensatamente respondida por cristianos. Un cristiano cree, espera y se mueve por el valor de la Resurrección. Estamos ante los saduceos de los nuevos tiempos: personas religiosas pero que no creen en la Resurrección. 

2.- Sólo Dios es capaz de reconstruir lo aparentemente imposible para el hombre por muchas encuestas que a pie de calle se hagan sobre las verdades eternas. Si pudiera ser, esa cuestión, habría que planteársela en todo caso al mismo Dios: ¿estás seguro que Tú podrás un día levantarnos del silencio y del absurdo al que la muerte nos sometió? 

*Creer en la resurrección es fiarse hasta la última coma de lo que Jesús nos dijo. No creer en ella es poner en tela de juicio tantos testimonios de aquellos hombres y mujeres que vivieron e incluso lucharon porque creyeron a pies juntillos en el acontecimiento de la Resurrección de Cristo como preámbulo y anuncio de la ellos y de la nuestra también. 

*Creer en la resurrección, además de preocuparnos, nos debe de ocupar de lleno el corazón: la intuición de saber que Jesús cumplirá lo que el prometió. Siempre recuerdo un texto de aquel autor donde decía; “qué injusto sería que las obras del hombre permaneciesen en el espacio y en el tiempo mientras, su mentor y autor que es el hombre, se esfumase para siempre”. Y es así. ¿O acaso no es más importante el hombre que construye que las obras que él levanta? 

Al final del abismo Dios, que no permite que ninguno ni nada de lo suyo se pierda, nos revela que su poder es grande, determinante y fulminante sobre la muerte. A nosotros no nos queda sino esperar y creer en ello. 

*¿Tanto sacrificio y esfuerzo supone el abrir un poco el corazón a esa realidad misteriosa hacia la cual nos encaminamos guiados por la fe de los hijos de Dios? 

*¿Tan difícil nos resulta pensar que hay un SER que lo trasciende todo y que es capaz de restaurarlo todo (cenizas humanas incluidas) y de recuperar lo que ni el mundo ni la ciencia por sí mismos pueden llegar hacerlo? 

*¿Tan cerrados estamos a lo que a nuestros sentidos o puro pragmatismo escapa? 

3.- Desde el momento en que nacemos comenzamos a vivir y a morir. Contamos los días vividos y descontamos los que quedan por disfrutar. Pero, en medio de todo ello, qué bueno sería que fuésemos cayendo en la cuenta que nuestra vida, por tener un valor divino y sagrado, no puede ir para siempre al fondo de una fosa sino al surco de la tierra para, después de un tiempo, salir y amanecer a la voz de Dios disfrutando eternamente en su presencia sin más necesidades para ser felices que el contemplar su rostro. 

¡Qué grande es cerrar los ojos soñando con Dios y qué grande debe ser abrirlos contemplando su semblante! 

¿No es gratificante pensar que, si somos el cuerpo de Cristo en la tierra estamos llamados a su misma suerte? ¿Crees esto? 

Y va a merecer la pena que os lea lo siguiente: 

DIOS DE LA VIDA 

Se ha roto la noche.
Ha gritado el ángel la noticia:
«No está aquí, ha resucitado».
Y renace en todos la esperanza.
 

Quien se agarra a Ti
no irá al abismo.
 

Quien pone en Ti su confianza
no quedará defraudado.
 

Tú has saltado la barrera del silencio
y has devuelto la promesa cumplida
a los que habíamos puesto nuestros ojos en Ti.
 

Contigo no se va a la muerte.
Contigo sólo es posible la vida.
Contigo no se va a la nada.
Contigo se acaba siempre en un encuentro.
 

Tú eres el Dios de la Vida.
Tú eres el Dios de la resurrección.
El que crea en Ti
no morirá jamás.
 


5.- DIOS DE VIVOS 

Por Ángel Gómez Escorial 

1.- Al final del tiempo la muerte será vencida. Será el último enemigo de Jesús en desaparecer. La muerte es solo una circunstancia física. El espíritu no desaparece. Si Cristo fue la voz del Dios y el rostro visible del Dios invisible, comunicó, asimismo, la permanencia del espíritu de los hombres al afirmar que Dios lo era de vivos y no de muertos. Sus contemporáneos en el judaísmo no creían en esa permanencia constante de lo espiritual y con la desaparición del cuerpo todo se acababa. Algunos creían en la resurrección, pero no así los saduceos que solo contemplaban la relación con Dios en la vida física. 

2.- Jesús va a repetir durante toda su enseñanza esa condición de vida permanente y la existencia del mundo futuro. Para nosotros es una esperanza total y una ganancia frente a la idea de la muerte con final total y definitivo. La singularidad emocionante de esta doctrina lleva a la Iglesia a fomentar la doctrina de la Comunión de los Santos pieza angular de nuestra fe y que reúne para siempre –y de manera activa– a todos los fieles de cualquier época. En la Comunión de los Santos está presente ese Dios de vivos del que habla Jesús. Es subyugante, por otro lado, las «pistas» que da Cristo sobre el cambio tras la resurrección. Define el cuerpo glorioso y lo aproxima a los ángeles. 

3.- El primogénito entre los resucitados fue Jesús y toda la trayectoria de sus seguidores cambio cuando lo vieron transformado. San Pablo alude a la Resurrección como elemento básico –sine qua non– de nuestra fe. Hoy, tal vez, muchos de los creyentes de hoy se estén aproximando a los saduceos bajo la idea de que niegan ese fenómeno transcendente y transcendental para incidir más en una necesidad de acción social que niega el camino futuro del espíritu. Y esto es grave. Defendemos la acción social fuerte de los cristianos a favor de los pobres, de los débiles, de los marginados, pero en ningún caso podemos limitar la acción del cristianismo en su sentido de portador de eternidad. 

4.- Será la oración constante la que nos acerque y nos familiarice con el mundo espiritual. Insistimos en que son muy atractivas y elogiables esas vidas que se entregan al cuidado de los demás, pero no pueden olvidar que es Dios quien les da la fuerza para convertir su esfuerzo en un camino sin final terrestre y que transcenderá por los siglos de los siglos. A veces pensar en el mundo futuro produce vértigo. Incluso, nos sentimos cómodos en nuestra vida terrena. Es como quien se acostumbra a su pequeña celda y desprecia el amplio campo. La celda tiene su importancia, pero en la línea del horizonte está nuestra meta espiritual. Dios es un Dios de vivos y reinará, un día, sobre vivos permanentes, bellos, perfectos y felices. 

5.- «El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Malo». San Pablo en la Carta a los Tesalonicenses consigna esta frase que nos anuncia el ámbito de la maldad espiritual. Tampoco podemos hurtar esa posición maligna que quiere engañarnos y separarnos del camino amistoso de Dios. La mentira y el engaño son los instrumentos más usados por el Malo y es obvio que en su vademécum de falsas verdades hay mucha materialidad errónea respecto a la virtud alejada de Dios. No podemos obviar lo espiritual, es nuestro futuro inmediato. 


Nota Importante.- Aunque ya se menciona en el índice de contenidos de la página de inicio, conviene añadir que tanto la Carta del Editor, como el Editorial primero contienen argumentos que puede ser útiles para la confección de las homilías de esta semana. 

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