Salaverry: «En la Cuaresma de la humanidad, Jesús es nuestro horizonte»

Salaverry: «En la Cuaresma de la humanidad, Jesús es nuestro horizonte»

En el inicio del Tiempo de Cuaresma, Monseñor Juan José Salavery, Obispo Auxiliar de Lima, hizo un llamado a vivir este tiempo de conversión y gracia poniendo en práctica nuestra buena disposición para ofrecer nuestra vida al servicio de los demás: «La oración, el ayuno y la limosna tienen sentido verdadero si nosotros lo vemos en el horizonte de nuestra vida; porque en el horizonte de la Cuaresma nos encontraremos con Cristo, que no nos ha regalado una limosna, Él nos ha regalado su vida y nos ha enseñado a vivir entregándose al Padre y a la humanidad», reflexionó en la Misa del Miércoles de Ceniza celebrada en la Basílica Catedral de Lima.

Al inicio de su homilía, Monseñor Salaverry recordó el llamado del Papa Francisco a no cansarnos de hacer el bien y obrar en favor de los demás: «No nos cansemos de hablar lo bueno que hay en los demás; de propiciar el bien a los otros. Este mensaje profundo del Papa Francisco debe iluminar nuestro caminar penitente durante el tiempo de la Cuaresma», señaló.

La Cuaresma es un compromiso con Dios y con la humanidad.

Juan José Salaverry explicó que la Cuaresma es un tiempo de penitencia para buscar construir un mundo más justo, solidario y convertido a Dios: «Es un compromiso con el Padre y con la humanidad, una humanidad de la que debemos aprender a servir con nuestra propia vida, porque al final de la Cuaresma, vamos a encontrarnos con el misterio grandísimo del signo de amor y de vida que nos regala Jesús».

El obispo auxiliar aclaró que no debemos poner en práctica una penitencia que solo busca «sublimar nuestros sentidos» o «ponernos de rodillas ante el Señor por nuestros pecados». Este caminar de la Cuaresma debe ser, explica Monseñor, un «caminar de hombres y mujeres que se comprometen en hacer el bien, no sólo durante la Cuaresma, sino a lo largo de toda la vida», acotó.

Monseñor Juan José indicó que este tiempo de conversión es también un tiempo de gracia, porque necesitamos que la Gracia de Dios actúe: «Y para ello es necesario el soporte de la buena disposición del corazón del hombre que está abierto a dejar entrar esa gracia. El kairós, al cual se refiere el Papa Francisco, tiene este doble sentido: de apertura a la gracia y de disponibilidad hacia la gracia. Si tenemos el corazón cerrado a Dios, cerrado a nosotros mismos, cerrado al prójimo, la gracia no actuará, consumando este proceso de conversión que hoy queremos emprender con sinceridad y autenticidad», precisó.

El sentido del ayuno, la oración y la limosna.

En otro momento, Monseñor Salaverry recordó que la Iglesia nos invita a vivir el tiempo de conversión de la Cuaresma poniendo en práctica tres consejos fundamentales: el ayuno, la oración y la limosna:

«La oración incesante del Pueblo de Dios que ansía un tiempo mejor; la oración que impetramos constantemente en favor de nuestros enfermos, de nuestros ancianos, de los pobres de nuestra comunidad, de nosotros mismos que nos sentimos limitados – y a veces desidiosos – de emprender el camino de santidad, el camino del buen obrar; la oración que abre nuestro corazón al Señor, esa conversación amorosa con Jesús, que no consta solamente de rezos, sino de una experiencia de oración profunda».

«Ayunar» de nuestros propios intereses y entregarnos a los demás.

«La práctica del ayuno nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos. El ayuno no es solamente la ‘dieta’ de privarnos de un alimento, sino que expresa nuestra disposición personal de dejar todo aquello que nos separa de Dios, de dejar todo aquello que puede significar superficialidad y vanidad. El verdadero ayuno que Dios quiere es un corazón quebrantado y humillado, un corazón convertido, no solamente darnos ‘golpes de pecho’ o vestir un hábito penitencial, sino un corazón bien dispuesto a convertirse ante la mirada amable y tierna de un Dios que nos muestra su amor».

El ayuno verdadero es el cambio de vida, una vida íntegra, «ayunar» de nuestros propios intereses para entregarnos a los demás.

«La limosna, que significa ‘gastar’ nuestra vida para ponerla al servicio de los demás, nuestro tiempo y dedicación para el otro, nuestra sabiduría, ciencia, entendimiento, todo al servicio del prójimo. Es decir, dar todo lo que tenemos, como la limosna de la viudad de Sarepta, como la limosna de los pobres que, desde su pobreza, comparten la vida».

En el horizonte de la Cuaresma, al final de ella, nos encontramos con Cristo que ha vivido para dar gloria al Padre y para dar salvación al género humano.

Por último, Monseñor Juan José anunció el lema que nos acompañará en esta Semana Santa: «Desde la Cruz, anunciemos la luz». El obispo auxiliar recalcó que es necesario asumir un compromiso conciente y real de nuestro propio proceso personal como creyentes: «Que desde la Cruz que marca nuestras vidas, anunciemos la luz del Salvador, esa luz que está al final del camino de la Cuaresma, esa luz que está al final de nuestra misión y que debemos de comunicar a todos con firme esperanza».

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