Lectio Divina Dom. 29 ° T.O. «B»

Lectio Divina Dom. 29 ° T.O. «B»

1.- SIRVIENDO ES POSIBLE CAMBIAR EL MUNDO 

Por José María Martín OSA 

1- ¿En qué estarían pensando los hijos de Zebedeo? “Sentarse en su gloria uno a la derecha y otro a la izquierda”. Es lo que piden los hijos de Zebedeo en el evangelio de Marcos. No sabían lo que pedían, pues precisamente poco antes había hecho Jesús el anuncio de su pasión y muerte. En el evangelio de Mateo es la madre quien lo pide. Nos parece natural, pues toda madre quiere lo mejor para sus hijos. Ellos habían escuchado personalmente a Jesús, pero parece que no habían entendido nada…. ¿En qué estarían pensando Santiago y Juan? Pensaban, sin duda, que Jesús era el Mesías, el rey esperado para liberar a Israel del dominio romano. Jesús es verdad que era rey, «pero su Reino no era de este mundo», tal como le dijo a Pilato. El predicó el Reino, su mensaje fundamental. Y vino a anunciar y a establecer el Reino de Dios. Hoy podemos llamarlo «la civilización del amor» de la que hablaba Pablo VI. El Reino de Dios, sin embargo comienza en este mundo, aunque todavía no había llegado a su plenitud. Es el «ya, pero todavía no». En el Reino de Jesús es primero el que es el último, es decir el que sirve, no el que tiene poder. Los «hijos del Trueno» buscaban poder y prestigio, lo contrario que hacía Jesús. Muchas veces quisieron hacer rey a Jesús, pero Él lo rechazó, porque había venido a servir y no a ser servido. Su mesianismo no es político ni espectacular, sino silencioso y humilde. En este sentido, San Agustín recuerda que «no dice que su Reino no está en nuestro mundo, sino que no es de este mundo. No dice que su Reino no está aquí, sino no es de aquí». 

2.- Constructores del Reino. Hemos de trabajar para construir el Reino de Dios en este mundo. Esto significa establecer unas condiciones de vida en las que reine la justicia, la paz y la fraternidad. Mientras esto no se consiga, todavía no podemos estar contentos. No debemos huir del mundo, sino implicarnos en su transformación aquí y ahora, sin esperar que llegue pasivamente «el Reino de los cielos». Esto es lo que pide Jesús a Santiago y Juan: «beber el cáliz que Él ha de beber». Contestan que sí, pero en ese momento no se dan cuenta de lo que estaban diciendo. Lo comprobarán cuando contemplen la muerte de Jesús. Llegará el momento en que Santiago dará la vida por Cristo. Entonces sí que fue capaz de beber el cáliz de Cristo. Jesucristo se identifica con el “Siervo de Yahvé” del profeta Isaías. Cargó con las culpas de todos, fue triturado con el sufrimiento injusto, entregó su vida como expiación. Pero su entrega nos salva, hace posible nuestra justificación. Un anuncio irreverente de un equipo español señalaba que el fútbol es más importante que Jesucristo. ¡Qué injusticia y qué ingratitud! Jesús debe reinar en nuestro corazón. Jesucristo debe ser lo más importante de nuestra vida. Sólo así le seguiremos con todas nuestras fuerzas y podremos gozar de su amor y “vendrá sobre nosotros su misericordia” (Salmo 32). Un rey existe para servir al pueblo. Es su espíritu de servicio a la comunidad lo que justifica su ser. Así lo hizo Jesús, que tuvo como trono la cruz, como cetro una simple caña, como manto real una ridícula túnica de color púrpura y coronó su cabeza con una corona de espinas. Indudablemente, su Reino no era de este mundo, pero sí para este mundo. Y sus seguidores deben tener también su espíritu de servicio, pues el primero será el que más sirva. 

4.- “Cambia el mundo”. El lema del DOMUND de este año quiere mostrar al mundo que la misión y la acción de los misioneros hacen que el cambio del mundo sea posible. Y en este año, en el que se celebrará el Sínodo de los Jóvenes, la Jornada Mundial de las Misiones 2018 les invita a ellos, de una manera muy especial, a ser protagonistas de este cambio. El Papa Francisco, en su mensaje para esta jornada misionera, nos recuerda la tarea de llevar el Evangelio a todos, como hacen los misioneros. No es fácil, exige paciencia, la misma paciencia que requiere formar la cara del mismo color en el cubo de Rubi que aparece en el póster de esta campaña. El DOMUND propone un cambio del mundo, pero este cambio solo es posible si nace de un corazón cambiado. Un corazón cambiado es aquel en el que ha entrado Dios. Un corazón que abraza el Evangelio. Los misioneros se esfuerzan cada día en llevar adelante, con su ejemplo y trabajo, la evangelización de los pueblos que aún no conocen a Dios, porque saben que el Evangelio produce el verdadero desarrollo humano y social de las naciones a través de cambios pequeños, como pide el Papa Francisco. El DOMUND pide el compromiso de los cristianos en la actividad misionera para que el anuncio del Evangelio llegue a aquellos ámbitos geográficos o sociales donde aún no es conocido. 


2.- LA DOCTRINA SUBLIME Y MISTERIOSA DEL DIVINO MAESTRO 

Por Antonio García-Moreno 

1.- DOLOR DE CRISTO. – El Señor quiso triturarlo. Lo quiso Dios, el Padre Eterno, el Infinitamente Bueno. Lo quiso. Triturarlo, al Hijo, al Verbo hecho carne, a Dios mismo hecho hombre. Misterio que nos asombra y confunde. Misterio que rebosa nuestras posibilidades de comprensión. Misterio que sobresale luminoso por entre las tinieblas de nuestras cortas luces. 

Y él, Jesús de Nazaret, dijo que sí. Se sometió a los planes pavorosos del Altísimo. Y su carne joven sintió el rudo golpe del látigo, la penetración lacerante de la lanza, el punzar de mil espinas sobre la frente y la nuca. Triturado, aniquilado como víctima de holocausto, derramado totalmente sobre el altar de Dios, sobre el altar de la Cruz. 

Sin embargo, aquello originaba una descendencia numerosa, una vida sin fin, el triunfo definitivo en sus manos de Rey de reyes. Y la Cruz desnuda y nudosa se cubre de esplendorosos rayos de gloria, del nimbo luminoso de la Resurrección… Te contemplamos colgado de la Cruz. Y te vemos sereno, majestuoso, vencedor de la muerte… Y te pedimos la gracia de asemejarnos a ti, para vivir colgados de la Cruz de cada día, abrazados a ella. Para morir sin morir, para morir y resucitar, para saber perder la vida y así ganarla definitivamente. 

Precisamente por esa humillación, Dios lo ensalzó. De ahí que diga San Pablo: «Tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús, quien, existiendo en la forma de Dios, no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, ante se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres, y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz, por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. 

Los mismos sentimientos que tú, Señor. El mismo deseo de pasar oculto, el mismo afán de entregarte a los planes de Dios, el mismo empeño en llevar tu decisión inicial hasta las últimas consecuencias. Estar dispuesto a la misma muerte por amor a ti. Y estar dispuesto también a no morir, a vivir día tras día el martirio escondido de una vida plenamente cristiana. Tener los mismos sentimientos que tú… Haz que así sea. A pesar de nuestra miseria, despierta en nuestro corazón los mismos deseos, las mismas ilusiones de amor que tiene el tuyo. 

Así lograremos, también nosotros, la gloria de vencer, de ser exaltados junto a Cristo, gozar de su inmenso triunfo. Una vida nueva y distinta. Una esperanza viva y siempre abierta. Poder cantar jubilosos el himno de los vencedores, la marcha triunfal de los que reinarán eternamente en la Tierra Prometida por Dios. 

2.- UN CAMINO CLARO. – Qué atrevidos son los jóvenes, qué osadía suelen tener. Eso explica, aunque no justifique, la actuación de los hijos de Zebedeo. Juan desde luego era muy joven, y probablemente también lo sería su hermano Santiago. Ante el estupor y la indignación de los demás apóstoles, «los hijos del trueno» se atreven a pedir al Maestro los primeros puestos en el Reino, ocupar como principales ministros del gran Rey los sitiales de la derecha y el de la izquierda. 

«No sabéis lo que pedís -les recrimina Jesús-, ¿sois capaces de beber el cáliz que Yo he de beber?». Ellos contestaron sin vacilar: «¡Podemos!” El Maestro debió sonreír ante aquellos nobles deseos tan llenos de ingenuidad. Jesús, como siempre, les habla con claridad de las dificultades que supone el seguirle: Beberéis mi cáliz, sufriréis por amor a Mí, pero esos puestos ya están reservados para otros. 

Al parecer, esa contestación no les desanima en su afán de seguir a Jesucristo y continuarán cerca de él, amándole con toda el alma, sirviéndole hasta el fin de sus vidas, abriendo y cerrando la serie de los doce apóstoles que morirán en servicio del Evangelio. Así, Santiago el Mayor será el primero en morir, mientras que Juan será el último del Colegio Apostólico que morirá, dando testimonio de lo que vio hasta el momento final de su vida, bebiendo día a día, sorbo a sorbo, aquel cáliz de gozo y de dolor que el Señor les había prometido. 

La atrevida petición de los hijos de Zebedeo da pie al Maestro para enseñar a los Doce, y a cada uno de nosotros, que en el Reino de Dios no se puede buscar la gloria y el honor de la misma forma a como se consigue en los reinos de acá abajo, en que los ambiciosos o los malvados sin escrúpulos suelen escalar hasta la cima de los primeros puestos, para aprovecharse luego de los demás y enriquecerse a costa de unos y de otros. En el Reino de Dios para triunfar hay que humillarse antes, para llegar a reinar con Cristo primero hay que pasarse la vida sirviendo. 

«El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos». Esa es la doctrina sublime y misteriosa del divino Maestro. No hay otro camino ni otra fórmula. Ese es el itinerario que Cristo, nuestro Dios y Señor ha marcado con su misma vida. Él, siendo quien era, no consideró codiciable su propia grandeza divina y se despojó de su rango hasta hacerse un hombre más. Incluso, dentro de su condición humana, tomó la forma de siervo y se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Su humillación fue suprema y única, un camino claro, decidido y generoso para que nosotros lo recorramos con abnegación y con gozo. 


3.- LAS CONSECUENCIAS NEFASTAS DE UN FALSO MESIANISMO 

Por Gabriel González del Estal 

1.- Qué queréis que haga por vosotros: concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. No sabéis lo que pedís. Pensar en un mesianismo triunfante en lo político y en lo social, esa fue siempre la tentación del pueblo judío, y lo fue también durante bastante tiempo, a partir del emperador Constantino, de gran parte de toda la Iglesia Católica. Hoy todos nosotros sabemos que el mesianismo triunfante fue una gran equivocación, porque Cristo en su vida histórica, de hecho no triunfó durante su vida porque le persiguieron y terminaron matándole, con una muerte ignominiosa de cruz. El hecho de que Cristo resucitara y ascendiera a los cielos pertenece ya a la otra vida. El mesianismo triunfante nos aleja realmente de la figura real de Jesucristo, pobre, manso y humilde. Debemos examinarnos cada uno a nosotros mismos, para analizar, con sinceridad y verdad, por qué somos cristianos, si por amor a Jesucristo, pobre, manso y humilde, o por devoción a un Cristo que puede concedernos muchos favores. Ser, en definitiva, creyentes en un Dios farmacia, en un Dios que puede resolvernos muchos problemas reales de la vida, en un Dios milagro, antes que en un Dios amor. El mesianismo triunfante se puede infiltrar en muchos actos de nuestra vida, falsificando realmente nuestro cristianismo. Debemos seguir a Jesús siempre por amor, tratando de imitarle en lo que realmente su vida fue. El mesianismo de Jesucristo fue un mesianismo salvador y redentor, intentando salvar siempre en primer lugar a los más pobres, enfermos, marginados y necesitados, sin excluir evidentemente a nadie. Hagamos nosotros lo mismo. 

2.- Sabéis que los reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. Debemos tener en cuenta que Jesús no amaba el sufrimiento por el sufrimiento, Jesús amaba el sufrimiento por amor, por amor a las personas; el sufrimiento de Jesús era un sufrimiento salvador y redentor. Los cristianos no debemos ser personas que por prediquemos el sufrimiento como algo deseado, a nadie nos gusta sufrir por sufrir. Para nosotros el sufrimiento sólo es un medio necesario para salvar nuestras vidas y salvar las vidas de los demás. Si el sufrimiento no es fruto del amor verdadero a Dios, a nosotros mismos y a nuestro prójimo, no es verdadero sufrimiento cristiano. El mérito no está en sufrir o no sufrir, sino en sufrir por amor, o no aceptar el sufrimiento con amor. Lo mismo podemos decir del servir. Prácticamente todas las personas servimos a alguien, persona o institución, no se trata, pues, de servir a alguien o no servir a nadie, se trata de servir con amor y por amor a las personas con las que nos relacionamos, o a la institución a la que pertenecemos. Sufrir, servir, sí son términos cristianos, pero sólo si se hacen por amor y son fruto del amor. 

3.- Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Este texto del profeta Isaías pertenece al Cuarto Cántico del Siervo de Yahveh. Nosotros, los cristianos, lo aplicamos directamente a Jesús, como Siervo de Dios. El sufrimiento de Jesús nos libró de nuestros pecados, porque Dios Padre vio que el sufrimiento de su hijo era un sufrimiento hecho con amor a nosotros y por nuestro amor, era un sufrimiento salvador y redentor. Nosotros, todos los cristianos debemos aspirar a ser salvadores de los demás, con amor, aunque esto nos cueste esfuerzo y sacrificio. Todos somos, espiritualmente, responsable de todos, al menos en parte. 

4.- No tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, Cristo, nuestro sumo sacerdote, es realmente un hermano nuestro, al que podemos dirigirnos con confianza y en la certeza absoluta de que nos entenderá. Procuremos ser nosotros para los demás, sacerdotes al estilo de Cristo, capaces de amar a todos y de sacrificarnos por todos. Cristo nos dio ejemplo, hagamos nosotros lo mismo. Y para conseguir todo esto que venimos diciendo, pidamos a Dios, con palabras del salmo 32, que “su misericordia venga sobre nosotros, como lo esperamos de él”. 


4.- DAR LA VIDA POR AMOR 

Por Francisco Javier Colomina Campos 

El pasado domingo escuchábamos cómo Jesús, en su camino hacia Jerusalén, se encontró con aquel joven rico. Tras este encuentro, y ya muy cerca de Jerusalén, Jesús vuelve a anunciar su pasión y resurrección por tercera vez a sus discípulos. Después de esto, como escuchamos en el Evangelio de este domingo, dos de los apóstoles, Santiago y Juan, piden a Jesús sentarse a su lado en su gloria. Jesús aprovecha para explicar una vez más cómo ha de ser un verdadero discípulo suyo. 

1. Los apóstoles no habían comprendido todavía qué significaba eso de dar la vida por amor. Por eso, aunque Jesús les estaba explicando que Él iba a dar la vida muriendo en la cruz y que iba a resucitar al tercer día, sin embargo los apóstoles estaban pensando en su interior cómo ser el más importante. Así, vemos cómo Santiago y Juan se acercan al Señor para presentarle una exigencia. No era una simple petición que le hacían a Jesús, sino que era una verdadera exigencia: “Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”. Y lo que le exigen a Jesús es ni más ni menos que ocupar los primeros puestos en su gloria. Jesús había hablado en muchas ocasiones del Reino de Dios, y los discípulos, que entendían este Reino como si de un reino terrenal cualquiera se tratase, estaban esperando que Jesús les ofreciese los primeros puestos a ellos que lo habían dejado todo por seguirle. ¡Todo lo contrario a lo que Jesús estaba enseñando! Ante esta petición, Jesús responde: “No sabéis lo que pedís”. Ciertamente aquellos apóstoles no habían comprendido nada del mensaje del Maestro. Resulta curioso que Jesús no responde ni afirmativa ni negativamente a la exigencia de los apóstoles. Tan sólo les pregunta si van a ser capaces de beber el cáliz que Él va a beber y de ser bautizados con el bautismo con el que Él va a ser bautizado. Jesús no les dice ni sí ni no, sin embargo les señala cuál es el camino por el que se va a la gloria: el cáliz y el bautismo del que habla Jesús aquí hacen referencia a su pasión y muerte, a entregar la vida. Así, Jesús les enseña que para entrar en la gloria, hay que pasar primero por dar la vida, como Él mismo hará cuando llegue a Jerusalén. 

2. Pero no nos quedemos pensando que sólo Santiago y Juan eran los que buscaban los primeros puestos. Los demás apóstoles pensaban igual que ellos dos, pues después de esta exigencia a Jesús, los otros diez se indignaron, pensando “quiénes son estos dos para quedarse con los mejores puestos sin contar con nosotros”. Esta actitud de los apóstoles, tanto la de Santiago y Juan como la de los otros diez, lamentablemente se sigue repitiendo tantas veces hoy en nuestra Iglesia, entre nosotros los cristianos. Nos gusta muchos a los cristianos eso de ver quién es el que manda, de buscar la autoridad y el poder, incluso dentro de la comunidad, en la parroquia, en la Iglesia. Por eso nos viene muy bien escuchar de nuevo las palabras que Jesús les dirigió a los apóstoles: “Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”. Éste es el único camino para llegar a la gloria: ser el servidor y el esclavo de los demás. No dejemos que la mundanidad entre en nuestra Iglesia y entre los cristianos. Mientras que el mundo se pelea por mandar más y por tener más poder, los cristianos hemos de preocuparnos más bien por servir, por ponernos a disposición de todos. Y Jesús no ha dicho que hemos de ser esclavos de algunos, de nuestros amigos o de los que nos caen bien. Ha dicho que hemos de ser esclavos de todos. Es el amor al prójimo que se manifiesta en las obras, en nuestra actitud de servicio. Pues no podemos decir que amamos a los demás si no somos capaces de ponernos a su servicio. Así es el amor de Dios, y así nos pide Dios que vivamos el amor. 

3. Este modo de vivir sirviendo y entregando nuestra vida por los demás, es lo mismo que ha hecho Cristo por nosotros: “Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Así lo podemos leer en la primera lectura de hoy, del libro de Isaías, un fragmento que pertenece al cuarto cántico del Siervo de Yahvé. Este Siervo, que nosotros identificamos con Cristo, ha traído la justificación por medio de su sufrimiento y de la entrega de su vida. Es el sufrimiento el que nos salva. Pero no un sufrimiento vacío de sentido, sino el sufrimiento que viene del amor, de la entrega. De nada sirve sufrir por sufrir si no es por amor. Así es la pasión y la muerte del Señor: por amor a nosotros. Y ese sufrimiento es redentor. Del mismo modo, en la segunda lectura, el autor de la carta a los Hebreos nos presenta a Cristo como el Sumo Sacerdote capaz de comprendernos porque Él mismo ha sido probado en todo, como nosotros, excepto en el pecado. 

4.- Cristo, el esclavo de todos, el siervo sufriente, entrega su vida por amor. Y esa entrega nos redime y nos salva. Pero si queremos entrar en su gloria, hemos de vivir nosotros ese mismo amor, hemos de ser también nosotros siervos de los demás, hemos de beber del mismo cáliz y recibir el mismo bautismo de Cristo. Ése es el camino para la gloria, bien distinto de los caminos que nos ofrece el mundo, caminos de poder, de autoridad. Que María, que se proclamó a sí misma la esclava del Señor, nos ayude a vivir de este modo, siendo como ella servidores del Señor y esclavos los unos de los otros, para llegar así a la gloria que Cristo nos ha prometido. 


5.- ¿EL FRACASO DE JESÚS? 

Por Ángel Gómez Escorial 

1.- Qué nadie se ofenda pero pienso que Jesús de Nazaret tuvo poca suerte e, incluso, fue, como muchos de nosotros, un poco fracasado. Jesús y sus apóstoles subían a Jerusalén, donde se iba a confirmar su imponente fracaso ante los importantes de su nación. Y entonces se le acercan los Zebedeos, que, en principio, parecían de los más listos del grupo, para pedirle que los nombrara vicepresidente y primer ministro de su futuro gobierno. No se habían enterado, para nada, de cuál era la misión de Jesús. Y mucho menos de cómo iba a realizarse. Luego más tarde, y tras pasado el tiempo terrible de la Pasión y Muerte del Salvador, cuando, ya resucitado, se dispone a subir al Padre, hay quien le pregunta si es entonces cuando va a liberar a Israel de la ocupación romana. Y ese que preguntaba, había tenido a su lado, a un ser extraordinario, cuarenta días y había querido enseñarles, desde la gloria de su cuerpo resucitado, su auténtica misión, la que le había encargado el Padre y por la que, en acto de obediencia suprema, había muerto en medio de un enorme tormento. 

2.- Podríamos decir, entonces, que Jesús fracasó con los apóstoles y fracasó con su propio pueblo, que tras admirarle y querer hacerle rey porque les daba pan gratis, luego lo ultrajaron y lo mataron como al peor de los criminales. Nadie parece que le entendió. Y si leemos con atención los Evangelios pues sabemos que repitió muchas veces su auténtico mensaje a los discípulos, y a todos aquellos que le quisieron oír. Les pidió varias veces –como en esta ocasión—que fueran servidores y que no buscaran ser servidos. Les avisó que Él no tenía donde reposar la cabeza. No tenía el menor sentido de aplicar la fuerza –cosa que los políticos saben hacer muy bien–, aconsejándoles que pusieran la otra mejilla, ante la primera bofetada y que dieran el manto a quien les pidiera la capa. Les lavó los pies y les pidió, en definitiva, amor entre ellos. Pero nada, todo el mundo seguía pensando en términos políticos, en posición de poder y más poder. Incluso, también los de Emaús cuando refieren lo ocurrido en Jerusalén esos días de la Pasión, hablan del no reconocimiento de las autoridades hacia Jesús y para nada de su misión, ni de su doctrina. Reconocen su fuerza como profeta, pero ni siquiera su amor por todos. 

3.- Es verdad que todo cambió con la llegada del Espíritu Santo y que, incluso, Jesús se tuvo que aparecer a Pablo de Tarso y así buscar un refuerzo al grupo de los doce. Entonces, Jesús ¿fracasó verdaderamente? No. En realidad, fracasaron sus coetáneos que no supieron ver quien era Jesús de Nazaret y la felicidad que les traía de parte de Dios Padre. Es verdad que era difícil entenderle. Decía lo contrario de lo que la cerrada sociedad judía de tiempos de Jesús había enseñado a sus hijos. Si hubiera traído mensajes de conquista, o de convencimiento dialéctico y político, pues tal vez a Jesús de Nazaret le hubieran ido mejor las cosas, pero…hablaba como solo Dios puede hablar, respetando la libertad de todos y no practicando engaños para convencer; buscando un reino de amor en el que todos iban a ser iguales, mostrando la felicidad de las profecías pacíficas de Isaías. Cierto, también, que los libros del profeta hablaban de la profecía del Siervo de Yahvé, apenas conocida por los contemporáneos de Jesús –que hemos escuchado en las lecturas de hoy–, y que es una descripción muy ajustada de lo que fue la Pasión de Nuestro Señor. 

4.- De todas formas, y si somos sinceros, debemos disculpar a los discípulos y a los apóstoles, porque si a nosotros, hoy, alguien nos viniera contando las mismas cosas que decía Jesús, no le haríamos caso, ningún caso. Preferimos nuestro dinero, nuestra casa calentita, nuestro refrigerador bien lleno de comida, aunque sepamos que fuera la gente se muere de hambre. No somos capaces, ni siquiera de recibir bien a los emigrantes y los que trabajan lo hacen porque cobran menos, mucho menos. Pienso incluso que, partiendo del conocimiento de la doctrina de Jesús –algunos casi se sabrán los evangelios de memoria—si alguien expusiera en nuestras calles una doctrina idéntica a la que enseñaba –intentaba enseñar—Jesús de Nazaret entre sus paisanos, le enviaríamos directamente a la cárcel o al manicomio. 

5.- Hay en las lecturas de hoy una concreción litúrgica de la misión de Jesús que me parece fundamental y maravillosa. Me refiero al fragmento que hemos escuchado de la Carta a los Hebreos El autor de esa epístola nos muestra a Jesús como conocedor de la condición humana, de sus sufrimientos, de sus limitaciones y es mediador ante Dios. Y es que no solo murió por nosotros, sino que nos ayuda en los pasos de la vida. Jesús nos entiende porque es como nosotros, salvo en el pecado. Y comprende nuestras infidelidades, egoísmos y la permanente dureza de nuestro corazón. También, claro está, saber ver la generosidad de muchos hermanos y el camino de seguimiento que ellos realizan de la forma de entender el mundo que tiene Jesús de Nazaret y que nos lleva enseñando desde hace 20 siglos. Ahí está, por ejemplo, Teresa de Calcuta, servidora de los pobres que nadie quería. O de Teresa del Niño Jesús, que es patrona de las misiones y eso que nunca salió de su convento y de tantos otros que son ejemplo de lo que es el reino. 

6.- No olvidemos hoy que es la Jornada Mundial de las Misiones –el DOMUND— y que hay muchos hermanos que lo abandonan todo para servir a los más pobres. Porque, realmente, hoy el servicio principal de los misioneros en enseñar con el ejemplo de la pobreza. Primero intentan paliar en lo posible la pobreza e indigencia de los que sirven. Y después les hablan de que hubo uno como ellos, tal vez un poco fracasado como ellos, que habló de amor, de ayuda, de paz y de verdad. Tengamos en cuenta a los misioneros y misioneras que se parecen más a Jesús que nosotros. Eso parece claro. Sabemos que las misiones tienen grandes intercesores en cielo. Qué Santa Teresa del Niño Jesús y San Francisco Javier y la Beata Teresa de Calcuta hagan muy grande esta jornada de hoy dedicada a las misiones y a los misioneros… 

No está mal, pues, que sepamos escuchar a Jesús y que le entendamos. Tenemos completa su historia y su misión en los Evangelios. No podemos hacernos los sordos o los desmemoriados. Sabemos lo que Él quiere. No le dejemos fracasar, por favor, ahora, otra vez. 


LA HOMILIA MÁS JOVEN 


AMBICIÓN 

Por Pedrojosé Ynaraja 

1.- La mayoría de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os toca asistir de cuando en cuando a algún entierro. Lo hacéis porque con el difunto, o con su familia, manteníais alguna relación de amistad o simple vecindad. Es de buen ciudadano acompañar al afligido en sus malos momentos. Es de buen cristiano unirse a la pena, compartirla y dirigir una oración a Dios por quien ha sufrido. Ahora bien, cuando el fallecido es un amigo íntimo o un familiar próximo, la cosa es diferente. Su dolor, su pesar, lo sentís, lo sentimos todos, como algo propio y os duele en lo más íntimo de nuestro ser. 

2.- El comentario lo he redactado como un acontecimiento visto desde una perspectiva temporal y geográfica, cambia, o debiera cambiar totalmente, si quien ha sufrido y quien comparte el dolor, la Fe de ambos que la profesan es auténtica y los vínculos son estrechos y profundos. A los sentimientos comunes, se le añaden múltiples preguntas que nos impacientan. Nuestro interior se retuerce y acongoja, por grande y sincera que pueda ser la Esperanza. 

3.- El relato de Isaías que se proclama como primera lectura este domingo, habla de una tortura y de que de sus consecuencias, se sigue un bien para muchos. El siervo al que alude el profeta no es otro que Jesús, Señor Nuestro, los beneficiados somos nosotros. Cargará con los delitos de todos, para aligerar sus penas. Las nuestras. Os pido que por unos momentos cerréis los ojos, olvidéis las imágenes, pinturas o esculturas, que durante vuestra vida hayáis visto, que tal vez vuestra memoria las tenga archivadas y os sintáis incorporados a la Pasión del Señor. Es NUESTRO Señor el que es torturado, nosotros no somos espectadores conmovidos, somos los beneficiados. Su suplicio y su angustia y zozobra, no es casual, ni procesal, es medicina espiritual que a nosotros nos remedia. 

Un inmenso agradecimiento nos debe embargar, si somos honrados y consecuentes con nuestra Fe. El contenido de la segunda lectura de hoy lo debemos asimilar con el estado de ánimo que os he descrito antes. Aumenta, se realiza en tono mayor. Conmueve. Anima a la conversión, sea cual sea la cantidad de nuestros pecados. 

4.- Cambio de tercio. – Si sois estudiantes, y aunque no lo seáis también, si estáis enrolados en la dinámica de nuestro mundo actual, quienes dirigen y quienes mandan, quienes pretenden, o así lo dicen, mejorar y mejoraros, os invitan a ser emprendedores. Es una de las consignas del hoy nuestro, capitalista y egoísta. Os empujan y calculáis posibilidades y riesgos para vuestro futuro. Empezáis, o continuáis compitiendo, puesta la vista en superar a los demás. A triunfar, a que sea reconocido vuestro valer, que pensáis es superior al de los demás. No es actitud nueva. Los dos apóstoles predilectos, discutían, ambicionaban, querían ser los más entre los demás. Aunque el texto que proclamamos hoy no relate el estado de ánimo que os decía, otros evangelistas sí que se refieren a ello. Hoy se limita a decirnos que ellos le solicitan que cuando llegue el momento, quieren ser los miembros exclusivos de su staff ¡anda ya! ¿tiene suficiente o ambicionan más? El Maestro no les recrimina, es muy humana su avidez. 

5.- Pueden ser egoístas pero al menos son sinceros. Y con sinceridad Él les advierte. Les habla de las condiciones que cuentan en su Reino. Imprudentes ellos, se declaran precipitadamente dispuestos a todo. La ignorancia siempre es atrevida. Abandona el Señor la descripción iniciada y desplaza su futuro a la voluntad y sabiduría del Padre suyo y Padre de ellos. 

6.- La reflexión que viene a continuación es muy actual. El poder y el mando inclinan a la corrupción, todo el mundo lo sabe y hasta llega a aceptarlo. En todos los sitios pasa igual. En todos los sitios cuecen habas, dice el proverbio. Pues no, no debe ser así, pese a que no se estile otra cosa. En su Reino, que será de Amor y Comunión, debe imperar el servicio y la humildad. 

Se pone Él como ejemplo. Lo debemos contemplarlo nosotros como testimonio a seguir, mis queridos jóvenes lectores. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *