Lectio Divina Dom. 22° T.O.

Lectio Divina Dom. 22° T.O.

Evangelio según Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?” (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: “¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.

Después, Jesús llamó a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro; porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.
 

Meditación del Papa Francisco  

Así parece que sí. En la historia esta cercanía de Dios a su pueblo ha sido traicionada por esta actitud nuestra, egoísta, de querer controlar la gracia, comercializarla.  

Recordemos los grupos que en el tiempo de Jesús quería controlar la gracia: los fariseos, esclavos de las muchas leyes que cargaban sobre las espaldas del pueblo; los saduceos, con sus compromisos políticos; los esenios, buenos, buenísimos, pero tenían mucho miedo y no arriesgaban, terminaban por aislarse en sus monasterios; los zelotes, para los cuales la gracia de Dios era la guerra de la liberación, otra manera de comerciar la gracia. 

Pero, la gracia de Dios es otra cosa: es cercanía, es ternura. Esta regla sirve siempre. Si tú en tu relación con el Señor no sientes que Él te ama con ternura, aún te falta algo, aún no has entendido qué es la gracia, aún no has recibido la gracia que está cercana. 

Recuerdo una confesión de hace muchos años, cuando una mujer se maceraba sobre la validez de una misa a la que asistió un sábado por la tarde para una boda, con lecturas distintas de las del domingo. Esta fue mi respuesta: “Pero, señora, el Señor la ama mucho. Usted ha ido allí, ha recibido la comunión, ha estado con Jesús… Esté tranquila, el Señor no es un comerciante, el Señor ama, está cerca. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2014, en Santa Marta).

1.- LA MISIÓN DEL CRISTIANO, COMO LA DE SAN JUAN, ES FACILITAR A LAS PERSONAS EL ENCUENTRO CON CRISTO 

Por Gabriel González del Estal 

1.- Escribió en una tablilla: “Juan es su nombre”. En el mundo judío el nombre de una persona quería indicar el destino y la misión con la que esa persona había venido al mundo. Todas las personas, pensaban, somos enviadas al mundo por Dios con una misión. No nacemos para nada, nacemos para cumplir la misión que Dios nos ha encomendado. En este sentido, podemos decir que nuestra misión es nuestra vocación: Dios nos ha llamado a la vida para cumplir una misión determinada. Todos tenemos vocación para algo; todos estamos llamados a la vida para algo. En el caso de la fiesta que hoy celebramos el nombre de Juan se refiere a la misericordia de Dios con Zacarías e Isabel, al concederles el favor de engendrar un niño cuando ellos ya eran ancianos. El nombre de Juan significa: Dios ha mostrado su favor, Dios es misericordioso, Dios se ha apiadado. Como sabemos, la misión de Juan, su vocación, fue la de ser precursor de Jesús, del Mesías, y Juan Bautista cumplió su misión con fidelidad y entrega, fue fiel a la vocación que Dios le había dado. El ejemplo de San Juan Bautista, desde su nacimiento hasta su muerte, debe incitarnos a nosotros a descubrir nuestra vocación y a ser fieles a ella. En nuestro caso, nuestros nombres no han querido indicar, en su origen, la misión o la vocación con la que Dios nos ha traído al mundo. Generalmente, a muchos de nosotros nos eligieron nuestro nombre por motivos familiares, o por el santo del día. Pero todos nosotros hemos nacido con una misión bajo el brazo. Descubrir esta misión desde pequeños es una tarea importantísima para el futuro desarrollo de nuestra personalidad. Y más importante aún es ser fieles a la misión o vocación que con la que Dios nos ha traído al mundo. No es necesario pensar que nuestra misión tenga que ser algo grandioso o socialmente importante, es suficiente con que sea importante para nosotros y buena para los demás. Todos estamos llamados a colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más buena; esa ya es una misión digna e importantísima, esforcémonos en ser fieles a ella. Tratando de imitar a san Juan Bautista, todos los cristianos nacemos con la misión de facilitar a los demás el acceso a Cristo. Ser pregoneros, mensajeros, catequistas de la vida y evangelio de Jesús. Esta será una buena manera de celebrar con dignidad la fiesta de la natividad de San Juan Bautista. 

2.- El Señor me llamó; en las entrañas maternas pronunció mi nombre. Este texto pertenece al segundo canto del profeta Isaías sobre el “Siervo de Yahveh”. Aunque los que se dedican a estudiar estos temas no acaban de ponerse de acuerdo sobre la identificación del “Siervo de Yahveh”, nosotros, los cristianos, hemos querido ver reflejada en este canto la figura de Jesús de Nazaret. Él fue el que, fiel a la misión que el Padre le había encomendado, se convirtió en “luz de las naciones, para que la salvación de Dios alcanzara hasta el confín de la tierra”. Aquí vemos cómo ya, en tiempos del profeta Isaías, se hablaba de la salvación de Dios no sólo para el pueblo de Israel, sino para todo el mundo. Nuestra religión es católica, universal, y nuestra misión, nuestra vocación, es ser mensajeros de la universalidad de la misericordia y del amor de Dios para todas las personas. Para eso pronunció el Señor nuestro nombre cuando aún estábamos en las entrañas maternas: para predicar, con nuestra palabra y con nuestro ejemplo, el evangelio de una salvación católica y universal, el evangelio de Jesús de Nazaret. 

3.- Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión. Como del bautismo de Juan ya hemos hablado en otros momentos del calendario litúrgico, bástenos ahora animarnos mutuamente a llevar a cabo la perfección de nuestro bautismo, un bautismo que no fue sólo de conversión, sino de gracia y de Espíritu Santo. 

2.- LA BELLA MISIÓN DE SER CAMINO 

Por José María Martín, OSA 

1. – “Se le cumplió el tiempo”. Al celebrar la natividad de San Juan Bautista, coincidiendo con el solsticio de verano, la Iglesia quiere subrayar la trascendencia del «Precursor» en la preparación del «camino de Señor». El evangelio de Lucas que hoy se proclama comienza con la expresión “se cumplió el tiempo”. Nos recuerda que esta realidad no solamente sorprende a Isabel embarazada, sino que revela también algo del proyecto de Dios. En el evangelio Jesús habla del cumplimiento de los tiempos, especialmente en evangelio el de Juan. Dos de estos momentos son las bodas de Caná y la agonía en la cruz, donde Jesús proclama que “todo está cumplido”. En el cumplimiento de los tiempos Jesús inaugura una era de salvación. El nacimiento de Juan Bautista estrena este tiempo de salvación. Él, de hecho, a la llegada del Mesías, se alegra y salta de gozo en el vientre de Isabel su madre. 

2.- Un nombre, una misión. El nombre personal que recibe el niño tiene una gran importancia por el hecho de que es Dios mismo el que lo atribuye: fue así en el caso de Jesús y en el de Juan Bautista. Dar un nombre es, por tanto, dar una vocación, una misión y los dones adecuados para desempeñarla. El hijo no se llamará como su padre Zacarías, sino Juan. Zacarías nos recuerda que Dios no olvida a su pueblo. Su nombre significa “Dios recuerda”. Su hijo, ahora no podrá ser llamado “Dios recuerda”, porque las promesas de Dios se están cumpliendo. La misión profética de Juan debe indicar la misericordia de Dios. Él, por tanto, se llamará Juan, o sea, “Dios es misericordia”. Esta misericordia se manifiesta en la visita al pueblo, exactamente “como lo había prometido por boca de sus santos profetas de un tiempo”. El nombre indica por esto la identidad y la misión del que ha de nacer. Zacarías escribirá el nombre de su hijo sobre una tablilla para que todos pudiesen verlo con asombro. Esta tablilla evocará otra inscripción, escrita por Pilatos para ser colgada en la cruz de Jesús. Esta inscripción revelaba la identidad y la misión del crucificado: “Jesús Nazareno rey de los Judíos”. También este escrito provocó el asombro de los que estaban en Jerusalén por la fiesta. 

3.- ¿Quién será este niño? Hay algo que el evangelista deja bien claro: «la mano de Dios estaba con él». En las lecturas de hoy recorremos diversos episodios de esta persona singular: nacimiento, circuncisión, imposición del nombre, manifestación a todos sus familiares y vecinos, en el evangelio; comienzo y desenlace de su misión como Precursor, en el discurso de Pablo de los Hechos de los Apóstoles. Cada momento de su vida es una enseñanza de cómo Dios actúa en favor del hombre. Nacido de una gran misericordia en una mujer estéril, es circuncidado para destacar su conexión con el pueblo elegido –será el último profeta del Antiguo Testamento. Retirarse al desierto puede parecer la evidencia de un fracaso de una huida. Pero no. Juan no huye por miedo, sino porque quiere prepararse para su misión, «ser el Precursor». Muchas personas reciben la misión de «ser camino», de preparar a los demás para que se realicen como personas. Puede parecernos que su labor es insignificante, pero las personas más importantes de nuestras vidas son aquellas que, calladamente, sin protagonismos, nos han ido ayudando en nuestro crecimiento como personas o como creyentes: nuestros padres, nuestros maestros, nuestros catequistas… ¡Qué misión tan hermosa la de ayudar a otros a descubrir la inmensidad de la bondad de Dios! Así fue Juan «el Bautista», el anunciador de «la misericordia de Dios». 

4.- Nos enseña Juan a cumplir con la misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida. Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días… 

5.- JUAN FUE FIEL A LA MISIÓN QUE DIOS LE HABÍA ENCOMENDADO 

Por Antonio García-Moreno 

1.- EL ORGULLO DIVINO.- El profeta va dibujando en Is 49 la figura del Siervo de Yahvé, y a través de diversos poemas va trazando los perfiles de ese personaje que ha de salvar al pueblo de Dios. Hoy nos dice que ese Siervo es el orgullo de Yahvé, su mayor motivo de gloria. Se refiere a Cristo, al Verbo encarnado, a Jesús de Nazaret, él es, efectivamente, el mayor reflejo de la grandeza de Dios, es su imagen perfecta, es la manifestación mejor conseguida del amor divino, ese que nos tiene el Padre eterno. 

Y nosotros, los cristianos, como Juan el Bautista hemos de ser testigos de Jesús, sobre todo plasmando en nuestras vidas la figura entrañable de Cristo. Ser también manifestación del amor de Dios y motivo de orgullo para el Señor. Para conseguirlo sólo tenemos un camino, el de identificarnos con Cristo. Hemos de esforzarnos para imitarle, para vivir como él vivió, para morir como él murió, para ser como él es: reflejo de la bondad de Dios, orgullo del Padre eterno. 

El Siervo de Yahvé congregaría al resto de Israel, a lo que había quedado de la casa de Jacob, aquellos hombres desperdigados por el mundo entero, aquellos que habían conservado en sus corazones la sencillez y la esperanza. Son los que la Biblia llama «pobres de Yahvé». Pero Cristo no se limitaría a reunir a ese «resto» preanunciado por los profetas. Él vino con una misión universal, él será, es la luz para todas las naciones. Y entre todos los pueblos habrá muchos que sigan a Cristo, atraídos por la luminosidad de su palabra. 

También en esto hemos de asemejarnos a Cristo. Siendo como luces encendidas en medio de nuestro oscuro mundo. Y es que la misión de Cristo se prolonga en los que le siguen. Los que creemos en él somos, hemos de ser, una llamada a la esperanza. Y así cada cristiano que viva seriamente sus compromisos será como un punto de luz. De esta forma, todos encendidos, construiremos un mundo mejor, iluminado por el resplandor del amor de Cristo. 

2. EL CORDERO DE DIOS.- Las orillas del Jordán bullían de muchedumbres venidas de todas las regiones limítrofes. La fama del Bautista se extendía cada vez más lejos. Su palabra recia y exigente había llegado hasta las salas palaciegas, hasta el castillo del rey a quien recriminaba públicamente su conducta deshonesta. Al Bautista no le importó el peligro que aquello suponía. Por eso hablaba con claridad y con valentía a cuantos llegaban. A veces eran los poderosos saduceos, en otras ocasiones fueron los fariseos pagados de sí o los soldados que abusaban de sus poderes. Para todos tuvo palabras libres y audaces que denunciaban lo torcido de sus conductas y que era preciso corregir. Qué buena lección para tanto silencio y tanta cobardía como a menudo hay entre nosotros. 

Juan fue fiel a la misión que se le había encomendado: preparar el camino al Mesías. Ello supuso el fin de su carrera, dar paso a quien venía detrás de él, ocultarse de modo progresivo para que brillara quien era la luz verdadera. Sí, el Bautista aceptó con generosidad su papel secundario y cuando llegó el momento se retiró, no sin antes señalar con claridad a Jesús como el Mesías anunciado, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

Desde entonces su figura ha quedado vinculada a la del Cordero. Un título cristológico que encierra en sí toda la grandeza del Rey mesiánico y también su índole kenótica o humillante. El Cordero es, en efecto, la víctima inmolada en sacrificio a Dios que Juan contempla en sus visiones apocalípticas desde Patmos. Así en más de una ocasión nos presenta sentado en el trono a ese glorioso Cordero sacrificado, ante el que toda la corte celestial se inclina reverente, y canta gozosa y agradecida. 

Por tanto, es a Jesucristo, víctima inmolada y Señor glorioso, al que se representa con el Cordero. Todo un símbolo que se repite una y otra vez, sobre todo en la liturgia eucarística, para que en nuestros corazones renazca el amor y la gratitud, el deseo de corresponder a tanto amor como ese título de Cordero de Dios implica. Es, además, todo un programa de vida, un itinerario marcado con decisión y claridad por los mismos pasos de Jesús. Aceptemos, pues, la parte de dolor y de sacrificio que nos corresponda en la vida y en la muerte. Ofrezcamos nuestros cuerpos como víctima de holocausto que se quema, no de una vez sino día a día y momento a momento, en honor y gloria de Dios. Si vivimos, así la esperanza renacerá siempre en medio de las dificultades, nos sentiremos vinculados al sacrificio de Cristo y, por consiguiente, asociados también a su triunfo. 

4.- ¿SOMOS DEDO DEL SEÑOR? 

Por Javier Leoz 

Uno de los hándicap existentes para el encuentro cara a cara, entre Dios y el hombre de hoy, son las innumerables barreras que se levantan ante nosotros: sociológicas, ambientales, económicas, culturales, o ideológicas: condicionan muchísimo a la hora de ejercer la libertad religiosa en la actualidad. 

1.- San Juan Bautista es un “rompe-muros”. Nos hace tomar conciencia de nuestras propias fragilidades. De aquello que nos separa o distancia del Señor. Acercarse a este personaje es arriesgarnos a sentirnos provocados por su estilo de vida. Es abrir los ojos hacia el futuro marcado por Dios y desde Dios. 

-“Convertíos” era la palabra preferida y profética del precursor. ¿De qué? ¿Por qué? ¿Hacia quién? Son las respuestas de la coyuntura que nos rodea. 

-Regresar de una vida fácil y cómoda. Su desierto, para nosotros, es una interpelación muy seria a retirarnos de vez en cuando a esos espacios de silencio y de reflexión donde pueda hablarnos con todas las consecuencias Dios. 

-Retornar del desencuentro con Jesús. Pensamos que ya lo tenemos. Que, nuestra fe, ya está totalmente resuelta con unas prácticas más o menos piadosas. Pero ¿hemos abrazado a Cristo con todas las consecuencias? 

-Escaparnos de la grandeza. Juan llevó una vida austera y sencilla. Su forma de vida contrastaba, y denunciaba, aquellas otras que estaban montadas sobre la riqueza o la simple apariencia. 

2.- San Juan Bautista es el último gran profeta del Antiguo Testamento. Aquel que, con valentía y comprometiendo su propia sangre, apuntó con su dedo, con sus sentimientos, obras y con su Palabra al Salvador. 

¿Somos nosotros testimonio vivo y real del Señor? ¿Lo señalamos con el índice de nuestra vida cristiana? ¿Cuándo se nos exige dar razón de Él, lo damos a conocer o instalamos la sordina de la vergüenza o timidez? ¿Somos camino o laberinto para que otras personas puedan llegar a la comprensión y encuentro de Jesús? 

3.- La Nueva Evangelización no depende tanto de lo que la Iglesia a nivel institucional proyecte, piense, haga, diga o plantee sino de los cristianos de a pie (especialmente las familias) que demuestren una actitud valiente, constante y decidida para trasmitir la fe. 

**Hoy, muchos padres, han dejado de señalar con su dedo al cielo. Nos encontramos con hijos que viven perdidos en el desierto de la incredulidad. No porque ellos lo hayan elegido sino porque, nadie, les ha hablado de Aquel que es Hijo de Dios, nació en Belén, murió en Jerusalén y al resucitar nos dio vida nueva. 

**Hoy, muchos religiosos y sacerdotes, tenemos miedo a predicar la austeridad, el evangelio sin remiendos, la autenticidad de la Iglesia, el vigor del Evangelio ante una sociedad caprichosa y decadente 

**Hoy, muchos medios católicos, dejan de ser referencia y altavoz de los valores evangélicos y los silencian por temor a perder clientela o por ser tachados de confesionales. 

4.- Por ello mismo, San Juan Bautista, nos espabila y nos pone en el lugar que nos corresponde: ¡CONVERTÍOS! Adentrémonos por el camino de Jesucristo. Que nadie nos aparte de Él. Y en las pequeñas cosas, sembrando de nuevo el Evangelio, podemos ser más grandes que el mismo Juan. Y no lo digo yo…lo dice el mismo Jesucristo. 

5.- QUE YO, SEÑOR, TAMBIÉN TE ANUNCIE 

Por mis senderos y mis  propias calles 

llevando a los que me rodean  a tu CAMINO 

y te conozcan y te amen 

al igual que yo lo hago  contigo. 

Que en medio de tantos  desiertos 

de los que te buscan y no te  encuentran 

de los que andan perdidos y  no quieren dar contigo 

de los que te conocieron y  te olvidaron 

nunca me eche atrás, oh  Señor, 

y siga siendo heraldo de tu  Evangelio 

pregonero de tus gracias y  de tu presencia 

altavoz de tus verdades  grandes y ciertas 

QUE YO, SEÑOR, TAMBIÉN TE  ANUNCIE 

Con mis palabras, pero sobre  todo, con mi vida 

Con mi alegría, pero ante  todo, con mi corazón 

Con mi fuerza, pero siempre,  con tu Espíritu 

Con mi convencimiento, pero  con tu auxilio 

QUE YO, SEÑOR, TAMBIÉN TE  ANUNCIE 

Que sea profeta en este  mundo incierto 

en el que sobra la  palabrería 

y echamos en falta palabras  de amor y de consuelo 

Que sea un pequeño profeta,  oh Señor, 

y, como Juan Bautista,  comunique tu llegada 

que, hoy y aquí, sigues vivo  entre nosotros 

empujando y sosteniendo a tu  Iglesia 

alimentando las esperanzas  de tu pueblo 

dando testimonio de que, Tú,  eres el Hijo de Dios. 

Tú, Cordero de Dios, que  vienes a salvarnos 

bendícenos con tu mano  siempre abierta 

y que, lejos de fatigarnos,  

nos des la fuerza del  Espíritu Santo 

para seguir siendo voces de  tu Reino. 

Amén. 

5. – JUAN: LA ELECCIÓN DE DIOS 

Por Ángel Gómez Escorial 

1. – Estamos ante una coincidencia del calendario. El Día de San Juan Bautista, 24 de junio, cae este año en domingo y entonces celebramos su fiesta con la Solemnidad que nos marca la Liturgia. Y merece la pena. Juan el Bautista es uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de la Sagrada Escritura. Desde el seno de su madre, ya tenía prevista su misión. El Evangelio de San Lucas recoge el momento de ponerle nombre. Con anterioridad Lucas ha contado como el sacerdote Zacarías, al tocarle turno para entrar en el santuario a ofrecer incienso supo que el Señor había escuchado sus oraciones para librar a su mujer de la esterilidad. Un ángel le esbozo el destino y misión de su futuro hijo. Dudó y fue castigado con la mudez. Pero cuando el niño recibió el nombre, volvió a hablar. Nació, pues, Juan con su nombre y su misión ya establecidas por Dios. 

2. – Hay otro episodio y hermosísimo en el evangelio de Lucas que es la Visitación. Cuando María, que acaba de recibir al Arcángel Gabriel y sabe que va a ser la Madre de Cristo, recorre un largo y abrupto camino para visitar a su prima encinta. El niño, Juan, al oír que la Madre de Dios acude cerca de Isabel, salta en su seno. Es también un encuentro prodigioso en el que se ve la importancia de lo que esos dos niños acometerán 30 años después: nada menos que reconciliación entre Dios y los hombres, tras el pecado original de Adán y Eva. Nada sabemos de los años posteriores de Juan. Apenas, asimismo, habla el Evangelio de la infancia y la primera juventud de Jesús. Juan, debió retirarse muy joven al desierto a prepararse. Su forma de vivir y de vestir hace pensar que allí encontró refugio durante muchos años. Se encontrarían, después, en el Jordán. Juan sabe que es Jesús el que espera el pueblo de Israel y el mismo. Es el Espíritu quien se lo ha comunicado. La Escritura parece querer decirnos que no se conocían, que el vínculo familiar –eran primos— se había olvidado. 

3. – Pero la liturgia de hoy quiere resaltar, sobre todo, la elección de Dios para esa misión que tendrá Juan que acometer, incluso aunque no quisiera. Así marca Dios a sus elegidos. El fragmento del capitulo 49 de Isaías diseña perfectamente esa misión. El Salmo 138, con su respuesta de elección portentosa, es lo mismo. A todos, Dios nos ha hecho igual, pero el elegido sabe de ello, sabe como ha sido. Reconoce la cercanía de Dios y su presencia indeleble para llevar a cabo la misión encomendada. Pablo, protagonista del relato del capítulo 13 de los Hechos de los Apóstoles, asocia perfectamente la elección de Dios en Juan, para predicar la llegada de su Hijo. 

4. – Tuvo que ser muy relevante la misión de Juan el Bautista. Llegó a ser conocido y popular. El mismo Herodes le temía. Aunque muriera, después, por la debilidad del tirano. Sus discípulos fueron muy numerosos y de ellos iban a salir algunos de los que acompañarían a Jesús en su ministerio. Fue el caso de Juan y Andrés, que dio lugar a ese bello pasaje del Evangelio de Juan, cuando ellos dos siguen al Maestro. Y al volverse Él a mirarlos, le preguntan: “donde vives Señor” En fin, Juan supo además comprender –aunque con dudas— que era inferior al que precedía. Había recibido una misión, pero también una revelación directa, todo ello procedente del Señor. Supo descubrir al “Cordero de Dios que quita el pecado del Mundo”. Fue Juan el último profeta del Antiguo Testamento. Y el mismo fue frontera entre lo Antiguo y lo Nuevo. 

5. – Jesús de Nazaret, Dios hecho hombre, también recibió del Padre una misión. Y la llevó a cabo con la misma entrega y determinación de todos los que han sido ungidos por el Señor. La misión de Jesús fue única e incomparable. Iba a ser altar, víctima y sacerdote ante Dios Padre, como inconmensurable sacrificio de reparación en nombre de todo el género humano. Pero en su condición de Hombre Verdadero fue arrebatado por dios a cumplir su misión. Por ello, hoy, todos deberíamos meditar sobre cual es la misión que Dios nos encomienda. Hemos de descubrir la elección portentosa que, sin duda, ha hecho en todos y cada uno de nosotros. Y es que Dios necesita de nosotros para seguir construyendo la Redención que inició su Hijo. Descubramos pues cual es nuestra misión. 

LA HOMILIA MÁS JOVEN 

LA ELOCUENCIA DEL VACIO 

Por Pedrojosé Ynaraja 

1.- Evoco a Juan el Bautista durante mis viajes por Tierra Santa en diversas ocasiones. Evidentemente, tanto si voy por mi cuenta como si voy acompañado, el lugar preferente es la iglesia del natalicio de Juan, en Ein-Karen. Tradicionalmente se cuenta que su madre, al acercarse el parto, se alejó del pueblo y se refugió a las afueras y allí, en el lugar que una estrella de mármol hoy lo indica, allí nació. Os lo digo con sinceridad, mis queridos jóvenes lectores, en una ocasión, pasé unos cuantos días acogido por la comunidad franciscana y fueron tan felices y tan provechosos, que me acuerdo más de esta experiencia que de que me crea que precisamente allí y porque le daba vergüenza, fuera precisamente donde nació. Me impresiona la humilde tumba de su madre. No recuerdo que en el recinto haya adornos, la soledad del interior es la expresión más elocuente de lo que fue la historia del Precursor. 

2.- Hoy la gente adorna su domicilio y su vehículo, muestra sus dotes, derrocha simpatía sin límites, si es capaz, se muestra elegante, se jactancia de sus títulos académicos, de sus trofeos y medallas conseguidas etc. todo lo contrario de lo que fue el comportamiento de nuestro protagonista. 

3.- También procuro sentarme en el suelo de lo que fue el pavimento de la basílica que en su honor levantaron los cruzados y que, según dicen, en aquel lugar fue donde lo enterraron sus discípulos. La ausencia de cualquier monumento, vuelvo a repetir, es elocuencia de lo que fue el Bautista. 

4.- Por fin, evidentemente, en Maqueronte, allí donde murió. Pese a que no he podido visitar el lugar exactamente, he pasado a muy pocos metros de distancia, me he detenido, meditado y fotografiado las ruinas que todavía quedan. No he podido dejar de pensar en su valentía, en su coraje, en la sinceridad con que siempre se dirigió a los que acudían a escucharle. Allí solo, víctima de la inquina de una mujer ambiciosa, consecuencia de su capricho y la vanagloria de su hija que danzó para complacer a los oficiales de aquel cuartel-castillo, sin ningún consuelo, estúpidamente, se le decapitó. 

5.- Nunca olvido que ya antes de nacer, el inquieto Precursor, pretendió anunciar a su madre que en su seno todavía lo llevaba, que quien se acercaba era alguien insólito, que merecía la mayor atención. Pero hay que reconocerlo, en la iglesia de la Visitación, donde dicen que ocurrió el encuentro entre Isabel su madre y María familia suya, el protagonismo pertenece a Ella y su canto escrito en multitud de idiomas, el Magnificar, atrae más la atención que sus brincos silenciosos por agitado que fueran. 

6.- Cambio de tercio. Pocos santos gozan de la gloria de que la liturgia que en su día se celebra, tenga la categoría de solemnidad y solo San Juan tiene el privilegio de que se oficie dos días, el de su nacimiento y el de su martirio. Los textos de la misa de hoy se han escogido en virtud de su llegada al mundo, pero en función de cómo se inició su prodigiosa historia. 

7.- La primera lectura es un texto de Isaías en que el profeta se siente favorecido desde el seno de su madre. Esta convicción, por aquel entonces, sonaría a imaginación, hoy nos cuesta mucho menos de aceptarla al pie de la letra. Se trata de reconocer que nuestras cualidades y privilegios se iniciaron antes de salir del seno materno. Siquiatras, sicoanalistas y neurólogos, saben, o dicen saber, mucho de esto. La salud de la madre durante el embarazo, su alimentación y sus costumbres, preparan el papel que ha de jugar en el mundo la criatura que lleva en su seno. Un accidente, una simple caída, una infección, la polución ingrata que respira, según se dice hoy, pueden condicionar su futuro. 

8.- Nacida la criatura y dotada al principio de pocas facultades, tal vez solo la potestad de llorar y alimentarse y empezar a amar ingenua y diminutamente, a medida que avanza, su libertad, pequeña o grande, la respuesta a la llamada de Dios, fiel o rebelde, enriquecerán o perjudicarán el futuro de cada uno. 

9.- En el texto de Isaías reconoce que el Señor fue exigente con él, también que le augura un porvenir privilegiado. Cada uno de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, debe preguntarse: mi infancia, mi niñez, mi segunda niñez principalmente, cuando ya fui capaz de ser fiel o rebelde, de ayudar o de ser egoísta ¿cómo transcurrió? 

10.- Pero así como el que sufre una enfermedad puede dejarle secuelas incurables para toda la vida, no ocurre lo mismo respecto a la salvación. Si vuestros recuerdos no son buenos, no os desaniméis. No olvidéis que por lo que cuenta el evangelio, el llamado Dimas, el buen ladrón crucificado junto al Maestro, pese a la carga de una vida de ingratitud, pudo gozar de su compañía al llegar a su Reino, habiendo sido fiel muy poco rato. 

11.- Las palabras de Pablo que recoge sucintamente el texto de los Hechos de los Apóstoles, segunda lectura de la misa de hoy, son una breve filosofía de la historia, que expone a sus oyentes, para convencerlos de la salvación que nos procuró Jesús. En el brevísimo discurso menciona el apóstol a Juan y es que había sido muy famoso, gozó de gran prestigio y mereció la total confianza del pueblo. En este momento, y expresándome en términos taurinos, diría que el Bautista le dio la alternativa. Y se la dio porque tenía categoría para hacerlo, pero mostrándose con suprema humildad. No olvidéis que esta virtud entra a formar parte necesaria de los cimientos de toda vida espiritual. Y ahora cabe que os preguntéis ¿soy yo humilde como lo era él? 

12.- El evangelio de Lucas se refiere al momento del nacimiento del Bautista y a una facultad que tenían los padres de ponerle un nombre al hijo, que condicionaría toda su vida. Hoy los progenitores escogen a veces el del protagonista de una telenovela, o de un deportista de prestigio, o el que les suena bien después de intensa búsqueda en libros que anotan nombres de persona. Se escoge con frecuencia según criterios frívolos. No fue este el caso del Precursor. 

13.- Baladíes eran los vecinos de Ein-Karen. Los padres del que sería el bautista por excelencia, no. Ambos en este detalle, tampoco lo fueron. No obrarían según costumbre, le pondrían el escogido por Dios. Por lo que parece, el diálogo que sostuvo el padre en el santuario del templo, al adentrase para ofrecer, según las normas, el incienso señal de adoración, sus lógicas desconfianzas, le provocaron una mudez histérica, que curó de inmediato al oponerse a las habladurías y ser fiel al deseo de Dios. 

14.- Me lo confiaba un buen franciscano burgalés que entretenía sus pocos ratos libres modelando una imagen de Zacarías junto al santuario de la visitación en el mismo Ein-Karen: hay muchas imágenes de Santa Isabel, pero de Zacarías nadie se acuerda. Han pasado los años y he comprobado que tenía razón el buen fraile. Volverse parlanchín el mudo, asombró a los vecinos ¿de qué nos asombramos nosotros? ¿O es que vivimos ausentes de la presencia del Señor y desconocedores de sus deseos respecto a cada uno de nosotros? 

Nota.- Pedrojosé Ynaraja ha escrito en esta fiesta de San Juan Bautista el texto del Reportaje de la presente semana. Como es lógico los dos textos están relacionados y merece la pena leerlos conjuntamente. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *