Terremoto Haití. Misioneras relatan situación de “mucha miseria y necesidad”

Terremoto Haití. Misioneras relatan situación de “mucha miseria y necesidad”

Unicef afirma que casi 1,2 millones de personas, entre ellas 540 mil niños, se han visto afectadas por el fuerte terremoto que sacudió Haití el sábado. Hasta ayer, se confirma la muerte de más de mil 400 personas y 7.000 heridos. Entre los fallecidos se encuentran dos sacerdotes, y entre los heridos se contabiliza al cardenal Chibly Langlois.

Ciudad del Vaticano

Unicef señala en una nota que casi 1,2 millones de personas, entre ellas 540 mil niños, se han visto afectadas por el fuerte terremoto que sacudió Haití el sábado. En la nota se señala que los departamentos más afectados del Sur, Nippes y Grand’Anse se vean ahora afectados por la depresión tropical Grace, que está interrumpiendo aún más el acceso al agua, al refugio y a otros servicios básicos. El organismo señala además que las inundaciones y los corrimientos de tierra dificultan la situación de las familias vulnerables y compliquen el acceso de la ayuda humanitaria.

La respuesta humanitaria se ve complicada también por la violencia criminal y la inseguridad, según la nota de Unicef, la principal carretera de Puerto Príncipe al sur del país está controlada por las bandas.LEA TAMBIÉN17/08/2021

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Según la agencia Efe, la tormenta tropical Grace está azotando al país, las fuertes precipitaciones que ha producido el ciclón, han afectado a los servicios de rescate en la búsqueda de más damnificados y a más de 136 mil familias que se han quedado sin casa.

Hasta ayer, los informes oficiales confirman la muerte de más de mil 400 personas y 7.000 heridos. Han sido destruidas o dañadas más de 84 mil casas e infraestructuras públicas, incluyendo hospitales, escuelas y puentes.

La Iglesia solidaria con el pueblo haitiano

La Iglesia latinoamericana, así como la Iglesia universal, desde un primer momento ha mostrado su solidaridad, su oración y su disposición para ayudar a una población duramente castigada por la pobreza, la violencia, que provocó el asesinato del presidente del país el pasado 7 de julio, y ahora un terremoto que ha generado una gran destrucción, se lee en una nota del Celam.

La congregación de las hermanas del Inmaculado Corazón de María, fundada en Brasil por Bárbara Maix, está presente en Haití desde 1987. La congregación tiene dos comunidades en las regiones de Jeremie y en Okay,  la región donde tuvo lugar el epicentro del terremoto y donde las consecuencias han sido más graves, sembrando un panorama de muerte y destrucción.

En este momento son 4 religiosas, tres brasileñas, María Inés Alves Sampaio, Beloni Luiza Monfardini y Eni Teresinha Azambuja da Silva, y una haitiana, Estine Jean Charles. Hasta el momento son dos las religiosas haitianas que forman parte de la congregación. Junto a la hermana Estine, la hermana Maria Mirca Cineia, que estudia teología em Brasil y dos novicias haitianas, también residentes em Brasil en este momento: Dieula Samuel y Lourna Bony.

El terremoto sucedió en el momento en que las religiosas estaban desayunando y a pesar de que sus casas sufrieron graves destrozos, solo una de ellas se hirió levemente. La hermana haitiana Estine Jean Charles, que vive en Jeremie, relata la situación de destrucción y de muerte y la llegada de la tormenta tropical Grace, lo que dificulta la situación de la gente, que, según ella, “está en la calle, no tiene casa para dormir y ahora llega la lluvia y el viento”.

La religiosa afirma que las fuertes lluvias que azotan la zona, les impiden visitar a los vecinos y hospitales, que están abarrotados de heridos.  A esto se une, según la hermana Estine, la destrucción de las iglesias, inclusive de la catedral local, que se ha visto muy afectada.

Visitar y consolar ante tanta tragedia

La situación es bastante delicada en la región de Okay, informa la hermana María Inés Alves Sampaio, donde vive con la hermana Eni Teresinha Azambuja da Silva, ambas brasileñas. La gente aún se estaba recuperando del huracán Matthew, que en 2016 causó una gran destrucción. Los que habían reconstruido sus casas, ahora con el terremoto han visto como se volvieron a derrumbar, según la religiosa. Tras el terremoto, las dos religiosas han visitado a algunas familias, lo único que está a su alcance en este momento.

Según la hermana María Inés, falta todo, incluso agua y comida. Informa de la llegada de ayuda de Naciones Unidas, Estados Unidos y otros países, así como del sobrevuelo de varios aviones, una ayuda que aún no ha llegado a la población de la región donde viven las religiosas. La hermana habla de una situación de “mucha miseria, mucha necesidad”, insistiendo en que “ahora vendrá el hambre, porque desde el sábado la gente está sin poder trabajar, porque las mujeres y los hombres salen a trabajar todos los días, a cambio de lo que plantan en sus huertos para poder tener algo que comer”.

Acompañar la pastoral y la vida de la gente

El trabajo de las Hermanas del Inmaculado Corazón de María es la formación, acompañando a 4 jóvenes, y en el trabajo pastoral, visitando a las familias, trabajando con los jóvenes, el coro, las escuelas bíblicas, la formación de líderes de comunidades eclesiales de base, la agroecología para ayudar a los pequeños productores, la escuela de música, compartiendo la vida del pueblo haitiano.

Ante las consecuencias del terremoto y las catástrofes naturales que se han producido en Haití, “los desafíos también son muchos, por la miseria, la falta de todo”, dice la hermana María Inés. Según la religiosa, “se hace difícil incluso la parte de la evangelización, porque por la cuestión cultural, esperan mucho recibir ayuda de los extranjeros, y esto es un reto muy grande”.

La misionera brasileña dice que Haití “es un país que todavía no tiene los medios para caminar por sí solo, no ha logrado encontrar un camino. Las cuestiones económicas y políticas son muy complicadas, como hemos visto con lo que ha ocurrido recientemente con el asesinato del presidente”. En referencia a la labor de la Iglesia, la religiosa dice que “está más en línea con la administración de los sacramentos”, destacando la gran precariedad en la que vive la Iglesia haitiana.

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