Arzobispo de Lima: «La Iglesia está para servir, no para imponerse»

Arzobispo de Lima: «La Iglesia está para servir, no para imponerse»

El prelado hizo hincapié en la importancia de acudir a los vacunatorios para la pronta recuperación de toda la sociedad: «Por favor, no temamos, la vacuna es algo importante. La gente ha hecho esfuerzos en elaborar algo que sirva realmente para la salud de la gente».https://www.youtube.com/embed/CcPKCKU7R4U?feature=oembed

Comentando sobre el Evangelio de Marcos (6,7-13), Monseñor Castillo explicó que el Señor quiere que sus discípulos sigan un camino profético en comunidad. Al enviarlos de dos en dos, Jesús les encomienda la misión de situarse en cada casa para acompañar a las personas y levantarlas de sus problemas: «Dios quiso que los profetas salieran del corazón de la vida del pueblo sin necesidad de que tuvieran dinastía, sino que fueran gente del común, porque en la palabra sencilla de nuestro pueblo mora el Señor», acotó.

En ese sentido, el Primado del Perú reiteró la importancia de ser profetas y pastores capaces de recoger el sentir de la vida, especialmente en las situaciones de sufrimiento, en las búsquedas y los sueños de nuestro pueblo: «Nunca el Señor evade las situaciones difíciles, sino que sabe afrontarlas», añadió en su reflexión.

Recapitular en Cristo para suscitar la capacidad de amar en la gente.

El Arzobispo de Lima precisó que estamos llamados a ‘recapitular en Cristo’, es decir, poner a Dios como cabeza para que el mundo se reordene: «Cristo ha venido a contarnos y a vivir con nosotros el amor, para que nosotros también, como prolongación de su Cuerpo, podamos suscitar en la gente la capacidad de amar para que todo pueda recapitularse y unirse».

Hoy el Papa Francisco recordaba que el Sacramento de la Unción a los enfermos tiene su raíz en esta misión que encarga el Señor a los doce discípulos. En esa Unción de los enfermos no está solamente el óleo santo, está también la cercanía, el acompañamiento.

En otro momento, Monseñor Carlos afirmó que Jesús pone prioridad a la misión de espantar espíritus inmundos porque se vivía en una sociedad poseída por la enfermedad y el sufrimiento: «Si bien Dios no nos abandona y el Espíritu del Señor mora en las personas, existen en las sociedades modos de vivir donde se inculca la indiferencia y se abandona a la gente. Acabamos de ver cómo se puede cometer la vileza de entrar traicioneramente y matar a un presidente en Haití, o vemos esos asesinatos horribles que han ocurrido en Canadá por años. Esas cosas son los espíritus diabólicos que nos inundan a los seres humanos a pesar de que Dios nos ha creado a su imagen».

Nos endemoniamos cuando creamos organizaciones, estructuras, modos de actuar, modos de proceder violentos, destructivos, pesimistas, en donde todo aparece perdido y donde no hay ya ninguna esperanza.

Carlos Castillo manifestó que Jesús mandó a sus discípulos en comunidad para recuperar en nosotros la capacidad de ir a la hondura de lo que somos, para aprender a amar inclusive en las situaciones difíciles: «Es verdad que en nuestro país tenemos muchísima hambre, pero como decía Berdaiev: ‘Cuando yo tengo hambre es un problema material, cuando el Otro tiene hambre es un problema espiritual’. Y estamos llenos de millones de problemas espirituales porque todavía no se instala la justicia en nuestro pueblo», aseguró el obispo.

Monseñor Castillo recordó que la misión encomendada por el Señor consiste en hospedarnos en la casa de los desvalidos y llevando poco equipaje: «Los discípulos van solamente con un bastón para no caerse cuando suben a los cerros. Esto es muy importante porque nos recuerda que la Iglesia misionera no se basaba en el dinero, ni estaba viendo cómo hacer para ir a la mejor casa y comer rico».

Finalmente, el Arzobispo de Lima recalcó que la misión de anunciar el Evangelio debe realizarse de manera sencilla y sin imponerse: «No hay que estar, podríamos decir, imponiendo el Evangelio, no somos proselitistas. La Iglesia está para servir, ayudando a que los demonios se espanten. Y no se van a espantar los demonios si agarramos y nos metemos a la casa e imponemos las cosas».

Todos somos a imagen del Señor, nuestra mirada todavía es para adelante, nuestros brazos todavía son para abrazar. Y hechos a imagen del Señor, nosotros hemos de caminar hacia allí.

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