Lectio Divina Dom. 14° T.O. «B»

Lectio Divina Dom. 14° T.O. «B»

PAPA FRANCISCO ÁNGELUS Plaza de San Pedro Domingo, 8 de julio de 2018 

 Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

La página evangélica del día (cf. Marcos 6, 1-6) presenta a Jesús cuando vuelve a Nazaret y un sábado comienza a enseñar en la sinagoga. Desde que había salido de Nazaret y comenzó a predicar por las aldeas y los pueblos vecinos, no había vuelto a poner un pie en su patria. 

Ha vuelto. Por lo tanto, irá todo el vecindario a escuchar a aquel hijo del pueblo cuya fama de sabio maestro y de poder sanador se difundía por toda la Galilea y más allá. Pero lo que podría considerarse como un éxito, se transformó en un clamoroso rechazo, hasta el punto que Jesús no pudo hacer ningún prodigio, tan solo algunas curaciones (cf. v. 5). 

La dinámica de aquel día está reconstruida al detalle por el evangelista Marcos: la gente de Nazaret primero escucha y se queda asombrada; luego se pregunta perpleja: «¿de dónde vienen estas cosas?», ¿esta sabiduría?, y finalmente se escandaliza, reconociendo en Él al carpintero, el hijo de María, a quien vieron crecer (vv. 2-3). 

Por eso, Jesús concluye con la expresión que se ha convertido en proverbial: «un profeta solo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio» (v. 4). Nos preguntamos: ¿Por qué los compatriotas de Jesús pasan de la maravilla a la incredulidad? Hacen una comparación entre el origen humilde de Jesús y sus capacidades actuales: es carpintero, no ha estudiado, sin embargo, predica mejor que los escribas y hace milagros. 

Y en vez de abrirse a la realidad, se escandalizan: ¡Dios es demasiado grande para rebajarse a hablar a través de un hombre tan simple! Es el escándalo de la encarnación: el evento desconcertante de un Dios hecho carne, que piensa con una mente de hombre, trabaja y actúa con manos de hombre, ama con un corazón de hombre, un Dios que lucha, come y duerme como cada uno de nosotros. 

El Hijo de Dios da la vuelta a cada esquema humano: nos son los discípulos quienes lavaron los pies al Señor, sino que es el Señor quien lavó los pies a los discípulos (cf. Juan 13, 1-20). Este es un motivo de escándalo y de incredulidad no solo en aquella época, sino en cada época, también hoy. El cambio hecho por Jesús compromete a sus discípulos de ayer y de hoy a una verificación personal y comunitaria. También en nuestros días, de hecho, puede pasar que se alimenten prejuicios que nos impiden captar la realidad. Pero el Señor nos invita a asumir una actitud de escucha humilde y de espera dócil, porque la gracia de Dios a menudo se nos presenta de maneras sorprendentes, que no se corresponden con nuestras expectativas. Pensemos juntos en la Madre Teresa di Calcuta, por ejemplo. Una hermana pequeña —nadie daba diez liras por ella— que iba por las calles recogiendo moribundos para que tuvieran una muerte digna. Esta pequeña hermana, con la oración y con su obra hizo maravillas. La pequeñez de una mujer revolucionó la obra de la caridad en la Iglesia. Es un ejemplo de nuestros días. Dios no se ajusta a los prejuicios. Debemos esforzarnos en abrir el corazón y la mente, para acoger la realidad divina que viene a nuestro encuentro. Se trata de tener fe: la falta de fe es un obstáculo para la gracia de Dios. 

Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera: se repiten los gestos y signos de fe, pero no corresponden a una verdadera adhesión a la persona de Jesús y a su Evangelio. Cada cristiano —todos nosotros, cada uno de nosotros— está llamado a profundizar en esta pertenencia fundamental, tratando de testimoniarla con una conducta coherente de vida, cuyo hilo conductor será la caridad. Pidamos al Señor, que por intercesión de la Virgen María, deshaga la dureza de los corazones y la estrechez de las mentes, para que estemos abiertos a su gracia, a su verdad y a su misión de bondad y misericordia, dirigida a todos, sin exclusión. 

XIV Domingo del Tiempo Ordinario
4 de julio de 2021
 La homilía de Betania 
  
1.- LA PALABRA PROFÉTICA, LA PALABRA DE DIOS, FUE Y ES FRECUENTEMENTE RECHAZADA Por Gabriel González del Estal 
2.- JESÚS VUELVE A NAZARET… Por Antonio García-Moreno 
3.- LA FUERZA DE LA FE Por José María Martín OSA 
4.- ¿PIERDE O GANA NUESTRA FE? Por Javier Leoz 
5.- BUSQUEMOS LOS PROFETAS EN NUESTRA TIERRA Por Ángel Gómez Escorial 

LA HOMILÍA MÁS JOVEN 


DESCONSOLADO, NO DESILUSIONADO, NI DESESPERANZADO 

Por Pedrojosé Ynaraja 

1.- LA PALABRA PROFÉTICA, LA PALABRA DE DIOS, FUE Y ES FRECUENTEMENTE RECHAZADA 

Por Gabriel González del Estal 

1.- En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos… La multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿de dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el hijo del carpintero, el hijo de María?… y esto les resultaba escandaloso. Las lecturas de este domingo 14 del tiempo ordinario nos ponen de manifiesto lo que decíamos más arriba: los profetas en su tiempo fueron frecuentemente incomprendidos y rechazados. Esto les pasó a Ezequiel, como vemos en la primera lectura, a san Pablo, como podemos deducir de la segunda lectura, y al mismo Cristo, como sabemos todos los cristianos, y como vemos también hoy en esta lectura del evangelio según san Marcos. Que a Jesús le persiguieron y le mataron por anunciar el reino de Dios y por predicar su evangelio es, por supuesto, algo evidente para nosotros. La lectura del evangelio de hoy tiene, no obstante, un comentario algo especial: los de su pueblo no le persiguieron, ni le mataron, pero no creyeron en él como profeta de Dios. ¿Por qué? Porque le consideraron uno más entre los del pueblo, “el hijo del carpintero y de María y el hermanos de sus hermanos”. Y Jesucristo no fue uno más entre los del pueblo; fue un verdadero profeta de Dios, fue el hijo de Dios. Fue la falta de fe en la divinidad de Cristo lo que impidió a los habitantes de Nazaret creer en él y amarle, porque sin fe no hay amor posible, y sin fe y sin amor no podemos acercarnos a Dios y creer en él. Pidamos hoy a Dios todos nosotros, los cristianos, creer en Jesús y amarle, intentando vivir como él vivió, “pasando por la vida haciendo el bien”. Y creamos en la bondad de las personas buenas con las que convivimos, aunque sean de un origen humilde, y no tengan grandes títulos, ni condecoraciones. Fe y amor a todas las personas porque son hijos de Dios, esto es lo que debemos hacer todos los que queremos ser verdaderos cristianos, discípulos de Jesucristo. 

2. – “Esto dice el Señor”: “Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos”. El profeta Ezequiel predicó en tiempos del exilio y en circunstancias muy difíciles. El pueblo de Israel había dejado de fiarse de Dios y, por tanto, tampoco se fiaba de sus profetas. Dios manda a Ezequiel que insista y que no desista de su vocación de profeta, que el pueblo sepa que él, Dios, no se ha olvidado de ellos. En estos tiempos nuestros, en este siglo XXI, también nosotros, los cristianos, no debemos desanimarnos ante las dificultades que nuestra sociedad ofrece a nuestros catequistas y evangelizadores para cumplir con su misión de anunciar el evangelio de Jesús, el reino de Dios a las personas con las que convivimos. Nos hagan caso o no, nosotros no debemos de dejar de predicar y predicar el evangelio. Las dificultades no sólo no deben desanimarnos, sino que deben de confirmarnos en la necesidad de nuestra misión. Más necesario es predicar el evangelio a una sociedad que, mayoritariamente, ha dejado de creer en él, que a una sociedad mayoritariamente fiel y creyente. 

3. – Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, de las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte. La vida del apóstol san Pablo la conocemos suficientemente bien todos los cristianos. Fue un apóstol que predicó el evangelio de Jesús a los gentiles, con una fortaleza y una capacidad de sufrimiento grandísima. En su predicación sufrió toda clase de dificultades, persecuciones y la misma muerte. Pero todo lo sufrió con valentía por su fe y su amor a Cristo. “No soy yo, llegó a decir, es Cristo quien vive en mí”. No se fio nunca de su propia fuerza, sino de la fuerza del Cristo que vivía en él. Un buen ejemplo para nosotros, los cristianos de todos los tiempos: no somos nosotros, es el Cristo que actúa en nosotros el que es fuerte. En nuestra debilidad debemos dejar que actúe la fuerza de Dios. Precisamente, porque el Señor ve nuestra debilidad y nuestra humildad, como decía María, la madre de Jesús, es por lo que Dios puede hacer en nosotros maravillas. Seamos humildes también nosotros, reconociendo nuestra debilidad. Como hoy nos dice san Pablo de sí mismo, y dejemos que en nuestra debilidad se manifieste la fuerza de Cristo. 


2.- JESÚS VUELVE A NAZARET… 

Por Antonio García-Moreno 

1.- LA FUERZA DE DIOS. «En aquellos días el espíritu entró en mí, me puso en pie y oí que me decía…» (Ez 2, 2).El profeta nos cuenta el primer encuentro con Dios. Estaba viviendo en el exilio, entre los deportados que estaban junto al río Quebar. Allí fue arrebatado en éxtasis: Miraba yo y veía un viento huracanado de la parte del Norte, una gran nube con resplandores en torno, un fuego que despedía relámpagos, y en su centro como el fulgor del electro, en el centro del fuego. Y de pronto una fuerza interior le impulsa a ponerse de pie. Es algo que le domina, que le puede. Y se pone de pie, o lo que es lo mismo se dispone a marchar, a emprender el camino. Esa es la actitud que el profeta ha de tener ante la llamada de Dios. Una actitud de dinamismo, de lucha, de caminante, de peregrino, de soldado. 

Cierto que ordinariamente la gracia de Dios se reducirá a menudo a una suave atracción que nos nace de pronto muy dentro. Pero tu respuesta ha de ser la misma: Ponerte de pie, disponerte a caminar por el itinerario que Dios te va a marcar. Alzarte en pie de guerra, con espíritu de lucha, con ánimo de guerrero. Preparado para combatir cuantos enemigos se interfieran a tu paso. Consciente de que el primer enemigo eres tú mismo, cuando eres comodón, egoísta, soberbio, ambicioso. Has de luchar esas malas inclinaciones interiores que a veces te dominan. Decídete, Dios pasa, ponte en pie. 

«Ellos, te hagan caso o no te hagan caso (pues son un pueblo rebelde), sabrán que hubo un profeta en medio de ellos» (Ez 2,5). A lo largo de toda la Historia de los hombres, Dios ha enviado a sus mensajeros, sus profetas, los hombres que hablan en su nombre, sus pregoneros, sus portavoces. De un modo o de otro, también hoy nos llega el eco de sus voces, el contenido de su mensaje. 

Lo contrario sería injusto por parte de Dios. Es como si se cerrara en un profundo silencio, ausente de nuestras vidas, desinteresado por nuestros problemas, indiferente ante nuestra salvación. No, Dios no se ha callado. Dios sigue enviando a sus profetas. Son los que siguen cogiendo la antorcha que un día Cristo entregara a los suyos… El que a vosotros os recibe, a mí me recibe -había dicho Jesús. Y también: Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros. 

Pero este pueblo es rebelde y no quiere hacer caso. Es cierto que habrá quienes oigan el mensaje de Dios y lo vivan. Esos se salvarán, serán felices aquí en la tierra y allá en el Cielo. Los otros no. Los que no oyen la palabra de Dios, o los que la oyen y no la ponen en práctica, esos serán unos desgraciados. Aquí en la vida y después en la muerte. Y no podrán excusarse, no podrán decir que no hubo profetas en su tiempo. 

2.- EL HIJO DEL CARPINTERO.- «Y desconfiaban de Él…» (Mc 6, 3Jesús vuelve a Nazaret, su tierra, no por haber nacido en ella, sino por haber vivido allí después de volver de Egipto. Rincón risueño y escondido de Galilea, escenario y marco de su vida oculta, ejemplar y estímulo para nuestra propia existencia, hecha también de pequeños deberes, de un trabajo sencillo quizá, pero ocasión única para ofrecer al Señor con delicadeza y cariño esos retazos de vida, que se nos van quedando al borde de nuestra actividad de cada día. 

Jesús, como judío piadoso y cumplidor que era, acude a la sinagoga el día del sábado que según la ley mosaica era sagrado. La Iglesia, desde el principio de su historia, sustituyó el sábado por el primer día de la semana, que comenzó a llamarse domingo, precisamente por ser el día del Señor, Dominus en latín. Con su conducta Jesús nos da ejemplo para que también nosotros santifiquemos ese día dedicado a Dios y no el que a cada uno le parezca oportuno. 

Jesús asiste al rito de la sinagoga y comienza a hablar, haciendo uso del derecho a intervenir que tenía cualquiera de los asistentes. Sus palabras trascienden sabiduría, fuerza y luz para quienes le escuchan con buenas disposiciones. En cambio, para quienes oyen con espíritu crítico, esas mismas palabras provocaron la desconfianza y hasta el escándalo. ¿De dónde saca todo eso? ¿No es éste el hijo del carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? 

Lo primero que hay que aclarar es que estos hermanos que se nombran aquí, así como en otros pasajes evangélicos, no se pueden entender como hermanos propiamente dichos. María, en efecto, sólo tuvo un hijo, y éste por obra y gracia del Espíritu Santo. Es decir, Santa María fue siempre virgen. Según el modo de hablar de los semitas se llamaban hermanos también a los parientes más o menos cercanos, como podían ser los primos. 

Por otra parte, el rechazo de los habitantes de Nazaret nos ha de poner en guardia, para no dejarnos llevar del espíritu crítico cuando escuchamos a quien nos habla en nombre de Dios. Detrás de las apariencias de la palabra humana hay que descubrir el brillo de la palabra divina. Ojalá podamos decir con Santa Teresa que jamás escuchamos un sermón sin sacar provecho para nuestra alma. 

3.- LA FUERZA DE LA FE 

Por José María Martín OSA 

1.- Cada cristiano debe ser un profeta. Cada cristiano debe ser un eco de la voz de Dios. Pero no es fácil ser profeta, en ningún tiempo lo ha sido. La situación de “cristiandad” se ha acabado en la mayoría de los lugares del mundo. El catolicismo oficial y masivo ha pasado a la historia. Es mejor que sea así, para que la vivencia de nuestra fe sea más pura. No debemos caer en un pesimismo injustificable. La primera lectura y el evangelio son una lección clara sobre el profetismo. Cuando el culto resultaba imposible en aquella situación de diáspora, lejos del templo y en medio de un mundo pagano, el sacerdote Ezequiel es investido de una mayor responsabilidad: predicar la palabra de Dios a un pueblo de dura cerviz que no quiere escucharla. A Ezequiel el Señor no le enviaba engañado, sino que le advirtió claramente sobre la posibilidad de que los oyentes no fueran precisamente un «público agradecido», ese público que deseamos siempre tener de nuestra parte. 

2.- Necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios. La experiencia de la presencia de Dios fue para Ezequiel tan fuerte que cae en tierra, pero el espíritu lo levanta y lo mantiene en pie. El hombre recupera su verticalidad con la fuerza de Dios que lo lanza a la acción. Ezequiel, cuyo nombre significa «Dios es fuerte», va a necesitar toda esa fortaleza divina para cumplir su difícil misión. Pero antes necesita recibir el mensaje, digerirlo, asimilar todas las palabras que Dios quiere decir a su pueblo: Dios le ofrece un libro en el que están escritas, y Ezequiel lo come. Si nos alimentáramos nosotros de la palabra de Dios no nos harían tragar los «maestros» tan fácilmente sus «rollos», no seríamos víctimas de la indoctrinación y de la propaganda, de las ideologías… y tendríamos algo nuevo que decir aunque no quisieran escucharnos. En cualquier caso, el mundo sabría que hay hombres que no se doblegan y que aún hay profetas. 

3.- Fuerza de la Cruz en la debilidad. Pablo no especifica en la Segunda Carta a los Corintios en qué consiste la espina que tiene clavada. Los Padres de la Iglesia pensaron en tentaciones contra la castidad, otros lo interpretaron como persecuciones u obstáculos graves de sus adversarios, otros lo refirieron a alguna enfermedad. Esta última es la interpretación más aceptada en la actualidad. Para el creyente todo suceso o situación se convierte en interpelación para la fe. Para Pablo es una invitación a la abnegación de sí mismo y a no confiar en las propias fuerzas. Como cristiano, el apóstol entiende toda su vida como participación en el Misterio Pascual de Cristo y es así que en la debilidad de la existencia humana se manifiesta la fuerza de la cruz y de la resurrección de Cristo. 

4.- Rechazo de la Palabra de Dios y de Jesús. Va a su tierra y aprovecha la ocasión para hablar en «su» sinagoga. En ella están los hombres religiosos de su pueblo, los hombres que van allí porque quieren saber, porque quieren relacionarse con Dios, porque son practicantes. Cristo habla con un estilo propio y definido que los sorprende y que les molesta. Nada sabemos acerca de lo que Cristo dijo, porque quizá el evangelista quiere que el protagonista de la escena no sea el mensaje, sino el mensajero. Los paisanos de Cristo lo rechazan de plano. Aquel hombre corriente y vulgar, cuyo padre y cuya madre forman parte del común denominador de los mortales del pueblo, él con su carpintería y ella con sus idas a la fuente y sus labores domésticas, ¿cómo puede intentar imponerse a la audiencia?, ¿de dónde le viene la sabiduría?, ¿de dónde ha sacado ese modo directo y agresivo de interpretar las Escrituras?, ¿con qué autoridad les interroga desde sus palabras, creándoles una inquietud que en otras ocasiones, cuando hablan los peritos de la ley y los sacerdotes de siempre, no han experimentado? 

5.- Solo la fe hace posible el milagro. El evangelista dice con toda expresividad que Jesús «no pudo hacer allí ningún milagro». La escena de la sinagoga de Nazaret no es un caso que pasó y no se repite. Es un caso que se está dando constantemente entre nosotros, entre los que nos sentamos en las reuniones «religiosas» y rechazamos rotundamente la persona, cuando no nos place y no cumple los «cánones» de quienes consideramos perfectos y consagrados. El milagro no fue posible en Nazaret. El milagro se encuentra principalmente en la interpretación de un hecho como acción salvadora de Dios. Sin la fe de los testigos de una curación no puede haber milagro. En este caso, los actos de Jesús no fueron «leídos» desde una óptica de fe, y el milagro no fue posible. Todos los defectos que Cristo encontró en los hombres religiosos de su época y que los evangelistas recogieron cuidadosamente para «enseñanza de la posteridad», los hemos copiado fidelidad. Solo la fe hace posible el milagro. 

4.- ¿PIERDE O GANA NUESTRA FE? 

Por Javier Leoz 

1.- Hasta no hace mucho tiempo, en España (al igual que en otros tantos países) pensábamos que por el hecho de poseer el carnet de conducir ya lo éramos indefinidamente para siempre y que, como mucho, una extralimitación o imprudencia, no iría más allá de una sanción. Con el carnet por puntos ya no vale todo. Quien la hace, no es que la pague, pero sí que va restando en su haber y puede llegar un momento en el cual no pueda circular. Eso es sabido y ahora se quiere volver a reformar 

En el inicio de nuestra vida cristiana también se nos dio un carnet por el Bautismo. Y como cristianos también corremos el riesgo de pensar que, por el hecho de estar bautizados, y de que Dios sea bueno y grande, tengamos derecho a todo, muy pocas obligaciones y que, incluso, nos podamos dar la satisfacción de infringir –una y otra vez- las normas mínimas de cara a una cierta calidad de vida cristiana. 

Pero lo cierto es que sería bueno pensar que, en la gran carretera que son los años que vivimos, hay momentos en los que vamos restando puntos a nuestra vida ética, a nuestra conducta moral, a nuestro ser hijos de Dios, a nuestro compromiso con el mundo. Lo realizamos, unas veces, conscientemente y otras sin darle demasiada importancia. El mundo, entre otras cosas, nos ha habituado a alejar de nosotros el concepto de “culpa” o de “pecado”. Como si el “todo cuela” y el “todo vale” se constituyese en un factor-cloroformo para no desarrollar los valores evangélicos o justificar nuestras infracciones a Dios y a los demás. 

2.- En este domingo, entre otras cosas, el Señor nos dice que estamos faltos de fe: 

-Fallo  de fe en lo que hacemos 

-Ausencia  de fe en lo que decimos 

-Déficit  de fe en lo que creemos y en Aquel en quien creemos 

Ya que hablamos del carnet por puntos, nos dice que hay todo un grupo de “conductores” tocados por la fe, pero que viven rebeldemente ante Dios; que hace un tiempo que lo han olvidado; que lo han sustituido por diminutos dioses del tres al cuarto; que conducen su vida (familia, profesión, conciencia, etc.) sin más criterio que la moral personal. 

Hoy nos recuerda con San Pablo, que lejos de presumir de hacerlo todo bien, hemos de ser conscientes de aquello que nos falta para, un día, presentarnos ante Dios intachables o por lo menos con la humildad de haber intentado ser sus hijos. 

Mientras tanto, y metidos en el verano, el Señor nos escolta. A unos en la playa (para que no se broncee solamente el cuerpo sino el corazón), a otros en la montaña (para que el pulmón sea oxigenado por la fe) y a otros, simplemente, en el lugar donde nos encontramos. 

3 .Lo importante es saber que el Señor sigue apostando por nosotros. Nos acompaña. Se fía de nosotros y, lejos de restar puntos a nuestras posibilidades de entrar en el Reino de los cielos, nos trae hasta la parroquia (auténtica autoescuela de fe y de esperanza) para que recuperemos la alegría de vivir, el deseo de ser fieles a él y la capacidad de no olvidarle. 

¿Qué no está de moda el ser cristiano? ¿Qué ha perdido “puntos” el pertenecer a la Iglesia y defenderla? ¿Qué te señalan por el camino de la vida por ser miembro de…? ¿Qué te pueden criticar por ir contracorriente? 

¡Que no nos condicione¡ Es mejor salir de la tierra, con el marcador a “0” según ciertos cánones que rigen en el mundo, y pensar que hay otro anotador, muy distinto y con otros parámetros en la eternidad, que es al fin y al cabo el que cuenta para llegar a la gran final: el encuentro con Dios. 

Que no nos importe perder “ciertos puntos” en la sociedad que nos toca vivir, antes que perder aquellos otros que otorga el Señor, a los que creen en El, esperan en Él y viven según Él. 

Para finalizar una breve reflexión; el maligno –a veces— se entrecruza en la felicidad del hombre. Eso es lo que ha ocurrido en los recientes atentados de corte islamista que, una vez más, nos recuerda las consecuencias de unas sociedades debilitadas y con incapacidad para defenderse ante la violencia sin razón. 

4.- EL “MARCADOR” DE LA FE 

Si vives de espaldas a Dios;  

tendrás el marcador a cero 

Si vives de vez en cuando  con Dios;  

subirás algún punto 

Si pretendes ser como Dios;  

tu  marcador se volverá loco 

Si quieres ser sólo hombre;  

tu marcador durará lo que  respire tu vida 

Si quieres ser frío y calor  a la vez;  

tu  marcador será variable 

Si anhelas el triunfo; 

tus puntos quedarán en el  olvido 

Si crees en un más allá;  

tu  marcador tendrá puntuación eterna 

Si crees en Jesús;  

tus puntos serán anotados en  el cielo 

Si esperas en Jesús;  

tu  marcador será la alegría y la fraternidad 

Si te fías de Jesús;  

tus puntos serán la justicia  y el perdón 

Si sigues al Señor;  

tus números serán la fe y la  esperanza 

Si escuchas a Jesús;  

tu marcador será la Palabra  que ilumina 

Si acoges al Señor;  

tu meta final será la  salvación 

Si,  en tu vida, caminas con el código del Evangelio ¡no lo dudes! 

Lejos  de ser sancionado por Dios, encontrarás la fórmula para ser feliz 

y  el premio de ver –cara a cara- al Señor. 

Y,  esto ¿no merece la pena conservarlo, cuidarlo y actualizarlo? 

5.- BUSQUEMOS LOS PROFETAS EN NUESTRA TIERRA 

Por Ángel Gómez Escorial 

1.- Podemos comenzar comentando algo que, desde luego, no es lo más importante del contenido exegético de las lecturas que acabamos de escuchar. Pero que siempre ha levantado un interés muy especial entre los estudiosos de la Escritura. En el fragmento que hemos proclamado hoy de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios se refleja uno de los temas que más se han debatido entre exégetas y escrituristas. Pablo a alude a un gran sufrimiento personal; o a una enfermedad; a una gran tentación. Recordémoslo: “Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un emisario de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio”. Se ha especulado muchísimo sobre el mal sufrido por el Apóstol, pero en realidad poco importa cual fuera la naturaleza de su mal. A él le sirvió para limitar la soberbia y, sobre todo, para obtener la revelación de uno de los puntos culminantes de la doctrina paulina: que la debilidad humana es querida y utilizada por Dios para hacer cosas importantes. 

2.- Nadie esta inmune a esos grandes sufrimientos o esas enormes y permanentes tentaciones, algo que está siempre presente en nuestras vidas. Y que no nos deja. Sirve, como dice San Pablo, para hacer caer en la cuenta de nuestra fragilidad. La espina que sufre Pablo en su carne le ha hecho más humilde, más conocedor de sus limitaciones, Y ello enlaza, directamente, con la idea que Jesús quería dar a sus paisanos: que alguien como ellos, sin especiales brillos sociales, fuera el Ungido de Dios, el Mesías. 

3.- Es el episodio de la visita de Jesús a su pueblo: a Nazaret. Y que ha suscitado la famosa frase, de uso universal: “nadie es profeta en su tierra”. Y en este caso, una cuestión importante sería dilucidar qué fue peor: si el no reconocimiento de Cristo como profeta o que la comunidad de Nazaret no se beneficiase de la capacidad salvadora de Cristo. Sinceramente, creo que las dos cosas, aunque, tal vez, puedan resumirse en una sola: si hubieran creído en su paisano, Jesús, su fe les hubiera dado muchos frutos, como siempre el Maestro ha buscado: la de que mueve montañas. 

4.- Pero hay otra realidad. Muchas veces anteponemos lo ritual y magnificente, lo bien presentado, aquello de gran apariencia. O, incluso, lo sorprendente, lo inesperado. Como es obvio Jesús no bajó a la tierra para presumir. Si hubiese querido tal cosa, su llegada habría sido bien distinta. Él se presentó «como uno de tantos e iba por pueblos y aldeas haciendo el bien y curando a los oprimidos». Merece la pena hoy, en este domingo del mes de julio adentrarse en esta idea y meditarla. A veces, posiciones demasiado puristas o falsamente ortodoxas impiden recoger los frutos de la acción de Dios. 

5.- Y trasladados nosotros a aquel momento concreto del paso de Jesús por las tierras de Palestina descubriríamos que muchos «creyentes» pensaron, entonces, que estaban haciendo un favor a Cristo por creer en Él, cuando el verdadero favor era el que les hacía Cristo de poder participar en “vivo y en directo” del prodigioso misterio de la Redención. Fueron duros los paisanos de Jesús y ellos dejaron pasar ese ofrecimiento generoso, histórico y cósmico. Pero curiosamente somos nosotros los que recibimos el favor por tener la dicha de saber bien quién es Él. La reticencia de los habitantes de Nazaret les privó del gozo de otras comunidades que se entregaron a Jesús sin más. Suponemos que su salida de Nazaret, un tanto desilusionado, iba a ser anticipo de la gran catástrofe en que se sumieron quienes despreciaron el mensaje de Jesús y lo enviaron a la Cruz. 

6.- La rebeldía del pueblo de Israel, respecto a los designios a Dios, era una constante en toda la historia del Antiguo Testamento. Pero, en el caso de Jesús, se establece lo dicho en la parábola de la vid, los arrendadores de la misma cometen el último gran pecado: matar al Hijo del dueño de la viña para quedarse con su herencia. Y por ello, para mejor justificar su crimen, no podían, ni por un momento, reconocer la identidad del Heredero. Por eso, cuando Jesús se atribuye las palabras de Isaías, reflejadas en el Evangelio de San Lucas sobre el mismo episodio narrado hoy por San Marcos –“el Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado a anunciar el Evangelio a los pobres”— se produjo el gran escándalo. No se admite la sabiduría de alguien a quien conocen y tienen cerca. Si hubiera llegado a Nazaret montado sobre un brioso caballo y rodeado de una fuerte y vistosa escolta no habrían dudado. Pero un paisano no podría ser más que ellos. También es cierto que la gran paradoja que ofrece Jesús a sus paisanos es la humildad: presentarse como Mesías como uno más, como un miembro normal de su comunidad. Y esa paradoja la irían experimentando todos –también los Apóstoles— hasta que no se produjo la Resurrección. 

7.- La enseñanza para nosotros hoy es que debemos poner mucha atención a lo que ocurre a nuestro alrededor en todas las manifestaciones de la vida, y, asimismo, en el ámbito religioso. Cristo se nos presenta muchas veces ante nosotros con la imagen de los hermanos que sufren o, ¿quién sabe?, con la presencia de unos niños –que como a San Agustín— que cantan, en la lejanía, sobre lo que tenemos que hacer. Es muy importante estar abierto a cualquier inspiración del Espíritu y hemos de pedirle a Dios el don del discernimiento: saber que es de Dios, de todo lo que recibimos de nuestros hermanos más cercanos a nosotros. 

8.- La humildad es siempre un buen camino para descubrir esos mensajes. Y por el contrario la soberbia es el gran impedimento para tener ojos y oídos abiertos a las inspiraciones de Dios. Amemos a nuestros semejantes, comenzando por los que comparten nuestra vida en nuestro barrio, que nos parecerán, ni famosos, ni importantes. Por ellos nos puede hablar Dios… No hay que cruzar los mares y atravesar los continentes para recibir la Palabra. Es más que probable que nos la estén diciendo cerca, muy cerca, y, sin embargo, que no consideremos que esa persona “conocida de toda la vida”, pueda ser un mensajero del Altísimo. Busquemos, con ahínco, los muchos profetas que, sin duda, hay en nuestra tierra. 

LA HOMILÍA MÁS JOVEN 


DESCONSOLADO, NO DESILUSIONADO, NI DESESPERANZADO 

Por Pedrojosé Ynaraja 

1.- La Revelación es decisión de Dios, que se la encomienda a ciertos hombres, que ellos a su vez, escribirán de acuerdo con su idiosincrasia y con el lenguaje de su tiempo. La Revelación no esclaviza al hagiógrafo, no avasalla su imaginación, ni prescinde de su estado de ánimo. Tampoco le exige que oculte sus males y dolores, aunque resulten humillantes para él o para quien sea. Temo y siento alergia, de aquellas personas que siempre sonríen, que van por el mundo repartiendo simpatías y ocultando fracasos y derrotas. Nada de esto encontraréis, mis queridos jóvenes lectores, leyendo la Biblia. Buena muestra de ello lo encontramos en dos lecturas de hoy. 

2.- San Pablo sentía predilección por la comunidad de Corinto. En las cartas que les dirige, sin dejar de ser de sólida doctrina, añade confidencias personales, como la que aparece en el fragmento que proclamamos en la misa de este domingo. ¿De qué se trata cuando les confía a sus lectores que sufre una espina en la carne, un emisario de satanás que le apalea? Los primeros receptores ya sabrían seguramente qué le ocurría, pero nosotros lo ignoramos. Se han ofrecido varias hipótesis. Para unos es la angustia que le causa la situación de las diversas comunidades con las que se siente vinculado, ya ha mencionado esta situación en 11,28 de la misma epístola, diciendo: “mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase?”. 

3.- Para otros se trata de los percances sufridos. Dice en 11,23 “Más en trabajos; más en cárceles; muchísimo más en azotes; en peligros de muerte, muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en el abismo. Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez.”. o tal vez se trataba de que había contraído la malaria, que uno de sus síntomas es fuerte dolor intracraneal, por lo que dice a los gálatas “os habríais sacado los ojos por mí” (4,15). 

4.- Pienso yo que tal vez se trataba de una úlcera gastroduodenal, cuyo dolor con frecuencia se presenta en los cambios de estación y por eso se acuerda y dice en el texto de hoy, que tres veces le ha pedido al Señor… Si bien hoy en día se ha descubierto que en la mayoría de los casos este mal lo causa la bacteria Helicobacter pylori, presente en muchos, sin que cause dolor, se le atribuye también la influencia del estilo de vida y Pablo, con seguridad, sufriría en muchas ocasiones, crisis de estrés, debido a tantas ocupaciones, preocupaciones, pánicos y dolores por los que pasaba. (No os extrañéis, mis queridos jóvenes lectores, para nombrar con exactitud la bacteria causante de este dolor de estómago, que para colmo, es motivo de muy mal humor, he recurrido al inefable google). 

5.- Fuera la que fuera esta molestia, nos lo confía y nos añade que le sirve espiritualmente para ser humilde y confiar en la fuerza de Cristo. 

Admiración sentiremos al saberlo, debemos aprender también nosotros, a no ser personas encerradas en sí mismas, a confiar y compartir bienes y males. 

En el episodio que nos cuenta el evangelio de hoy, Jesús pasa por un vulgar trance, primero de asombro, después de humillación. Digo vulgar porque a muchos otros sucede. Que el Hijo Unigénito de Dios-Padre sufra desaire, ya es el colmo, es como para retornar al Cielo, pienso yo. Padece desconsuelo, pero no pierde la esperanza en los hombres a los que ha venido a redimir, de los que se ha hecho vecino y compañero. 

6.- Ya lo sabéis, mis queridos jóvenes lectores, cuando una organización organizada, organiza un acto de postín, acude a gente de fuera, que suene, pero que no sea conocida, que deslumbre, aunque nada consiga. A Jesús, los de Nazaret, le conocían de toda la vida, que hubiera salido a trabajar fuera, sin alejarse demasiado, ejerciendo un oficio y aprendiendo lenguas y la Torá, allí donde podía, les extrañaba. Sin duda era un habitante del lugar un poco raro. Pero no les era extraño su entorno familiar. Extraño sí, original también, pero grande e ilustre, no lo tenían por tanto. Les faltó Fe y sin ella poco podía hacer el Maestro. Ahora bien, su misión no estaba limitada a su ciudad, así que se fue a otros barrios. 

7.- ¿Habéis pensado vosotros que la riqueza de vuestra Fe, la recibisteis para propagarla a los demás? Si no os veis capaces de conseguirlo en vuestro entorno geográfico, hoy el espacio virtual, está abierto a todo el mundo. Por diferentes sistemas, diferentes métodos de Internet se os abren nuevos caminos. Nadie os condicionará por ser joven o ser mujer, que en el espacio físico sí que apariencia o sexo condicionan. En el espacio virtual, solo lo que escribáis y reforcéis con vuestra oración, vale. Escribir o “copiar y pegar” un escrito que consideréis útil a otros y enviárselo. 

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