XIII Domingo del Tiempo Ordinario 27 de junio de 2021

XIII Domingo del Tiempo Ordinario 27 de junio de 2021

GENEROSIDAD GENEROSA Y CON TERNURA Por Pedrojosé Ynaraja 


1.- FE DEL SER HUMANO Y COMPASIÓN DE JESÚS Por José María Martín OSA 

1.- Dios ama la vida. Sobre todo le importa la vida del hombre y no se recrea en la destrucción y en la muerte. Ha creado todas las cosas «para que sean». Sin embargo, la muerte existe. El autor del Libro de la Sabiduría considera la muerte física como una consecuencia de la muerte moral o pecado. Ninguna de las dos muertes existía en el principio. El universo creado por Dios era armonioso; no había en él criaturas maléficas ni dominaba sobre la tierra el poder del Abismo. El universo salido de las manos de Dios era el reino de la paz, pero el pecado del hombre ha comprometido el orden del mundo y ha puesto en peligro la vida, ha introducido la muerte, que es el reverso del acto creador. No obstante, la «justicia es inmortal»; esto es, los que practican la justicia no morirán para siempre. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, participante de la inmortalidad divina; pero el poder del pecado lo sedujo, y con el pecado del hombre vino la muerte. El nuevo Adán salvador es Jesucristo. Por El hemos sido salvados de la muerte cuantos creemos en él si practicamos la justicia.

 2.- Compartir nuestros bienes con los necesitados. Los primeros cristianos, según el Libro de los Hechos, compartían sus bienes. Se da una situación de necesidad entre los hermanos de Palestina. Pablo recuerda a los corintios que su comunidad se ha destacado en todo y que sería un absurdo que no sobresaliera igualmente por su generosidad. Apela al cariño especial que siempre han demostrado por su persona. Pero la última razón y el verdadero motivo no puede ser otro que el ejemplo del amor de Cristo. El cual, siendo rico, se hizo pobre para que todos nos enriqueciéramos con su pobreza. También los corintios han sido objeto del amor de Cristo y han recibido, por el ministerio de Pablo, la verdadera riqueza. El amor cristiano nivela las diferencias y busca la igualdad como expresión de la común fraternidad en el Señor. Las comunidades cristianas primitivas trataron de poner en práctica este principio. La colecta de Pablo en favor de los cristianos de Palestina es una demostración de ecumenismo. Los cristianos de hoy tenemos también que compartir, pero no solo lo que nos sobra.

 3.- Compasión de Jesús hacia todo ser humano. Jesús regresa con sus discípulos a la orilla occidental del lago de Genesaret. Han sido unas jornadas agotadoras, tras la cuales regresa a Cafarnaún, pueblo en el que se había establecido durante la misión evangélica en Galilea. Dos personajes, dos realidades, se acercan a Jesús: un judío y una gentil, Jairo y la hemorroísa Posiblemente los dos habían visto cómo Jesús curaba a los enfermos imponiéndoles las manos. Ahora Jairo espera que le acompañe a su casa y haga otro tanto con su hija enferma. En el camino ocurre otro milagro en beneficio de la pobre mujer que padece una enfermedad vergonzosa. Ella sabía muy bien que, según la Ley, debía evitar todo contacto con las personas, pues era una mujer «impura». Sin embargo, no perderá la ocasión de acercarse sigilosamente a Jesús y de tocar la orla de su manto para ser curada. La fe de esta mujer es impresionante. Jesús demuestra su compasión por ella.
No le importa de qué lugar viene, es un ser humano enfermo. Lo vivido estos días de atrás en el Mediterráneo con el barco “Aquarius” nos sitúa a nosotros ante una realidad sufriente ante la que no podemos permanecer impasibles. Cáritas ha demostrado una vez más su humanidad desde el espíritu evangélico, mientras muchos políticos solo querían hacerse la foto. Pero no podemos olvidar que son miles los que llegan en pateras cada día desde África y muchos los perecen en el mediterráneo, una cruel tumba, como ha denunciado el Papa. 

4.- Jairo también demuestra su fe en Jesús. Los que le acompañan se ríen después al oír decir a Jesús que la niña estaba dormida. La resurrección de la niña acontece por el poder de la palabra de Jesús, que Marcos ha conservado en original arameo. Jesús se manifiesta como señor de la vida y de la muerte. Todos los milagros que se refieren a resurrecciones no son más que la proclamación de que en Jesús y por Jesús la vida triunfa sobre la muerte. Con frecuencia vemos como Jesús impone silencio a los testigos de sus milagros. Tanto que se ha hablado de la «ley del silencio». Si Jesús establece esa ley es para evitar que sus paisanos confundan el sentido de su mesianismo y caigan en falsos triunfalismos. Él ha venido a demostrar cuál es su mensaje: misericordia y espíritu compasivo. 

2.- LA FE, ES DECIR, LA FIDELIDAD, LA CONFIANZA EN DIOS NOS SALVA Por Gabriel González del Estal 

1.- Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él… y le dijo: “no temas, basta con que tengas fe”. Jairo, el jefe de la sinagoga judía, tenía fe en el profeta de Galilea; confiaba en él y por eso le siguió hasta donde estaba su hija. Es claro que estaba dispuesto a hacer por la vida de su hija lo que Jesús le pidiera. La fe en Jesús del padre de la niña, su confianza en Jesús, fue lo que salvó la vida de la hija de Jairo. Nosotros, en los tiempos en los ahora vivimos, sabemos que la fe en Jesús no siempre salva la vida material de una persona, aunque se lo pidamos insistentemente. Pero también sabemos que Dios siempre va a dar al que se lo pide con fe lo que más convenga para el alma por el que pedimos. Dios siempre nos da a todos lo que más nos conviene, cuando se lo pedimos con fe. Si hemos dicho tantas veces que Dios es nuestro Padre, tenemos que creer que nos da siempre lo que más nos conviene. Esto es algo que debemos creer todos los cristianos, aunque en la vida real y diaria no veamos esto confirmado empíricamente. Nuestra fe no es una cuestión empírica, sino una actitud religiosa ante Dios. Tengamos fe en Jesús, fe en Dios, confianza y fidelidad a Dios, aunque científicamente no podamos demostrar lo que creemos. 
2.- Una mujer que tenía flujos de sangre desde hacía doce años… oyó hablar de Jesús y acercándose por detrás le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias. Jesús le dijo: “hija, tu fe te ha curado, vete en paz y con salud”. Ni los mismos discípulos de Jesús podían creer a la hemorroísa. No debe extrañarnos, porque tampoco nosotros creemos fácilmente los milagros que algunas personas nos cuentas de determinados peregrinos que vienen de Lourdes, o cualquier otro santuario mariano. Tenemos que insistir: entre fe religiosa y razón empírica no siempre hay una conexión lógica. Los sentimientos y las creencias de una persona religiosa pueden llegar más lejos que su razón empírica. El gran sabio Pascal lo sabía y por eso dio a sus sentimientos y creencias unas dimensiones superiores a las de su razón y lo mismo le pasó al gran filósofo converso al catolicismo Manuel García Morente. Respetemos, pues, las creencias religiosas de las personas, aunque muchas veces no podamos compartirlas. Pero, por supuesto, procuremos que nuestras creencias religiosas sean, al menos, razonables ante los demás. 
3.- Dios no hizo la muerte, ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera. Este libro de la Sabiduría es un libro tardío en la Biblia, escrito en la Diáspora, ya originalmente en griego. En este libro se afirma ya sin rodeos la fe en la inmortalidad del ser humano; el cuerpo, evidentemente, se corrompe en el sepulcro, pero el alma fiel al Señor vive ya para siempre junto a Dios. Para el autor del libro de la Sabiduría la fe en la Resurrección es una fe consoladora, como lo fue ya para los filósofos griegos Sócrates y Platón, y, con mucho más fuerza aún para san Pablo. También debe serlo para nosotros. Nuestra fe en la Resurrección debe llenarnos de esperanza cristiana y de amor agradecido a Dios y a Jesucristo. Un cristiano debe ser siempre una persona llena de esperanza, con una esperanza que le permita superar las dificultades que la vida presente le pueda presentar. Todos los grandes santos fueron en su vida testigos firmes de la esperanza en la resurrección cristiana; seámoslo también nosotros, porque sabemos que nuestro Dios es un Dios amante de la vida.
 4.- Hermanos: distinguíos también ahora por vuestra generosidad, porque ya sabéis lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo. La dimensión social de la doctrina paulina, cuando predica la generosidad, como hace hoy en esta carta a los Corintios, es algo que no podemos olvidar hoy ningún cristiano. El cristiano no puede vivir pensando solo en sí mismo, debe vivir siempre pensando en los demás. Vivimos nosotros ahora, como ocurría en tiempos de san Pablo, en un mundo injusto y tremendamente desigual: hay ricos riquísimos y pobres pobrísimos. Condenemos este mundo tan injusto no sólo con nuestras palabras, sino también con nuestra vida y con nuestras acciones. La falta de caridad en este mundo tan desigual es, casi siempre, también una falta de justicia. Ya decía san Agustín que el dinero que sobra a los ricos es dinero de los pobres. Caridad y justicia no sólo no son virtudes contrarias, sino que deben ir siempre unidas. Así fue el pensamiento y el ejemplo de las primeras comunidades cristianas. 
3.- EL SENDERO DE LA HUMILDAD Por Antonio García-Moreno 

1.- VOLUNTAD SALVÍFICA UNIVERSAL.- A veces podemos pensar que Dios se complace en la destrucción, en castigar duramente al hombre. Lo llegamos a imaginar gozoso al aplicar la pena al pecador. Y es que medimos a Dios con nuestras mismas medidas. Y pensamos que Él, como nosotros, se alegra al ver cómo el malo sufre el castigo de su maldad. No, Dios no se complace al aplicar su justicia. Y en el castigo, más que el aniquilamiento del reo, lo que busca es su conversión. Y es más, cuando ese castigo llega a ser irrevocable, lo que se intenta no es el dolor eterno del condenado, sino el justo castigo de su equivocada elección, junto con el temor y el arrepentimiento de los que aún están a tiempo de rectificar.

 El deseo íntimo de Dios es la salvación de todos. Su proyecto primordial no podía ser más ventajoso para el hombre: Dios creó al hombre incorruptible, lo hizo imagen de su misma naturaleza. El hombre se parecía a su Creador como un hijo se parece a su padre. En su corazón existía la misma sed de amar y de ser amado. Su inteligencia se complacía y descansaba tan sólo en la verdad. Y ahora, después de la triste experiencia de Adán, Dios nos ha regenerado y nos ha llamado de nuevo a la unión estrecha con Él, a la amistad que satisface plenamente el alma. Y cuando le somos fieles, sentimos en nuestro espíritu una alegría que se desborda, una paz sublime, imposible de explicar. Fue él, el envidioso, el soberbio, el ángel de la Luz, el que viéndose tan hermoso y fuerte se atrevió a luchar contra Dios, a rebelarse a los planes divinos. Luzbel, Satanás, el Diablo, el Príncipe de las tinieblas. Vio cómo Dios amaba al hombre y se llenó de tristeza. Su astucia y su odio se desplegaron como sucias alas de vampiro.
Y vino la tentación, la caída, las trágicas consecuencias de la desobediencia a la voluntad de Dios. La muerte como el final de esas mil claudicaciones, la muerte como el último e inevitable capítulo de una vida de pecado. Una muerte sin esperanza, una muerte que se hunde en las tinieblas de la incertidumbre y del miedo. Una noche densa sin un posible amanecer. Una angustia desgarradora ante la duda de un futuro desconocido. La certeza aterradora de una muerte eterna. Pero esa muerte que amedrenta es tan sólo el último eslabón de esta cadena que van forjando los pecados de los hombres. Porque la rebeldía contra Dios es una triste muerte del alma. Un paso firme hacia el tenebroso abismo. Es por eso que el hombre siente el remordimiento, el miedo de haber hecho algo tan grave que no logra sopesar plenamente. Ojalá la triste experiencia de haber tenido parte con el demonio, nos libre de ser presa para siempre de sus terribles garras.

 2.- LA HUMILDAD, CAMINO SEGURO.- Jairo era un hombre importante en medio de su pueblo. Y, sin embargo, se acerca al joven rabino de Nazaret, ese mismo que muchos capitostes de Israel rechazaban. Su situación de dolor, su preocupación de padre por la hija que se le muere le ayuda a superar prejuicios y cualquier orgullo de casta. El archisinagogo acude suplicante al carpintero nazaretano. A menudo es preciso el sufrimiento para domeñar nuestra soberbia y derribar esa latente convicción de que somos mejores que los demás. Jesús atiende de inmediato su petición y marcha con él a su casa para curar a la niña. Podemos afirmar que un hombre humilde es siempre atendido por el Señor. Un corazón contrito y humillado Dios no lo rechaza, dice el salmo Miserere. Y así es, en efecto. La omnipotencia divina, su misma justicia, parece quedar desarmada ante el pobrecito que se sabe sin nada y acude confiado a quien todo lo tiene. Sin duda que el camino de la humildad, del reconocimiento sencillo de la personal indigencia es el más fácil y andadero para llegarnos, una y otra vez, hasta Dios. La mujer hemorroísa también escoge ese mismo sendero de humildad. Se esconde entre la multitud, se considera indigna de que Jesús la tocara o la mirara a ella, impura según la ley mosaica. Oculta en el tropel de la gente consigue por fin alargar su mano y rozar con sus dedos trémulos el borde de la túnica del Señor. El milagro se produce, Dios vuelve a mirar con la sonrisa en sus ojos a un alma sencilla y humilde. Junto a su profunda humildad, destaca en estos personajes evangélicos una gran fe, una confianza inquebrantable en el poder y en la bondad de Dios. Jairo no ceja en su empeño, a pesar de que la niña estaba muerta y de que la gente se ríe de Jesús porque dice que se ha dormido. La hemorroísa sabe que todos apretujan a Jesús en su afán de estar cerca de Él. Pero ella sabe también que cuando llegue a tocar el borde de la túnica que viste el Maestro quedará sana de su enfermedad vergonzosa. Y así ocurrió. Y así ocurrirá siempre que nos acerquemos hasta Jesús llenos de humildad y de compunción por nuestras faltas y pecados, confiando en su poder sin límites y en su bondad infinita. 
5.- ¿CÓMO ES NUESTRA FE? Por Javier Leoz Creencia y confianza son dos pilares que, desgraciadamente, han dinamitado la sociedad del consumo y del bienestar a la que nos encontramos agarrados. ¿En qué tenemos confianza? ¿En quién y en qué creemos? Inseguridad en nuestros dirigentes y en muchas instituciones o la ausencia de confianza, de fe en alguien o en algo, aumenta nuestra vulnerabilidad. Nos hace más débiles. 

1.-En el evangelio de este domingo, Jesús, se encuentra ante dos situaciones distintas pero con un mismo común denominador: existía fe allá donde se requería su presencia. Tanto el jefe de la sinagoga como la mujer que se iba en sangre confiaban plenamente su persona. Él, y con creces, premió esa fe con la salud. La ciencia ayuda pero, bien lo sabemos, no lo es todo: llega hasta donde llega. ¿Quién puede sino Cristo arrancarnos de la muerte? ¿Quién puede sino Cristo ir más allá de esa frontera donde la técnica más moderna es incapaz de alcanzar? La técnica prolonga la vida (o la acorta). Cristo la mima, la recupera, la eterniza. La técnica necesita y mira al cuerpo. Cristo va más al fondo: a la persona, a la fe, al alma. Ante una realidad donde parece sólo creíble lo que se demuestra o se ve, la fe, juega un papel fundamental: quien cree se salva. Quien cree vive la dimensión del dolor desde otra perspectiva. Quien pone en Jesús sus debilidades o sus hemorragias (internas o externas) está llamado a recuperarse, a sanarse.
 -Flujos de desesperanza. Más allá de las promesas de nuestros gobernantes, hemos de poner nuestros ojos en aquel Dios que siempre pone aliento en nuestro camino. 
-Flujos de sin sentido. Ante el pesimismo que nos invade (con la crisis cabalgando sobre nuestros hombros), el Señor nos invita a permaneced firmes en Él. 
-Flujos de incredulidad. El consumismo nos ha acostumbrado a vivir bajo los dioses de lo placentero y en el camino fácil. ¿Qué consecuencias se derivarán de todo ello? El Señor nos señala un sendero: ser sus discípulos. –Flujos de inquietud. Nos abruman muchos acontecimientos. Nos agobian las situaciones que nos rodean. Al tocar el manto de Jesús (la Eucaristía, la oración personal, los sacramentos) podemos revitalizar nuestro cuerpo físico y espiritual.
 2.- La experiencia que tuvo Jesús (murió para ser resucitado por el Padre) la podemos tener cada uno de nosotros si somos capaces de dormir en la cruz con las mismas palabras de fe y de confianza con las que Él lo hizo: “En tus manos Padre encomiendo mi espíritu”. Al tercer día, Cristo saltó de la oscuridad a la luz, del absurdo a la vida, de la muerte a la resurrección. Confió, creyó y tuvo fe ciega en su Padre. Ello le valió, a Él y a nosotros, la redención de toda la humanidad. A veces exigimos pruebas a Dios de su existencia y, en cambio, reclamamos poco a nuestra fe. A veces podemos considerar que ya son suficientes unas prácticas sacramentales, el estar bautizado o incluso el practicar de cuando en vez la caridad. ¿No hizo muchísimo más Cristo por nosotros? -Además de caridad, con su cuerpo en la cruz, dio muestras de la grandeza de su amor -Además de orar, defendió públicamente el Reino de Dios ante los poderosos de su tiempo -Además de dejarse bautizar en el Jordán, no hizo ascos a ese otro bautismo de sangre: su muerte en cruz 3.- ¿Y aún nos resistimos a creer? ¿No habrá llegado el momento de publicitar, con todos los medios a nuestro alcance (especialmente desde la experiencia personal) que el manto de Cristo se sigue dilatando a lo largo y ancho del mundo? ¿No será que la humanidad, desangrándose en miles de flujos, desconoce que hay un Cristo que puede y desea taponar todas esas heridas sin más respuesta que la fe? 

3.- ¡QUE NO ME FALTE LA FE! Si llega la noche oscura,  Señor, que la venza con la luz de  la fe   Si me alcanza el pesimismo y  la angustia que los supere con la  alegría de la fe   Si me siento acorralado por  las dificultades que sepa descubrir el  trampolín de la fe   SI me acechan dudas e  incertidumbres que se abra ante mí una hoja  con palabras de fe.   ¡QUE NO ME FALTE, JESÚS, LA  FE! Para responderte con  generosidad si, de mí, reclamas atención  o compromiso   Para decirte que, sólo Tú  eres el Señor, si ante mí se alzan otros  dioses extraños   Para seguirte, y no  perderte, si logro tocar el manto de  tu Eucaristía si alcanzo gustar el manto  de la oración si agarro, con fuerza, el  manto de tu Espíritu   ¡QUE NO ME FALTE, OH SEÑOR,  LA FE! Que me posibilita mirar más  allá de mí mismo de mis aflicciones y de mis  egoísmos de mi bienestar y de mis  intereses de mi comodidad o de mi  pequeño mundo de mis proyectos y de mis  debilidades   ¡QUE NO ME FALTE, SEÑOR, LA  FE! Y pueda verte, cuando estoy  limpio y sanarme cuando me  encuentro por dentro sucio   Y pueda sentirte, cuando  esto lleno de tanto y cercano, cuando el mundo  me deja vacío   Y pueda alabarte, cuando la  vida me sonríe y no olvidarte, cuando la  suerte me abandona   Y te busque, cuando tantas  cosas me seducen y te encuentre, cuando todo  es nada y hojalata Amén 

5.- SOLO CON TOCAR EL MANTO Por Ángel Gómez Escorial 
1.- Para la celebración de esta Eucaristía del Domingo XIII del Tiempo Ordinario, el misal adaptado de la Conferencia Episcopal Española sitúa entre paréntesis, con la opción de que no se lea, el episodio de la hemorroísa. Quedaría pues solo la lectura de la resurrección de la hija del jefe de la sinagoga, Jairo. Pero la costumbre hace que en muy pocos templos se abrevie el texto, aun teniendo en cuenta que el prodigio de la resurrección de la niña de Jairo, puede considerarse como “más fuerte” que la curación “involuntaria” operada por Jesús. 2.- Y, sin embargo, la determinación de esa mujer, desahuciada y arruinada por la medicina al uso, de que podía ser curada por Jesús le lleva, simplemente, a rozar su manto. El relato habla de que sintió en su cuerpo la curación y Jesús notó que una fuerza curativa había salido de él. La capacidad de Jesús de hacer milagros, de transformar la enfermedad en salud, la inquietud en paz, siempre atrae. Y muchas veces, los fieles y la Iglesia reza para obtener la curación. La mayoría de los milagros relatados en las causas de la beatificación y canonización de los santos tiene ese contenido: la curación de enfermos. Y en esa frontera del poder real que Dios puede ejercer sobre nosotros es donde debe situarse nuestra esperanza, con la misma determinación que la mujer que tocó el manto entre el apretujón del gentío. 
3.- Pero, claro, como decíamos, tiene más «importancia» la resurrección de la hija de Jairo. La vuelta a la vida de un muerto es un asunto difícil y misterioso. Nos resulta más fácil creer en la curación, aunque sea portentosa e inmediata. No obstante lo que importa es la aplicación del poder de Dios y nuestra fe en su omnipotente capacidad para hacer cuanto quiera. No es posible entrar en un camino de explicación de lo simbólico, ni dar «gracia» literaria a ambos pasajes. Hay que creer en lo que se nos narra. La adaptación a los planteamientos más humanos o científicos ha quitado peso y brillantez al relato evangélico. 
4.- No podemos leer la Sagrada Escritura como lo haríamos con una narración antigua o con el prospecto de un medicamento. Hemos de entrar en el significado exacto de lo que se nos narra, porque de no haber sido se nos contaría otra cosa. También, podemos evitar ciertas literalidades que vendrían de los modos y modas de la época, pero, en cualquiera de los casos, Jesús pasó haciendo el bien y librando a los oprimidos por el mar y el dolor. Y esto es lo que nos cuenta San Marcos en su evangelio de este domingo. Tal vez, algún día nosotros podamos estar cerca de un hecho sencillo y maravilloso que nos servirá, sobre todo, para mejorar nuestro amor y reverencia por el Señor Jesús.
 5.- En la primera lectura –muy breve— sacada del Libro de la Sabiduría se dice. “Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes” Se confirma que el Señor nos hizo inmortales y que el pecado, inspirado por el diablo, rompió esa situación. Y ello está en consonancia con lo sobrecogedor que es el hecho de que se puede producir la resurrección de un ser que ha muerto, como en el caso de la Hija de Jairo, la de Lázaro o la que aconteció con el hijo de la viuda. El Libro de la Sabiduría nos está dando una pauta y que Dios, por mano de su Hijo Unigénito, vuelve a la vida que se perdió. 
6.- San Pablo en su segunda carta a los Corintios nos habla de la colecta que se realizó en las Iglesias de Europa y Asia –y por iniciativa suya—para la Iglesia Madre de Jerusalén. Es la consecuencia de la visita que el Apóstol de los gentiles hizo a Pedro y a Santiago. Pablo cumpliría con todo empeño dicha promesa. El largo párrafo que dedica a ello –y que comenzamos a leer en la liturgia de este domingo— da importancia de ello. Para nosotros es un símbolo de la unidad de la Iglesia de Dios en, incluso, esos tiempos en los que los contactos y las comunicaciones eran muy difíciles. Pablo va a viajar a Jerusalén a explicar, con aceptación jerárquica, cual está siendo su labor entre los gentiles y para recibir, de manera fraternal, aprobación para su trabajo apostólico.
 7.- Este domingo es el 1 de Julio y ya tenemos el verano completamente “abierto”, con el inicio las vacaciones estivales en uso, al menos como decimos siempre en el hemisferio norte, pues sólo queremos sugerir a todos que conserven el impulso de este Tiempo Ordinario, tiempo normal y fuerte, que debe reforzar aún más si cabe nuestra disponibilidad ante la Palabra de Dios. Y que, por el contrario, no sea el verano tiempo de olvido. Hay más tiempo para reflexionar en el eje de nuestras meditaciones, solo puede estar el Señor Jesús. Salgamos hoy del templo con la idea de que ni la distancia, ni el alejamiento, ni las nuevas tierras ni otras gentes, pueden separarnos de la fe que profesamos en común.

 LA HOMILÍA MÁS JOVEN GENEROSIDAD GENEROSA Y CON TERNURA Por Pedrojosé Ynaraja

 1.- Comprendo que no es elegante la redundancia, pero me niego a eliminarla. Reconozco que se organizan campañas solidarias con motivo de una catástrofe, de un acontecimiento fatal, de un periodo de crisis, o de una epidemia. No hay que ignorarlo y se merece la alabanza de todos. 

2.- Dichas muestras son ejemplo de generosidad, pero por muchos y buenos resultados económicos que se consigan a nivel colectivo, en el plano individual, si solo la generosidad se ejerce en estas situaciones, no es suficiente. Si alguien colaborando en tales iniciativas se olvida o ignora voluntariamente al vecino o al compañero que sufre, está enfermo y nadie le atiende, pasa hambre y nadie de su entorno se preocupa de él, mientras goza gastando lo que con orgullo dice que es suyo y se lo ha ganado con su esfuerzo, que son los organismos públicos los que deben atenderle, podrá ser un buen ciudadano, pero su obrar le aproxima poco a Jesús.

 3.- Si leéis el texto evangélico del presente domingo, observareis, mis queridos jóvenes lectores, que en él se cuentan dos milagros del Maestro, y en los dos se descubre no solo su generosidad, sino que también sus muestras de cordialidad. 

4.- Acude el “conserje” de la sinagoga, que no era rabino, pero sí responsable de aquel lugar de oración y escuela de la Ley, solicitando del Maestro que cure a su hija que está muriéndose. El Señor acede de inmediato y va hacia su domicilio.

 5.- Se abre un paréntesis en el relato. Por el camino, una mujer se acerca al Señor deseando ser curada ella también, pensando que con solo tocar la borla de su manto, el talit judío, que tanto era singular atuendo, como servía para abrigarse, u para otros menesteres. De sus vértices colgaban unas borlas que gozaban de gran reverente aprecio. Con sólo palpar una de ellas, con solo este gesto, lograría alejar su mal. Se aproxima a escondidas, no puede hacerlo de otra manera, se lo impide su situación de continua menstruación que, según la ley, la convertía en mujer en perpetua impureza, que la trasmitía también, a quien pudiera tocarla. Se atreve confiada en aquel cuya bondad está por encima de la Ley. El Señor percibe el gesto que ya la ha librado de su mal. Ya se ha obrado el milagro, pero considera que debe hacer algo más por ella y quiere hablar con dulzura, exponiéndose a la crítica de los que siempre estaban al acecho para atacarle y exponiéndola a ella, por su injusto legal atrevimiento, a la condena de los suyos y de todo el gentío. El amor supera los peligros. La mujer se aleja feliz, la ha llamado hija y le ha dicho que su Fe la ha salvado, que sea feliz, que goce de salud. 
6.- El Maestro parece que con este obrar está decepcionado al buen Jairo, tal vez lo ha olvidado, pero no, pese a las apariencias, pese a las noticias que llegan y deberían desanimarlo, va a la casa de Jairo, el buen jefe de la sinagoga. Entra, observa. No quiere ademanes, ni agitaciones espectaculares, prefiere la pacifica intimidad. Se queda exclusivamente con los familiares que aman a la chiquilla y con sus más íntimos amigos. Impregnado el ámbito de amor, se acerca y le dice a la mujercita que se levante y ella acede. Ante el asombro de los que le rodean, añade que le traigan alimento que está en edad de comer mucho, que su resurrección no elimina las apetencias biológicas. Si ha de seguir viviendo, es preciso que coma ya de inmediato. 7.- Este milagro, pequeño milagro podríamos llamarlo, dada la pequeñez del recinto y la singular situación en que ocurre. Pequeño también, porque a una sola jovencita es a la que salva. Aun así a su divino proceder ha añadido un poquito de dulzura. 8.- La lengua en que se relacionaban los asistentes era el arameo y en la misma habló el Señor. El texto evangélico se escribió en griego, pero había emocionado de tal manera al redactor inspirado el gesto de Jesús a los presentes, que al ponerlo por escrito, quiso conservar y trasmitir, “para perpetua memoria” como se dice, las palabras exactas que pronunció. Talitha qumi, mientras afectuosamente le daba la mano. Jovencita levántate y continúa viviendo. Tenía doce años. En el desarrollo de una mujer de aquel tiempo, esta edad la ponía a las puertas de una nueva vida, a punto de emprender el estado matrimonial. No hay que olvidar que no existía, como todavía hoy no existe en culturas primitivas, la adolescencia, la edad del pavo, como en algunos sitios la llaman. De la segunda infancia pasaba a la juventud. Os digo esto a vosotros, mis queridos jóvenes lectores, para que veáis siempre en vuestras compañeras, a alguien a las que Jesús ama con dulzura. Observadlas con el cariño que se merecen, con el aprecio con que el Maestro amo a esta galilea. Si son atractivas, como si no lo son, tanto si simpatizáis como si no, respetadlas, pensando que gozan del cariño del Señor. Si os parecen frívolas o vanidosas, incapaces de grandes ideales y empresas, ineptas por tanto para sublimes ensueños y proyectos. Si os parecen que son sordas a las llamadas de Dios, pedidle que las levante de su modorra espiritual. Insistid hablando con ellas amablemente, tratando de que sean vuestras palabras, semejantes a las que el Maestro la dirigiría. 9.- Y a vosotras, mis queridas jóvenes lectoras, si os sentís insatisfechas, si al ir a dormir pensáis que vuestra vida no tiene sentido, o que le dais una orientación incorrecta, no temáis acudir a quien en nombre del Señor os dé ánimos. A quien con cordialidad os resucite. A Él mismo en recluida y confiada oración. El Maestro a nadie desprecia. Os lo aseguro yo, que soy experto en fracasos. 10.- Y si quien me lee es adulto decepcionado del panorama que observa, que piensa que confiar en la juventud de hoy en día es necedad, que recuerde que la imaginación de Dios es portentosa y que tal vez os haya escogido para dar el toque de alerta, que quien sabe cuándo será escuchado y atendido, pero que nunca se pierde, cuando en Él se confía. Os lo aseguro yo, que soy experto en fracasos. 

Solemnidad de San Pedro y San Pablo 

1.- PEDRO Y PABLO SIGUIERON A JESÚS Por José María Martín OSA
 2.- HOY LA IGLESIA ENTERA REZA POR EL PAPA Por Antonio García-Moreno 
3.- DOS PERSONAS MUY DISTINTAS, PERO UNA MISMA FE Por Gabriel González del Estal 
4.- PEDRO Y PABLO: CIMIENTOS Y ROCAS DE FE Por Javier Leoz
 5.- PEDRO Y PABLO: DOS GRANDES INTERCESORES Por Ángel Gómez Escorial LA HOMILIA MÁS JOVEN PEDRO Y PABLO, LOS CAMPEONES Por Pedrojosé Ynaraja

 1.- PEDRO Y PABLO SIGUIERON A JESÚS Por José María Martín OSA 

1.- Mártires, testigos, de Jesucristo. En esta solemnidad de San Pedro y San Pablo celebramos que la Iglesia actual tiene su origen en los apóstoles y guarda una identidad de vida y doctrina con las primeras comunidades cristianas. Pedro y San Pablo son apóstoles y “arquitectos” de las primera Iglesia. La tradición sostiene que ambos sufrieron martirio en Roma en algún momento del siglo I. Ambos combatieron bien su combate, como expresa Pablo en la II Carta a Timoteo. Sufrieron múltiples persecuciones, de las que el Señor les libró. Al final los dos sufrieron el martirio en la persecución de Nerón tras el incendio de Roma. Fueron testigos fieles de Jesucristo, confesaron su fe derramando su sangre por el Maestro. La lectura del Evangelio se centra en la figura de San Pedro, el portavoz de los apóstoles. Mateo presenta la famosa “confesión de San Pedro” y la respuesta de Jesús a tal confesión de fe. El suceso se sitúa en Cesarea de Filipo, región pagana en el antiguo territorio de Palestina, como una previsión de que la misión de Pedro y los apóstoles no se quedará limitada a su propio país. Deben estar dispuestos a alcanzar las regiones paganas y seguir al Maestro donde quiera llevarles.
 2.- “¿Quién dice la gente que soy yo?” Jesús espera una respuesta que defina lo que estamos dispuestos a dar por El. Jesús comienza con una pregunta impersonal. ¿Qué impresión tienen los otros de mí? ¿Cómo me ven? A esto responden los discípulos: “Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, Jeremías o uno de los profetas”. Lo evidente es que la gente percibe a Jesús como un hombre santo, en línea con los profetas. En este momento crítico de la historia de la salvación judía, le ven como portavoz de Dios. “Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?” Jesús no deja a los apóstoles sólo en un nivel superficial. Quiere una relación más personal: decidme “¿quién pensáis vosotros que soy yo?” Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.” Así respondió Pedro a aquel examen, hablando por sí mismo y por los demás apóstoles. Es una profesión de fe de más alcance que la expresada por la gente. Jesús no es un mero profeta; es mucho más. Es el Mesías largamente esperado, el Ungido de Dios, realmente el Hijo mismo de Dios. Conociéndole y permaneciendo con él, Pedro y los apóstoles poseen la auténtica presencia de Dios, aquella “luz atractiva” imposible de despreciar y de renunciar. Esta misma pregunta nos la hace Jesús a cada uno de nosotros: ¿Y tú, quién dices que soy yo? En otras palabras te está preguntando ¿para ti, quién soy yo? Debes pensar antes de responder, no se trata de contestar con palabras bonitas aprendidas del catecismo, se trata de responder con la vida. ¿En tu comportamiento en el trabajo, en casa, en la vida pública, tienes presente lo que Jesús espera de ti? 
3.- ¿Seremos capaces de ser de verdad testigos –mártires– de Jesucristo? Me da la impresión de que no estamos del todo convertidos a Jesucristo. Es más fácil cumplir unos preceptos, que en el fondo no alteran nuestra vida, que “mojarse” de verdad y dejar que el Evangelio empape nuestra vida y cuestione incluso nuestras seguridades. Es más fácil responder de memoria, como un loro, que Jesucristo es el Hijo de Dios, que plantearse en serio nuestra fe cristiana. Raramente somos capaces de renunciar a nuestro dinero o a nuestro tiempo para compartirlo con los necesitados. Nos hemos fabricado una religión a nuestra manera, por miedo a comprometernos de verdad. Muchas personas se escandalizan y se alejan de Dios al contemplarnos. ¿Seremos capaces de ser de verdad testigos -mártires- de Jesucristo, como lo fueron Pedro y Pablo? 4.- Vocación y misión. Tenemos que replantearnos nuestro seguimiento de Jesucristo. Pedro, la piedra sobre la que Jesucristo edifica su Iglesia, selló con su sangre la fidelidad al Maestro. “Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia…” En reconocimiento de la respuesta de Simón Pedro, le da Jesús un nombre nuevo. Darle un nombre nuevo significa una nueva vocación y misión de Pedro. Participa ahora de la misión misma de Cristo, es decir Pedro se convierte en trabajador-compañero de Jesús para la reconstrucción del nuevo Israel, la nueva casa y familia de Dios. Jesucristo es realmente la piedra angular de este nuevo “edificio”. Comenzando desde Pedro, todos los apóstoles y sus seguidores están destinados a participar en esta vocación y misión de Cristo, su Maestro, reconocido por ellos como el Hijo de Dios vivo. La legitimidad de su función nace de este mandato dado a Pedro por Jesús. De aquí surge también la seguridad de que, mientras permanezcan fieles a este mandato, ningún poder, ni terreno ni sobrehumano, prevalecerá sobre ellos. Pablo fue capaz de reorientar su vida y dejarse seducir por ese Jesús al que persiguió anteriormente. Pedro y Pablo cuestionan nuestra vida mediocre y nos replantean nuestro seguimiento de Jesucristo. Ahora nadie va atentar contra nuestra vida, no seamos cobardes a la hora de demostrar nuestro amor a Jesús. 
2.- HOY LA IGLESIA ENTERA REZA POR EL PAPA Por Antonio García-Moreno

 1.- OREMOS POR EL PAPA.- Este breve pasaje de los “Hechos de los apóstoles” nos ofrecen un interesante relato sobre la vida los primeros cristianos, cuando la Iglesia nacía y se marcaban las directrices fundacionales, base y fundamento de lo que es la Iglesia. Por eso esa época tiene un valor único para ser fieles a la doctrina de Cristo en lo fundamental, aunque hayas aspectos y detalles que van cambiando según el tiempo y las circunstancias, pero sin cambiar en lo que es fundamental. Se nos refiere la muerte de Santiago, el hermano de San Juan Evangelista. Con ello vemos cómo desde el principio hubo persecuciones contra los cristianos. En este pasaje se nos narra la prisión de Pedro y su liberación, gracias a la oración de aquellos primeros discípulos. Hoy también la Iglesia entera reza por el Papa, este Papa Francisco que nos sorprende con su sencillez y personal encanto. Una característica del Papa Francisco es la de pedir que recemos por él. Es como una cantinela con la que termina sus intervenciones, tanto generales como particulares. En la Liturgia se pide con frecuencia por el Papa, sobre todo en la Santa Misa donde siempre y forma nominal se implora al Señor que ilumine y fortalezca a nuestro Pontífice el Papa Francisco. 
2.- SAN PABLO, APÓSTOL DE LOS GENTILES.- Es significativo que en esta se asocien San Pedro y San Pablo. El Apóstol de los gentiles, tuvo en la Iglesia primitiva una actuación memorable y decisiva en la expansión del Evangelio. Después de ser derribado del caballo en el camino de Damasco, Pablo que persiguió a muerte a los primeros cristianos, cambia radicalmente y por mandato de Cristo predicó el Evangelio con la misma pasión y energía que le caracterizaba. El texto de la segunda carta a Timoteo, que hoy escuchamos es de una gran emotividad, pues el Apóstol nos dice que está “a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente”. Se queja de que en su defensa nadie le asistió, antes bien todos le desampararon. Pero el Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león. “Cuando vengas,–le escribe a Timoteo–, tráeme el abrigo que me dejé en Tróade, en casa de Carpo, y los libros, en especial los pergaminos”. El Apóstol tiene frío, pero conserva su interés por sus pergaminos en los que encuentra luz y consuelo, ilusión por seguir evangelizando a los gentiles. Y añade: “Desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación”. 
3.- DOS PERSONAS MUY DISTINTAS, PERO UNA MISMA FE Por Gabriel González del Estal

 1.- San Pedro y San Pablo tenían personalidades muy distintas, pero los dos fueron fieles seguidores del Maestro, desde el momento mismo en el que se convencieron de que Jesús era el verdadero Mesías, el que Dios había enviado al mundo para salvarnos.

Los dos profesaron la misma fe, pero cada uno vivió su experiencia de fe en conformidad con su temperamento, con sus convicciones y con sus sentimientos más profundos. Pedro era más primitivo, más inculto, más titubeante en sus convicciones, pero fue siempre sincero, espontáneo, dispuesto a reconocer y a llorar sus errores en el momento mismo en el que los reconoció. Dios mismo le reveló que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios vivo. El Maestro le hizo piedra y fundamento de su Iglesia. Pablo era más culto, más seguro de sí mismo, más iluminado, más batallador. Dios mismo le reveló que Jesús era el verdadero Mesías, nuestro único Salvador. El Maestro, mediante revelación particular, le envió a predicar su evangelio a los gentiles, a anunciar la superioridad de la fe en Jesús sobre la Ley de Moisés y los profetas. Los dos, a pesar de sus grandes diferencias, son piedras vivas y fundamentales en la edificación de la Iglesia de Cristo. Pues bien, lo que quiero ahora decir es que cada uno de nosotros somos distintos y debemos vivir nuestra fe, una misma fe, de acuerdo con nuestro propio temperamento, con nuestras propias convicciones, con nuestra propia manera de sentir y de amar a Dios y al prójimo. La fe cristiana, evidentemente, es una y única, pero la vivencia y la expresión de esa fe será siempre personal e intransferible, aunque nuestra profesión de fe se haga dentro de una misma Iglesia y dentro de una misma comunidad cristiana. Dios es uno y único, pero cada uno de nosotros nos relacionamos con él de forma particular. En este sentido podemos decir que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio Dios, el Dios nuestro de cada día, aunque todos somos hijos del mismo y único Dios. Lo importante es que no perdamos nunca la fe profunda y fundamental de Pedro y la fe católica y universal de Pablo. Y que seamos siempre religiosamente respetuosos con la fe de los demás.
 2.- Pedro recapacitó y dijo: pues era verdad. No tenía Pedro muchos motivos para fiarse de Herodes, que acababa de mandar pasar a cuchillo a Santiago. Lo más probable era que con él hiciera lo mismo. Por eso, cuando le están quitando las cadenas y sale fuera de la cárcel, cree que está viendo visiones. Pero, en este momento, emerge de su conciencia su fe profunda en el Mesías salvador y se da cuenta, alborozado, de que ha sido él mismo, por medio de un ángel, el que le ha librado de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos. Es probable que muchos de nosotros en más de una ocasión nos hayamos visto perdidos y alguien, algún ángel del Señor, nos haya salvado. Es bueno reconocer la mano de Dios en nuestra vida, una mano poderosa que ha hecho posible lo que a nosotros nos parecía humanamente imposible. Seguro que cada uno de nosotros tiene su ángel de la guarda y hasta es posible que algunos tengamos más de uno.
 3.- El Señor seguirá librándome de todo mal. Desde el momento mismo de su conversión Pablo fue un hombre sin miedos. Estaba seguro que Dios estaba con él y, teniendo a Dios a su lado, ¿quién le iba a hacer temblar? Es esta seguridad en la mano protectora de Dios la que le permite a Pablo asumir riesgos y dificultades sin miedos ni titubeos. Es asombrosa la serenidad y la valentía con la que Pablo, fiándose de Dios, se enfrenta en muchas ocasiones a dificultades que parecían insuperables. ¡Qué gran lección para nosotros que con demasiada frecuencia vamos por la vida, vacilantes, con el alma llena de angustias y temores! 
4.- Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Podemos olvidarnos ahora del texto y del contexto evangélico, y preguntarnos a nosotros mismos: ¿Quién es para mí, Jesús de Nazaret? Olvidémonos de lo que dice la gente y de respuestas que hemos aprendido más o menos rutinariamente. Entremos en el santuario de nuestra conciencia y a solas con nosotros mismos repitamos, sosegada y profundamente, la pregunta: ¿Quién es para mí Jesús de Nazaret, hasta qué punto mi fe en él condiciona y dirige toda mi conducta? Ojalá que de la respuesta, sincera, que demos, pueda decirse que ¡no nos la ha revelado nadie de carne y hueso, sino el Padre que está en el cielo! Sería el mejor homenaje que, en esta fiesta, podríamos ofrecer a San Pedro y a San Pablo. 

4.- PEDRO Y PABLO: CIMIENTOS Y ROCAS DE FE Por Javier Leoz 

Al llegar la festividad de San Pedro y de San Pablo salen a flote los primeros pasos de nuestra era cristiana, tomando cuerpo y forma, criterio y testimonio en dos personas que fueron cimientos y puntales de los primeros tiempos de la evangelización cristiana: Pedro y Pablo Era la hora de la verdad: -De  dar razón de las palabras de Jesús hasta los últimos confines de  la tierra -De  pasar del dicho al hecho, incluso vertiendo la sangre -De  no seguir con miradas perdidas en el cielo -De  probar la verdad o la fragilidad de la fe en el discipulado 1.- SAN PEDRO Y SAN PABLO: SERVIR ANTE TODO -Son columnas de ese gran edificio espiritual que es nuestra Iglesia -Son testimonio de un Cristo vivo de, aquellos, que lo supieron escribir con sangre -Son, tan distintos, que fueron capaces de unirse en lo esencial: ¡por encima de todo el afán evangelizador! Como recientemente nos ha recordado el Papa Francisco, fueron personas (cristianos) contracorriente. -Son punto de referencia a la hora de tomar un camino u otro en nuestra vida cristiana. Como San Pedro, a veces, corremos el riesgo de quedarnos “con y en los nuestros”. Como a San Pablo, qué bien nos vendría si Dios nos tirase de nuestro particular, altivo y querido caballo (orgullo, hipocresía, mentira, debilidad, falsos prejuicios, cobardía…..) para aventurarnos a lo nuevo sin miedo. Muchos, hoy en la Iglesia, siguen entendiendo que el esfuerzo evangelizador ha de ir recompensado por una responsabilidad mayor, con un reconocimiento implícito o explícito por la Jerarquía Eclesial. Afortunadas las palabras del Papa Francisco: “muchos entienden su servicio a la Iglesia como un carrerismo”. 2.- SAN PEDRO Y SAN PABLO: DIVERSIDAD PARA UNA MISMA FE -En uno Jesús puso la familiaridad y la cercanía, el compañerismo y hasta le leyó de antemano las contradicciones en las que caería en los aledaños de la Pascua. -Con el otro, Dios, quiso saltar las fronteras de una Fe que podía haberse quedado encerrada en las cuatro puertas de Palestina -En uno sobresale aquello de “ser amigo de sus amigos”. No le acompañó precisamente ni la ciencia ni las letras, pero tuvo la virtud de ser sencillo como una paloma y noble como el oro. Jesús, le hizo entrega de las llaves de esa gran familia que es nuestra Iglesia. -Con el otro, Dios hizo el milagro de la conversión radical. Pasó de ser adversario a ser “fan” y propagandista de Jesús. Se sintió derribado de sus esquemas y de sus acepciones, de su sabiduría y de su altanería. Todo lo estimó en basura cuando lo comparaba con el amor/riqueza de Cristo. Pasó de la vehemencia a la docilidad ante su Dios. 3.- Dios no quiere a superhombres para llevar a cabo su Reino. Dios quiere respuestas. Pedro le falló en las horas más decisivas de la Pasión de Jesús. Pablo se convirtió en uno de los más sangrientos perseguidores. Pero, después, con un “sí” uno pasó de ser pescador en Galilea a ser pescador de almas. El otro, de ser un incrédulo, guerrero e intelectual, a un enamorado de la causa de Jesús. Dos personas distintas con un mismo denominador común: JESÚS… ¡TODO POR JESÚS! 3. LOS NUEVOS “PEDRO” Y LOS NUEVOS “PABLO” Aún con nuestras historias (buenas o malas), limitaciones (que son otras tantas), con los caminos emprendidos (a veces contrarios a la fe), aun siendo como somos (y mira que somos complicados)… Dios sigue contando con nosotros: pone el tesoro de su Reino en nuestras manos aún a sabiendas que siempre serán empecinadas y constantes vasijas de barro. Y, volviendo al Papa Francisco, qué bueno sería saber, pensar y reflexionar una de sus perlas lanzadas en la capilla de Santa Marta: “nunca he visto que detrás de un cortejo fúnebre vaya un camión de mudanzas”. Con nosotros, claro está, se va lo que hemos dado, trabajo, ofrecido y servido. En esa carne (débil y pecadora) que somos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, Dios va manifestándose todos y cada uno de los días. Ojalá seamos capaces de ofrecer a DIOS nuestra vida de tal manera que nos sintamos “menos superhombres” y “más amigos de Dios”. Con todo ello, en este día de los pilares de la iglesia, tenemos un recuerdo y oración especial por ese testigo del evangelio que nos ensambla con el primer testimonio de los apóstoles y que es signo de unidad, de caridad y de comunión en toda la iglesia: el Papa Francisco. Dios lo acompañe en su intento de renovación, profunda y espiritual, de nuestra Iglesia. 

6.- PEDRO Y PABLO: DOS GRANDES INTERCESORES Por Ángel Gómez Escorial 

1- Siempre resulta atractivo y un poco enigmático que la Iglesia, desde el comienzo, haya reunido en la misma celebración a Pedro y a Pablo. Sin duda, ambos podrían tener una fiesta independiente. Además, lo que sabemos, con referencia histórica de la relación entre ambos, no es mucho. Ciertamente, Pablo visitó a los apóstoles en Jerusalén y se conoce como Pablo reprendió a Pedro por su giro ante las presiones de los nuevos cristianos partidarios de mantener la ley mosaica. Ambos mueren en Roma. Y siempre se ha especulado con que, probablemente, hubiera sido en la capital del imperio donde Pedro y Pablo pudieran haberse relacionado más. Ambos, asimismo fueron martirizados en Roma. Ha sido difícil datar la fecha de la crucifixión de Pedro –boca abajo— y se establece un periodo posible entre los años 54 y 67. Sin embargo, si se tiene bastante certeza de que Pablo de Tarso muriera decapitado en el 67, ya que como ciudadano romano que era no se le podía aplicar el infamante castigo de la cruz. Pedro fue enterrado en una necrópolis romana que había en la colina vaticana, y en ese lugar se construyó la basílica del Vaticano. Pablo fue ejecutado fuera de la ciudad, tal vez, también, por su condición de ciudadano romano, a unos cinco kilómetros de la Urbe, junto a la Vía Ostiense. Y allí se erigió la basílica que se llama San Pablo Extramuros, que indica esa lejanía de Roma. 2.- Y, en fin, las precisiones históricas no arreglan el “problema” y nos seguimos preguntando: ¿cómo es que la Iglesia los celebra juntos? La única explicación en la importancia capital de ambos en la historia eclesial. Pedro fue investido Papa por el propio Jesucristo. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia”. Y Pablo –sus escritos— ha producido la más importante y profunda infraestructura histórica y doctrinal de la Iglesia católica, base y origen, en cuanto a interpretación, de lo que ha venido después. Incluso se sabe que sus escritos fueron anteriores a los cuatro Evangelios. Pablo ha definido, desde entonces, la cristología. Y nadie le ha podido superar. Aquel encuentro con Jesús resucitado en el camino de Damasco debió de ser una intensidad enorme, muy grande. 3.- Las lecturas de hoy arrojan –si pudiera decirse así— un saldo positivo más a favor de Pedro. La primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, cuenta la liberación milagrosa de Pedro, tras haber sido encarcelado por el Rey Herodes. Tiene mucha enseñanza. La Iglesia se reúne para rezar intensamente por su liberación. Ciertamente, Pedro ya estaba al frente de la comunidad cristiana recién nacida. El relato de la caída prodigiosa de grilletes y de la apertura automática de puertas es muy sugerente y atractivo. No quiero, asimismo, dejar de citar el Salmo 33, que es uno de los hermosos del salterio, y que nos enseña –y no debemos de olvidarlo— que el Señor nos escucha en nuestras angustias y nos libra de ellas. 4.- El fragmento de la Segunda Carta a Timoteo es muy revelador. Pablo habla ya de la cercanía de su muerte –“a punto de ser sacrificado”, dice— y hace como un testamento espiritual a uno de sus discípulos más queridos. Y el evangelio, sacado del capítulo decimosexto del texto escrito por San Mateo, narra esa consagración como primero, como líder de la nueva Iglesia. Pueden caber pocas dudas sobre la primacía petrina. Además, Jesús habla de que Él será el muro de contención contra los ataques del Maligno, que abundarán, como el mismo Jesús de Nazaret sufrió constantes tentaciones. 5.- Decir que fue en 2008 cuando se dio prelación a la liturgia de San Pedro y San Pablo –al menos en los últimos tiempos— por la correspondiente celebración del Domingo XIII del Tiempo Ordinario y lo decretó el Papa Benedicto XVI como pórtico y apertura del Año de San Pablo. Normalmente solo las llamadas “Fiestas del Señor” suelen quitar sitio a los domingos de cualquier tiempo, y en especial, durante el Tiempo Ordinario. Pero queda claro que celebrar a Pedro es celebrar al Papa y conmemorar a Pablo es tener en cuenta al mejor “analista” de la figura de Cristo a lo largo de toda la historia. Tiene sentido, pues, que cuando se produzca coincidencia dominical en el calendario entre la fiesta de los apóstoles y el domingo ordinario se opte por la primera, donde se aprovechará para hacer la colecta mundial del Óbolo de San Pedro, cuyos fondos administra el papa reinante, y que tiene gran importancia. Continuemos con la celebración de nuestra eucaristía teniendo en cuenta que tanto Pedro como Pablo son dos grandes intercesores ante el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y serán cooperadores necesarios de nuestros planes para ayudar a los hermanos que más lo necesitan, en, por ejemplo, estos tiempos de crisis. Y por supuesto para nuestros avances en la Fe, la Esperanza y el Amor. 

LA HOMILIA MÁS JOVEN PEDRO Y PABLO, LOS CAMPEONES Por Pedrojosé Ynaraja

 1.- Me toca pasar frecuentemente por un pueblo que exhibe orgulloso un monumento a un motorista campeón mundial en su especialidad y nacido en esa población. Por descontado que el municipio tiene su ayuntamiento, presidido por el correspondiente alcalde y sus concejales. Gracias a este organismo subsisten los ciudadanos y su nombre es reconocido. Ahora bien los triunfos del deportista son un gran honor para los vecinos y quieren manifestarlo con el monumento del que hablaba al principio. Os he puesto este ejemplo, mis queridos jóvenes lectores, para que entendáis el sentido de la solemnidad de hoy, que resulta ser el domingo XIII del tiempo ordinario, pero que, sin negarlo, dedicamos nuestro homenaje a dos campeones de la Fe cristiana, cosa que es mucho más importante que los triunfos que pueda alcanzar alguien sobre un motor. 2.- Llegué una vez a Roma al mediodía, iba solo y no tenía nada especial que hacer hasta bastante más tarde. Pensé que era una buena oportunidad para desplazarme a pie por la urbe. Me crucé con una manifestación reivindicativa de no sé qué derechos, crucé valerosamente varias veces la calzada (no conozco otra población después del Cairo, donde se circule tan anárquicamente). Llevaba un plano y había estado en varias ocasiones anteriormente, así que, al cabo de dos horas me encontré junto al Coliseo. No quise entrar, me limité a dejar que mi mente evocara lo que para la cultura y para la Fe, significa este colosal anfiteatro. Me acerqué al Arco de Tito para que mi imaginación emparentara más fácilmente con los judíos ilustres en los que estaba pensando. Seguramente que para ellos aquella Menorá que arrebataban los soldados y se llevaban como botín de guerra les era mucho más familiar que para mí. Visto el famoso relieve, caminé a paso lento por el Foro Romano. Trataba de reconstruir los muros e imaginar a los viandantes que transitaban por el mismo trazado que yo entonces recorría. Imaginé a Pedro, me parecía tenerlo delante. Después me pareció que me adelantaba Pablo. Se me ocurría que si estuvieran físicamente presentes, les preguntaría qué sentían ellos al pasar junto a aquellos templos de divinidades paganas, al dejar a un lado el enigmático de las Vestales, que sin duda relacionarían con la dignidad de la mujer, de la posible virginidad. En otro caso, si se trataba de uno dedicado a la diosa Venus, contrastaría lo que veían con las nociones aprendidas del Señor. Ellos sin duda se sentirían abrumados, pues su preciosa y verdadera Fe, debía enfrentarse a aquel gigantesco cúmulo de creencias que impedían que el Espíritu de Jesús llegara a tantos transeúntes con los que se cruzaban. Era ingente la tarea, tal vez imposible. Ninguno de los dos abandonó su decisión de predicar a todo el mundo, lo que les había encargado el Maestro. Si a ellos les parecería difícil, a mí todavía mucho más. 3.- Salí de aquel paraje arqueológico y me acerqué a la basílica de San Pedro, ya en el Vaticano. Estaba vacía, en la inmensidad de su ámbito, tal vez se desplazaban una veintena de personas. Pensé que quizá era aquella ausencia una imagen de la actual realidad. La Fe impregna a pocas personas, ¿qué hago yo aquí?, me preguntaba. Caminé pausadamente y me acerque a la “confessio”. Cerré los ojos y, como siempre hago, pero esta vez mucho más atentamente, recité el Credo. Salí de la basílica un poco más convertido, siempre puede uno mejorar, reconocerlo y proponerse continuar progresando. El testimonio de Pedro, cuyas cenizas debajo reposan, me contagió su Fe. Otro día fui a la de San Pablo y solicité que consiguiera del Señor que participara un poco de su vocación. Pedro fue territorialmente obispo de Roma. Pablo no se circunscribió a ningún lugar. 4.- ¡Cuántas veces doy gracias a Dios de vivir en estos momentos de la historia! En mis vejeces y desde este minúsculo lugar donde resido, puedo cumplir el último deseo que el Maestro manifestó a sus discípulos: id por todo el mundo… Internet permite seguir y comunicar el testimonio de Pedro y Pablo, nuestros campeones. Si físicamente no llego, mi ilusión, mis mejores deseos por vosotros, mis queridos jóvenes lectores, y mis oraciones, sí que se extienden. Vosotros también, y seguramente con mayor soltura que la que puedo tener yo. No renunciéis a la posibilidad de ser modestos instrumentos de la evangelización que se nos pide. 5.- Caminando por Barcelona o por París, entre las mastodónticas edificaciones que se levantan en tiempos modernos, recuerdo lo que pensaba por Roma y sé que no debo desanimarme. La Fe la plantaron, germinó y creció, pese a los obstáculos y las ignorancias. Lo que sembraban los Apóstoles, era abonado por la sangre de los mártires. Si hoy es más difícil que entonces, también son más abundantes los cristianos que mueren por testimoniarla. 6.- Había pensado, como hago otras veces, describiros el lugar donde acontece lo que relata el evangelio de la misa de hoy. He estado en bastantes ocasiones. En la primera, el sitio estaba abandonado y sucio. Olía mal. Se movían indolentemente los damanes por entre las rocas. Era más fácil cerrar los ojos y escuchar primero al Señor que nos interpela a cada uno. Tú, ¿Quién dices que soy yo? Tú, ¿a quién dices quién soy yo? Ahora este lugar está estudiado y limpio. Se muestran los testimonios arqueológicos de la antigua Cesarea de Felipe. Dan fe científica de la autenticidad del sitio. Pero os advierto, mis queridos jóvenes lectores, que ya está cercado por una valla, que hay que pagar por entrar, que hay una tienda que vende recuerdos y bebidas. Pese a todo esto último, el Jordán continúa brotando con libertad, como libremente podemos todavía reflexionar y rezar. A diferencia del mundo de la moto, donde uno sólo es campeón, en el terreno de la Fe, todos podemos serlo. Cuando allí estoy vuelvo la mirada al sur, allí a la orilla del Lago, cerca de Cafarnaún, el Señor resucitado confirmó a Pedro lo que en Cesarea, (hoy Banías) le había prometido a Pedro. 

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