Lectio Divina 5to Dom. Cuaresma «B»

Lectio Divina 5to Dom. Cuaresma «B»

1.- ¿ALMA AGITADA O MARCHITA? 

Por Javier Leoz 

2.- SE ENTREGA POR AMOR 

Por José María Martín, OSA 

3.- JESÚS NOS ABRE CAMINO 

Por Antonio García-Moreno 

4.- EL SUFRIMIENTO, ACEPTADO CRISTIANAMENTE, NOS PURIFICA Y FORTIFICA ESPIRITUALMENTE 

Por Gabriel González del Estal 

5.- EL PECADO Y LA PENITENCIA 

Por Ángel Gómez Escorial 

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LA HOMILIA MÁS JOVEN 

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EMPRENDEDORES 

Por Pedrojosé Ynaraja 

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1.- ¿ALMA AGITADA O MARCHITA? 

Por Javier Leoz 

Así reza una sentencia espiritual: “Más vale un alma agitada (que busca o se resiste) a un alma marchita (derrotada y muerta). 

1.- Se acercan los días de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. ¿Cuál es el resumen de nuestra vida? ¿Servimos o nos servimos? ¿Amamos o nos dejamos amar? ¿Salimos al encuentro o preferimos que sean los demás los que nos rescaten? 

Es hora, en estas últimas jornadas cuaresmales, de solicitar al Señor que renueve nuestros corazones. Es un momento propicio para volver nuestros ojos a un lado y a otro y ver dónde nos tenemos que emplear más a fondo. La cruz del Señor merece, por nuestra parte, un último esfuerzo: hay que atraer al Señor el corazón de la humanidad. ¿Cómo? Sirviendo y, además, haciéndolo con ternura, con cariño, y con fidelidad. Entre otras cosas porque, en esa entrega y constancia reside nuestra propia renuncia para estar al lado del Señor. 

El Señor quiere que, dejando el YO que tanto nos invade y nos limita, mudemos a los OTROS. Es decir; que nos neguemos a nosotros mismos; que busquemos la felicidad no tanto en la propia satisfacción, cuanto en la utilización de todos nuestros dones y talentos al servicio del Evangelio y de los demás. 

Desertar en algo, de nuestros caprichos, comodidades e individualismos, implica el volcarnos un poco más en aquellas direcciones que nos resultan incómodas. Hacia aquellas personas que necesitan nuestra ayuda, nuestra estima o, simplemente, nuestro cariño. 

2.- Cristo, al morir, nos enseña el lado bueno de la cruz: la alianza nueva que Dios quiere y desea definitivamente para el hombre y que viene sellada por su sangre. 

A nosotros no se nos pide tanto; no desea el Señor que seamos clavados en una cruz (aunque sería bueno que sacrificáramos aquello que nos impide llegarnos hasta Él); no nos exige que seamos lapidados públicamente (aunque sería muy positivo que defendiésemos nuestras convicciones religiosas y morales allá donde estemos presentes); no pretende vernos coronados por espinas o traspasados por lanzas (aunque, qué bueno sería, que fuésemos conscientes de que la fe conlleva riesgos, incomprensiones, soledades). 

3.- El Evangelio de este domingo V de cuaresma nos acerca la verdadera figura de Jesucristo: no es un supermán; no es un superhéroe. Siendo Hijo de Dios, le aguarda la cruz, el sufrimiento, la muerte. Como cualquier alma, también la suya, se siente agitada, preocupada, turbada por los próximos acontecimientos de la Pascua. 

Va tocando a su fin la vida pública de Jesús. Ahora le aguardan sus consecuencias. La fidelidad a Dios no siempre es entendida ni aplaudida por los poderosos del mundo. Pero, como siempre, nos quedará la seguridad y la esperanza de que, todo esto, sea preciso para que Dios selle una Alianza Nueva que nada ni nadie podrá ya quebrar. 

¿Somos conscientes de que también nosotros hemos de saber renunciar a algo para que la obra de Dios toque a su fin? 

4.- MI ALMA SE AGITA, SEÑOR 

Cuando llega la hora de la  verdad, 

y siento que no tengo tantas  fuerzas 

para defender tú Reino. 

Porque me cuesta renunciar a  mi “YO” 

y decirte que soy todo tuyo,  Señor. 

MI  ALMA SE AGITA, SEÑOR 

Porque, lejos de ser trigo  que muere, 

pretendo ser flor que nunca  se marchita 

que no quiere perder ninguno  de sus pétalos 

que, lejos de renunciar a su  hermosura, 

la quiere salvar a toda  costa. 

MI  ALMA ESTÁ AGITADA, SEÑOR 

Porque para dar fruto, 

me dices que, primero, hay  que desaparecer 

Porque para darte gloria, 

me recuerdas que he de  sucumbir 

Porque para, ser de los  tuyos, 

he de alejarme de muchos de los  míos. 

MI  ALMA ESTÁ AGITADA, SEÑOR 

¿Qué te diré? ¿A quién  clamaré? 

¿A dónde iré? ¿Merece la  pena, Señor? 

Como Tú, Señor, también yo  digo: 

Líbrame de aquellas horas 

que me producen pena y  llanto 

Evítame las cruces  excesivamente pesadas 

Condúceme por los caminos 

no inhumanamente estrechos. 

Pero, eso sí, Señor; 

No se haga mi voluntad 

Porque, sé mi Señor, 

que todo lo que me pides y  me das 

que todo lo que pones bajo  mis pies 

es porque, previamente,  Señor 

sabes que lo puedo soportar 

y por Ti entregar. 

MI  ALMA ESTÁ AGITADA, SEÑOR 

Pero sé que, hoy siempre, 

la esperanza que tengo en Ti 

no me defraudará. 

Amén 

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2.- SE ENTREGA POR AMOR 

Por José María Martín, OSA 

1.- Muere y da mucho fruto. Jesús era consciente de que su vida terrena en este mundo estaba a punto de acabar. Había venido a reconciliar a los hombres con Dios y a hacer vida las promesas de su Padre. Pero antes había de padecer, y por eso se siente profundamente abatido. Anticipando el sufrimiento de la oración del monte de los olivos, Jesús se pregunta si podría evitarse ese sufrimiento, pero no era posible, su hora había llegado y el nombre de su Padre sería glorificado a través de Él. Todo queda ratificado por la voz del Padre, que de nuevo se hace escuchar en gloriosa manifestación; Jesús hablaba de su muerte, sabía lo que Jerusalén le tenía preparado. Pero no se echa atrás, para esto había venido al mundo, para morir en la tierra como grano de trigo y dar fruto de vida eterna. Jesucristo dice: “Si el grano de trigo no muere, no dará fruto”. El grano que quiera seguir como grano, que le tenga miedo a la humedad, que no esté dispuesto a desaparecer como grano, ¿cómo ha de dar fruto? Si el grano muere, nacerá una nueva planta. Es necesario dejar de ser grano para dar todo ese fruto. Y lo hace todo por amor, no porque Dios quiera la violencia. 

2.-  Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. La Pascua constituye el cumplimiento de lo que vislumbra Jeremías de una “alianza nueva”, alianza definitiva en la que el mediador de la misma es Jesús de Nazaret: Dios y hombre. No se trata de ser fiel a una alianza externa. Las palabras misteriosas de Cristo: “Sólo el que da su vida por los demás es el que se encuentra a sí mismo”, se realizan en todos aquellos cristianos que dedican su vida al servicio de los más necesitados. El Cristo muerto ha resucitado y vive en todos los que creen y buscan, consciente o inconscientemente, a Dios. La primera tentación de los cristianos durante esta Cuaresma y Semana Santa puede ser la de escandalizarnos de que nuestro pueblo viva – incluyendo muchos de los cristianos – pendientes de unas vacaciones de sol, monte y playa, sin acordarse de los días que marcaron el nuevo rumbo, dado por su Salvador… Nosotros vimos en el mundo de la prisa: el tiempo pasa rápido y ha de vivirse minuto a minuto. Pero el hombre de hoy se siente profundamente vacío. Hay que pasar por esta vida breve, pero cansada y dura, en donde el amor se realiza en el sufrimiento; y sólo en el padecer con los demás, unidos a Cristo, podemos encontrarnos nosotros mismo y completar en nuestra vida lo que falta a la Pasión de Cristo en palabras de Pablo. Recordemos lo que decían de los primeros cristianos hace ya dos mil años: ¡Mirad cómo se aman!”. Los pueblos paganos quedaban maravillados por el amor con que se trataban entre sí los cristianos y el amor con que trataban a todos los demás. El verdadero cristiano ha de ser como Jesucristo: Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. ¿Acaso Jesucristo no hizo eso en la cruz por todos y cada uno de nosotros? Imitémosle. 

3.- “Amaos como yo los he amado” Jesucristo es el primero en darnos ejemplo, pues Él ha de ofrecer su vida, ha de perderla, ha de morir, para darnos la vida eterna, para perdonarnos los pecados, para darnos la salvación. “El que se aborrece a sí mismo”. No le importó morir, ni sufrir tanto, ni ser despreciado, abofeteado, escupido, azotado, ridiculizado, golpeado, coronado de espinas, despreciado, crucificado y ajusticiado en la cruz, con tal de buscar nuestro bien. ¡Eso es amor! ¡Eso es amar al prójimo! ¡Eso es vivir la ley de Dios: amar a Dios y al prójimo! Por eso Jesucristo será capaz de decirnos: “Amaos como yo los he amado” ¡Hasta dar la vida por los demás! A las puertas de la Semana de Pasión y Gloria, nuestras miradas se centran en un Jesús que anuncia lo que le va a suceder; su muerte y resurrección se convierten en nosotros en el camino de vuelta hacia Dios 

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3.- JESÚS NOS ABRE CAMINO 

Por Antonio García-Moreno 

UNA NUEVA ALIANZA. «He aquí que vienen días -dice Yahvé- en que yo concluiré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva» (Ier 31,31).Israel y Judá. Los dos reinos, al norte y al sur, que constituían el pueblo elegido de Dios. Y que eran figura y tipo del pueblo definitivo que con Cristo se constituiría, la Iglesia católica en donde tendrían cabida los verdaderos hijos de Abrahán, los nacidos no de la sangre ni de la voluntad de varón, sino de Dios, los regenerados por las aguas del Bautismo. 

Aquel pueblo había despreciado al Señor que le libertó. Había roto el pacto, la alianza santa. Dios había permanecido siempre fiel, siempre leal a lo convenido. Y ahora, cuando la alianza ha sido rota, Yahvé sigue deseando restablecerla. Pero entonces será de manera distinta, mucho más estable, eterna. 

Y en cada uno de nosotros se repite la historia. Hay una alianza por la que Dios se nos entrega generosamente, y por propia iniciativa, como nuestro protector y Padre. Y una serie de infidelidades van rompiendo esos lazos de amistad… Es necesario tomar conciencia de esta situación y rectificar a fondo: Estamos en el tiempo propicio para convertir nuestro corazón hacia Dios. Corregir nuestros errores y restablecer de nuevo la alianza que nos une con Dios. El mejor modo de hacerlo es participando con el alma limpia y el corazón contrito y humillado en el banquete sacrificial de la santa Misa, comer el Cuerpo de Cristo, beber su Sangre, la que restablece y sella continuamente el pacto perenne del amor del Padre. 

También Ezequiel habla de los tiempos de la nueva alianza, los tiempos de Cristo: «Os rociaré con agua pura y os purificaré de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un nuevo espíritu, quitaré de vuestro cuerpo el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mí Espíritu en vosotros, y haré que viváis según mis preceptos, observando y guardando mis leyes». 

Una ley escrita en el corazón, una ley amada de tal modo que el cumplirla sea una fuente indecible de gozo. Una ley que salga del corazón, de lo más íntimo del hombre. La nueva ley, la de Cristo, la del amor. Poder obrar siempre por amor, que es lo mismo que actuar siempre con libertad y con alegría. Movidos por el Espíritu de Dios, el Santo, el que nos hace clamar sin poder reprimirlo. «Abba», Padre. Así, con una gran paz y una gran confianza: Padre. Sin más. Y sin menos. 

Si no somos buenos es porque no queremos, si no somos felices es porque no nos da la gana. Porque no ponemos el más mínimo esfuerzo para lograrlo. El mínimo esfuerzo: el cumplimiento gustoso del pequeño deber de cada momento, la generosidad en la entrega del pequeño detalle, del pequeño vencimiento. Las grandes tentaciones, las «irresistibles» nunca vienen de improviso. Están precedidas de pequeñas derrotas, de pequeñas concesiones… Amor, amor es lo que hay que poner en la vida. Porque si no hay amor, no hay detalles, no hay finura, verdadera correspondencia a ese amor encendido de Dios por nosotros. Porque, no lo olvidemos, al amor sólo se le responde de una forma: amando. 

LA HORA DE LA GLORIA. El Evangelio de hoy nos acerca al momento crucial en el que Jesús subió al patíbulo de la Cruz para vencer con su vida a la muerte, para vivificar muriendo a los que estábamos muertos para Dios. Como los griegos de esta página evangélica, digamos también nosotros: Queremos ver a Jesús. Pero, mejor que a los apóstoles, vayamos a Santa María para manifestarle nuestro deseo de conocer más y mejor a nuestro Redentor, acerquémonos además a la Iglesia, pues en ella quiso Jesús mostrarse a los hombres como signo de salvación. 

Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre; es decir, ha llegado el momento crucial en el que el Hijo de Dios hecho hombre llegue al culmen de su gloria, a la suprema victoria sobre las fuerzas del mal. Pero antes era precisa su inmolación, la sumisión humilde y serena a los planes divinos. Antes de la floración de las granadas espigas era necesario que la siembra se realizara; era preciso que el grano de trigo cayera en tierra y se deshiciera lenta y ocultamente entre los surcos. Con estas imágenes Jesús nos está trazando todo un programa de vida; ocultarse y desaparecer, perder la vida para ganarla, quemarnos en silencio para ser luz y calor de este nuestro mundo tan oscuro y tan frío. 

«El que quiera servirme que me siga y donde esté yo allí estará también mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará». Jesús nos abre un camino, sus palabras indican con claridad y con fuerza un itinerario a seguir, si realmente queremos alcanzar el glorioso destino que nos ha reservado. 

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4.- EL SUFRIMIENTO, ACEPTADO CRISTIANAMENTE, NOS PURIFICA Y FORTIFICA ESPIRITUALMENTE 

Por Gabriel González del Estal 

1.- Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. La cuaresma es tiempo de mortificación, como preparación para la Pascua. La mortificación cristiana es siempre necesaria en todos los tiempos de la vida, no sólo en cuaresma, si queremos llegar a la santidad. Porque ya desde el nacimiento tenemos tendencias malas y pecaminosas, y mortificación significa domar las pasiones y matar las malas tendencias. Pero es que, además, la vida nos trae a todos, antes o después, disgustos y sufrimientos, sean físicos, psicológicos, espirituales, o sociales. Para domar las pasiones, matar las malas tendencias, tenemos que sufrir, y para vencer los múltiples sufrimientos que la vida nos trae, también. Si no aceptamos ese sufrimiento, no adelantamos hacia la perfección, pero, si lo aceptamos cristianamente, el sufrimiento nos purifica y nos fortifica espiritualmente. En este sentido debemos entender lo de aborrecerse a sí mismo en este mundo y enterrar el grano de trigo, para que, muriendo, dé mucho fruto. 

2.- Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre… Ahora mi alma está agitada y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por eso he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Como sabemos, para san Juan El Padre glorifica el nombre de Jesús cuando este muere y resucita. Una muerte acompañada de sufrimiento y de dolor. Si, pues, el Padre no dispensó a su Hijo del sufrimiento y del dolor, antes de la resurrección, no esperemos que nos haya preparado a nosotros un camino de rosas, durante esta vida. Si queremos ser verdaderos discípulos de Cristo, aceptemos el sufrimiento que nos traiga la vida, para que el Padre pueda glorificarnos también a nosotros, después de nuestra muerte. No se trata de buscar el sufrimiento por el sufrimiento, es suficiente con aceptar cristianamente los sufrimientos que nos vengan. Vivir y convivir cristianamente ya supone un esfuerzo y una lucha espiritual diaria; no rechacemos, pues, el sufrimiento cristiano, si queremos vivir y convivir cristianamente durante toda nuestra vida. No sólo durante la cuaresma. 

3.- Mirad que llegan días en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva… Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones. Dios no falló nunca en el cumplimiento de su Alianza, el que falló fue el pueblo de Israel. Ahora el profeta Jeremías habla de una alianza nueva, distinta de la que Dios hizo con Noé, con Abrahán y con Moisés. En esta alianza nueva el mismo Dios va a meter la ley en el alma del pueblo, la va a escribir en sus corazones, para que así cumplan no solo la letra, sino el espíritu de la ley. Este es el mensaje que esta lectura debe darnos a nosotros, los cristianos. Dios, a través de su Hijo, ha hecho con nosotros una nueva y eterna alianza, como decimos cada vez que celebramos la santa misa. Pues que esta nueva y eterna alianza la tengamos nosotros siempre dentro de nuestro corazón. Que el mandamiento nuevo de Jesús sea de verdad el que guíe nuestros pensamientos, palabras y obras. 

4.- Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. El autor de la carta a los Hebreos nos dice que Cristo, como verdadero hombre que fue, aprendió, sufriendo a obedecer y que, cuando en su muerte y resurrección, se identifica totalmente con el Padre, se convierte en autor de nuestra salvación eterna. Aprendamos, pues, nosotros a aceptar siempre la voluntad de Dios, aceptando el sufrimiento que la vida nos traiga y haciendo de él instrumento de purificación y salvación. En nuestro camino hacia Dios nos encontraremos siempre con el sufrimiento; aceptémoslo cristianamente y será el mismo sufrimiento el que nos acerque hacia Dios. Y, entretanto, pidamos a Dios, con el salmo 50, que cree en nosotros un corazón puro, que nos renueve por dentro con espíritu firme. 

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5.- EL PECADO Y LA PENITENCIA 

Por Ángel Gómez Escorial 

1 – Este quinto domingo de Cuaresma es el último. El próximo es ya Domingo de Ramos y se inicia la Pasión del Señor es un tiempo que llamamos Semana Santa. Hemos subido toda la cuaresma en camino de la Pascua, de la Resurrección y Gloria del Señor Jesús. Y en este camino de penitencia llegamos al perdón que Dios nos otorga. El Salmo 50, que acabamos de leer, se ha considerado a lo largo de la historia como una pieza importante de la liturgia penitencial. La petición no puede ser más adecuada para este tiempo «Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu fuerte. Devuélveme la alegría de la salvación». Un corazón impuro es aquel que ve el mal por todas las partes y que no es capaz de contemplar la alegría de la salvación. 

2.- En los tiempos modernos el debate sobre el pecado ha sido muy importante. Ahora que terminamos con el Quinto Domingo de Cuaresma este ciclo para entrar después en la Semana Santa debemos saber si el tiempo fuerte de Cuaresma ha servido para la purificación del espíritu, el perdón de los pecados y el uso alegre del Sacramento de la Penitencia. Con la aparición de las técnicas de estudio sobre la mente y el espíritu apareció la doctrina del exculpamiento. Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, analizó convenientemente el sentimiento de culpa y los traumas que dicha sentido de la culpabilidad ofrecía. Se quiso purificar la conciencia mediante la desdramatización posterior de ciertos efectos nocivos de las conciencias. 

3.- Pero se creó una nueva ley y, al igual, que San Pablo planteaba que la Ley mosaica mostraba el pecado y que sin el conocimiento de dicha ley no se sabría lo que era el pecado, el psicoanálisis y la psiquiatría comenzaron a dar una importancia inusitada al complejo de culpa manteniéndolo como zona indeleble y del espíritu y acondicionador de las conciencias. 

4 – La realidad natural es más sencilla. Los remordimientos por las malas acciones tienen una duración limitada porque el ser humano tiene tendencia al olvido y porque, asimismo, otras acciones buenas se sobreponen sobre las malas. Hay sucedidos que por su gravedad tienden a durar más sobre las conciencias pero tiene que existir una capacidad de somatización y olvido de lo coyuntural. Algunos tratadistas han comparado el Sacramento de la Penitencia con una especie de psicoanálisis por lo que ambos actos tienen de afloramiento de los males internos estancados. Eso, aunque es cierto, es quitarle importancia al acto de confesarse. 

5.- La Confesión pone a la persona frente a Dios, con la intermediación discreta del sacerdote. Nuestros males –y pecados— suponen en la mayoría de los casos un distanciamiento de la doctrina principal dada por Jesucristo. «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo» Y es que la mayoría de nuestros pecados son daños hechos a nuestros hermanos cuando nos olvidamos de Dios. Llama la atención que en relato evangélico del Juicio Final, Cristo pregunta –preguntará– por los actos buenos y malos realizados con y contra Él en los hermanos. Dar de comer, de beber, abrigo, visitas, etc. Es esa mala relación entre nosotros, Dios y los hermanos lo que produce el pecado. Ahí aparecen la violencia, la explotación, el culto al dinero, etc. 

6.- Parece, entonces, que queda en una esquina lejana otro tipo de pecados que son los relativos al sexo y suelen ser muy frecuentes. Hay, asimismo, una tendencia a disculparlos. Pero es un absurdo. En la prostitución, en la promiscuidad, en la pornografía hay fundamentalmente mucho de esos males violentos contra el prójimo y contra uno mismo. El sexo se desboca y hace mucho mal. Los adulterios rompen las familias y en muchos casos en el inicio de una crisis de esa naturaleza se ha iniciado por una aventura galante sin aparente importancia. El pecado es siempre igual. Es siempre lo mismo: la lejanía de Dios y el daño a los hermanos. Hay -claro- muchas formas de llevarlo a cabo. No debemos olvidar que hay pecado en nosotros. En estos días debemos volver a Dios. El premio inmediato es una paz que habla de Dios y ama. Y resulta necesario que en este umbral del próximo inicio de los sublimes misterios de la Semana Santa nuestras almas se purifiquen del pecado. Reflexionemos en estos días que nos quedan hasta el Domingo de Ramos sobre nuestras carencias y faltas. 

7 – Nos vamos acercando a la Pascua y es un tiempo de explosión de gran alegría. Pero antes aparece la tristeza de la muerte de Jesús en un hecho aparentemente inexplicable y cruel. Jesús, en su condición humana, como nosotros, habla en el Evangelio de San Juan de que tiene el «alma agitada», pero tiene que cumplir con su misión. Insistimos en que resulta muy difícil la comprensión completa del sacrificio de Jesús. Sus mismos discípulos no entendían que quien había venido a liberar a Israel tuviera que morir, en un tremendo fracaso personal y humano. Por eso, luego, fue tan grande la huella de la Resurrección de Cristo. Todo el dificilísimo rompecabezas se recomponía con un dibujo aún más sublime que el esperado. Verdaderamente, Jesús, era el Señor. Aunque, sin embargo, en sus mentes, aún con la presencia de Jesús Resucitado, se esperaba el triunfo temporal, el éxito político. Habría que esperar un poco más: hasta el día de Pentecostés. Es, entonces, cuando el Espíritu Santo enseñó todo a los discípulos. 

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LA HOMILIA MÁS JOVEN 

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EMPRENDEDORES 

Por Pedrojosé Ynaraja 

1.- Las lecturas de este domingo, mis queridos jóvenes lectores, son de tinte dramático. Seguramente escogieron estos textos los que lo hicieron, para preparar nuestro estado anímico ante las celebraciones que se acercan. Observad que he dicho dramático y no trágico. Pero antes de comentaros lo que os anunciaba, quiero que reflexionéis un momento en la actitud y comportamiento de los discípulos mencionados, primero Felipe, de este a Andrés, y los dos juntos dirigiéndose a Jesús. 

2.- Sin duda la escena se desarrolla en la gran explanada, el atrio de los gentiles. Si estos lo eran, no les estaba permitido pasar la balaustrada y adentrarse en el Santuario. Ellos, Felipe y Andrés, se sentirían en su casa, los que se les acercan, curiosos e interesados, estaban ansiosos de aprender, de enriquecer sus conocimientos, en aquel lugar que no les estaba dedicado, pero tampoco prohibido. Han oído hablar de este rabino llegado del norte, que suscita curiosidad y controversias y desean encontrarse y hablar con él. No le conocen, pero en su interior desean aprender algo nuevo de este desconocido. ¿Por qué acuden a ellos?. Sin duda alguna eran personas insatisfechas, como tantas de hoy. Anónimos extranjeros, turistas  como tantos hoy que quieren algo más que sol y playa y que acuden a residentes que puedan informarles. Se repite en el presente, cuando se acercan foráneos curiosos, que se desplazan por lugares de esta cultura que llaman muchos post cristiana. 

3.- Preguntan, se interesan. Felipe no se atreve a complacerles, pero no se los quita de encima diciéndoles que se apañasen y espabilen. Felipe solicita la colaboración de Andrés, se siente responsable y quiere ser consecuente con lo que ha aprendido del Maestro..¿os veis vosotros, mis queridos jóvenes lectores, en situaciones parecidas? ¿tal vez a nadie se le ocurriría solicitaros que les deis noticias y motivos de vuestra Fe?. ¿Cuál sería vuestra respuesta a quienes os preguntan? ¿vuestro proceder es tal que os distinguís de los demás, de tal manera que vuestro modo de ser intriga? ¿os preocupáis de acompañar hacia Cristo a quienes os lo solicitan explicita o implícitamente?. 

4,. El evangelio de Juan recoge una reflexión del Señor. Se siente inquieto, temeroso, no lo puede ocultar, se confía a sus compañeros, dentro de poco les dirá que no los considera siervos sino amigos porque todo lo que ha recibido del Padre se lo ha dado a conocer (Jn 15,14). Para que le entiendan, les pone un ejemplo que les es muy elocuente: lo que le ocurre a un grano de trigo al poco de ser sembrado. Lo han visto muchas veces. La semilla se hincha primero, se abre, parece que va a podrirse. Al poco brota una brizna que crece y más tarde aparece la espiga, que es el triunfo final de la simiente. No pretendáis realizaros, no busquéis salidas brillantes. Dejaos moldear por el Señor, seréis en verdad emprendedores. 

5.- Ha caído el Señor en depresión, oculta su pena, reclama ayuda del Padre, que parece se ha ocultado. Pero no está lejos y se manifiesta mediante una voz atronadora, que pocos entienden. 

6.- En la Iglesia donde celebro misa los domingos, he dispuesto tres grandes cuadros. El de la izquierda representa al Hijo, Cristo brazos en cruz, vivo, a punto de abrazarnos. El de la derecha es una foto de una juguetona llama, simboliza el Espíritu,  y a su alrededor fotografías de cristianos contemporáneos  que, cada uno según su originalidad, y con su impulso, han testimoniado su Fe. En el vértice superior una superficie transparente, de idéntico tamaño que las otras, pero si diseño alguno. Solo en el centro, de gran tamaño, la palabra ABBA. No todos entenderían el significado, la catequesis les ha explicado que en hebreo expresa Padre, nunca ausente. 

La Santísima Trinidad debe ocupar nuestro interés los próximos días. Gracias a su impulso, vuelvo a repetiros, seremos emprendedores y algo mejor, artífices del Reino.  

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