OBRA PROPAGACION DE LA FE

UN POCO DE HISTORIA

La obra de la Propagación de la Fe se inició en Lyon (Francia) en 1820. La joven María Paulina Jaricot, con verdadero espíritu misionero, supo contagiar su entusiasmo a las obreras que trabajaban en la fábrica de tejidos de su familia. Formó con ellas una asociación. Divididas en grupos, se reunían los viernes para orar y ofrecer su aporte para los seminaristas del Instituto de Misiones Extranjeras en París. Poco a poco, esta obra se fue extendiendo. El papa Pío XI, que tenía un gran espíritu misionero, la declaró oficialmente, el 3 de Mayo de 1922, como Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Pronto se difundió en muchos países como medio eficaz de colaboración de los laicos en su doble aspecto: espiritual (oración) y material (aporte económico), para sostener las obras de caridad en los países de misión. La Obra de la Propagación de la Fe entró en la República Argentina en la segunda mitad del siglo XIX y desde entonces anima la misionariedad "ad gentes" de la Iglesia local.

OBJETIVOS DE LA OBRA DE LA PROPAGACION DE LA FE

La Obra de la Propagación de la fe se propone: Informar, sensibilizar y educar el espíritu misionero, suscitando el interés por la evangelización universal en todos los sectores del pueblo de Dios: las familias, las parroquias, los jóvenes, los movimientos apostólicos, las asociaciones, las comunidades, las escuelas, los enfermos y ancianos. Promover la ayuda recíproca entre las diferentes iglesias locales, tanto en el campo espiritual como material y el intercambio de personal apostólico entre las mismas. Dar el primer puesto a la oración y al sacrificio, siendo la evangelización ante todo una acción del Espíritu Santo.
Exhortar a los cristianos del mundo entero a la generosidad para construir un fondo de solidaridad central que permita a la Obra, elaborar y llevar a cabo un programa de asistencia a las necesidades más esenciales de todas las Iglesias en misión.
Promover y animar las vocaciones misioneras

+02 ENLACES DE IMPORTANCIA

"Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado. Y mirad que Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" Mt. 28, 19-20

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